La increíble historia de Milli Violini, la violinista que se ganó la vida sin tocar ni una nota

Abandonó sus estudios musicales y aun así consiguió ganarse la vida gracias a una orquesta que actuaba en playback

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05 de Junio 2020 / 17:54 CEST

Formó parte de una orquesta falsa durante cuatro años

Jessica estuvo en la orquesta durante cuatro años, desde 2002 a 2006

© jessicahindman

Jessica Chiccehitto Hindman tenía un sueño: ganarse la vida como violinista. Durante su infancia y su adolescencia luchó para conseguirlo y en 2002 se mudó a Nueva York para entrar a formar parte de una prestigiosa escuela. La abandonó unos meses después cuando se dio cuenta que sus compañeros tenían mucho más talento que ella… pero logró ganarse la vida con un violín del que nunca salió ni una nota.

Confiesa en sus memorias (Sounds Like Titanic, Suena como Titanic traducido al castellano) que la primera sorprendida cuando la contrataron para girar como violinista fue ella. En ese momento necesitaba dinero para seguir pagándose sus estudios en la Universidad de Columbia y el proyecto llamó su atención: un sueldo de 150 dólares diarios (132 euros, según el cambio actual) a los que había que sumar las bonificaciones… por formar parte de una orquesta falsa.

Milli Violini, el sobrenombre que ella misma eligió homenajeando a los Milli Vanilli, protagonistas de uno de los grandes timos de la música pop, cuenta cómo la prestigiosa orquesta en la que trabajó durante cuatro años se limitaba a salir al escenario y emular que estaban tocando sus respectivos instrumentos. Los micrófonos estaban siempre desenchufados y lo que el público escuchaba eran discos pregrabados por otros concertistas que se reproducían de fondo.

Formó parte de una orquesta falsa durante cuatro años
Ahora trabaja como profesora y ha contado todo en sus memorias©jessicahindman

El síndrome del impostor

Se trataba de un grupo de músicos, algunos de ellos virtuosos de sus instrumentos, que actuaba en auditorios, en la televisión, en centros comerciales… sin tocar una sola nota. Esto no les impidió alcanzar el éxito: los conciertos se sucedían y en 2004 llegaron a viajar a 54 ciudades en tres meses. Todo ello liderado por El Compositor, que con unos conocimientos básicos de música clásica, se convirtió en el cerebro y en la cara visible de la estafa.

Sin embargo, a Jessica el fraude le pasó factura y el síndrome del impostor se apoderó de ella. “Se rompió el espejismo y vi quién era de verdad: una mentira y un fraude”. En 2006, cuatro años después de entrar a formar parte de la orquesta, la abandonó. Regresó a casa de sus padres, hizo un grado de escritura y ahora es profesora en una universidad de Kentucky.