La historia de Frank Epperson, el niño que creó los polos helados y apenas ganó dinero con ellos

A pesar de su popularidad, su inventor se vio obligado a abandonar el negocio

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25 de Agosto 2020 / 10:34 CEST

Popsicle Inventor Frank Epperson with Granddaughter

Cuando era niño olvidó en el porche de su casa un refresco que él mismo había preparado y al día siguiente se había convertido en su primer polo

© GettyImages

Cada año, de la mano del verano llegan algunos básicos imprescindibles: las chanclas, los bañadores, los helados… Y es aquí donde nos encontramos una pintoresca historia: la de Frank Epperson, el creador de los polos que tantas veces hemos comido para hacer frente a las altas temperaturas. Un gélido alimento que llegó debido a un despiste y con el que, a pesar de su popularidad, apenas ganó dinero.

Un día de invierno, Frank tenía sed y decidió preparase una refrescante bebida mezclando agua con polvos de soda. A pesar de que el termómetro reflejaba muy pocos grados, el niño pretendía tomarse aquel líquido en el porche de su casa. Mientras estaba removiendo la mezcla, sus padres le pidieron que entrar en casa para evitar los estragos del frío. Epperson obedeció tan rápido que olvidó el vaso en el exterior.

Close-Up Of Hand Holding Popsicle
Tardó en patentar su idea siete años y cuando lo hizo detalló todo el proceso así como el instrumental necesario©GettyImages

Una pausa de siete años

Al día siguiente se encontró que el vaso contenía un preparado congelado muy atractivo que se podía comer fácilmente gracias a la cuchara de madera que había en el interior. A sus once años, Frank Epperson acababa de inventar el polo… pero lo cierto es que tardó en madurar aquella idea. Cuando, en 1924, cumplió 18 años la recuperó y la patentó. Nacía la famosa marca Popsicle.

Aquel joven empresario estudió el proceso de elaboración de estos helados y puso por escrito todos los detalles del mismo para atestiguar que él era el creador. El despiste que tuvo cuando era un niño no bastaba para crear toda una cadena de producción. Así las cosas Epperson estableció las cantidades de la mezcla: ‘El tubo se llena parcial o totalmente con un jarabe de cualquier sabor hecho de agua con las proporciones adecuadas de materia aromatizante (natural o sintética) y azúcar’.

Girl holding bowl with colorful popsicles
Cinco años después de registrar la patente, las deudas le obligaron a vender la empresa de polos©GettyImages

Los moldes de los polos

Por otro lado describió cómo debía ser la cámara frigorífica, capaz de congelar la mezcla en seis minutos, y estableció las características de los recipientes para su elaboración: debían ser tubos de ensayo porque su forma era perfecta para que el preparado congelado aguantase y no se cayese. Sin embargo, la delicadeza del cristal fue uno de los hándicaps que Frank no pudo resolver porque cuando la industria logró avanzar en la elaboración de plásticos que ofrecían garantías suficientes como para servir de moldes… la empresa ya no era suya.

Cinco años después de registrar la patente vendió los derechos de Popsicle a la compañía Joe Lowe Company: las deudas le obligaron a liquidar todos sus activos. Fran Epperson abandonó el negocio de los polos antes de que estos se convirtieran en un producto conocido a nivel mundial que era capaz de vender 8.000 unidades al día sólo en Coney Island, el parque de atracciones de Nueva York. Una decisión de la que se arrepintió toda su vida.