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Cómo pueden ayudar los móviles a combatir el coronavirus

El rastreo de los smartphones puede ser una estrategia efectiva para controlar la pandemia, pero abre un peligroso precedente que afecta a nuestra intimidad y privacidad

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30 de Marzo 2020 / 14:05 CEST

geolocalización de móviles
Cómo pueden ayudar los móviles a combatir el coronavirus © Custom

Como bien saben las agencias de seguridad, las compañías de Internet y los propietarios de redes móviles, la geolocalización de los smartphones permite rastrear cada uno de nuestros movimientos, 24 horas al día, siete días a la semana, 365 días al año. También existen programas específicos que sirven para monitorizar nuestra actividad, como el que ha puesto en marcha España para estudiar la expansión del coronavirus , muy similar en su modo de operar al estudio que realizó el INE hace unos meses y que levantó ciertas suspicacias sobre cómo podía afectar a nuestra privacidad.

El nuevo programa, llamado DataCOVID-19, está diseñado para registrar los datos agregados y anonimizados provenientes de las operadoras móviles, con el objetivo de conseguir mapas de movimiento de la población y estudiar posibles focos de contagio antes, durante y después del período que dure el confinamiento. El estudio permitirá cruzar los datos para obtener resultados fiables sobre cómo se ha propagado el virus y prevenir en la medida de lo posible su dispersión.

Al igual que con las medidas tomadas para el confinamiento de la población y el cierre de actividades no esenciales, cada país está utilizando este tipo de soluciones tecnológicas de distinta manera. Por ejemplo, Singapur ha puesto en marcha una serie de herramientas de vigilancia de alta tecnología  gestionadas directamente por el gobierno. La más efectiva es una app para smartphones que utiliza la señal de Bluetooth para rastrear la proximidad de los usuarios a otras personas que tienen instalada la aplicación, alertando a los que entran en contacto con alguien que ha dado positivo o corre un alto riesgo de ser portador del coronavirus.

Además de la aplicación, llamada TraceTogether, el gobierno envía a los ciudadanos actualizaciones a través de WhatsApp dos veces al día, que incluyen el número total de casos, los lugares donde se sospecha que hay brotes y consejos para evitar la infección.

TraceTogether, la app de Singapur para combatir el coronavirus
©Singapur Government Technology Agency

En Hong Kong, a algunos residentes que dieron positivo en el test de coronavirus se les ha obligado a llevar una pulsera similar a los dispositivos electrónicos que se utilizan para monitorizar a personas bajo arresto domiciliario, que se conecta a una aplicación móvil capaz de alertar a las autoridades si esa persona salía de su lugar de cuarentena.

En Corea del Sur, el gobierno utiliza registros como transacciones de tarjetas de crédito, datos de localización de los teléfonos y cámaras de vigilancia para crear un sistema que controla los casos confirmados. La semana pasada, el gobierno coreano lanzó una herramienta mejorada que, según dice, puede ayudar a rastrear a los pacientes casi en tiempo real, para mejorar la precisión y efectividad del mapa de contagios.

Por su parte, la agencia de seguridad israelí Shin Bet está utilizando los datos de localización de los smartphones de todos los habitantes de Israel para rastrear dónde han estado, para poder aplicar controles de cuarentena y endurecer las medidas de confinamiento. Para sorpresa de muchos ciudadanos israelíes, estos datos llevan años siendo recogidos, en teoría para luchar contra el terrorismo islamista, según informa el New York Times. El uso de estos sistemas no se había notificado a la opinión pública hasta la fecha, por lo que ha levantado una cierta controversia en el país hebreo.

Precisamente, en este exceso de celo de los países y en la posible extensión de estas medidas de rastreo y monitorización una vez el brote de coronavirus esté bajo control, se centran las preocupaciones de activistas pro-derechos humanos, que alertan sobre el uso de los datos recogidos. ¿Cuánto tiempo durará la recopilación de datos y cuándo se eliminarán? ¿Hasta qué punto pueden afectar al anonimato y la intimidad de los ciudadanos?

Para evitar un mal uso de estas herramientas, académicos e investigadores se esfuerzan por ofrecer alternativas que no violen derechos fundamentales. Por ejemplo, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha desarrollado una app llamada Private Kit, que permite a los usuarios declarar si tienen el coronavirus o no. La información sobre su ubicación y movimiento se almacena en el teléfono de forma encriptada y no se comparte con terceros sin consentimiento. Los demás usuarios pueden recibir notificaciones sobre si han estado en contacto con alguien con coronavirus, pero no conocerán la identidad de esas personas, a diferencia de lo que está sucediendo con algunas soluciones actuales que están implementando algunos gobiernos. El problema es que, para que sea efectiva, esta herramienta requiere su uso generalizado por parte de la población, sobre todo de aquellas personas que hayan dado positivo.