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Piedra, papel o tijera: el juego que estuvo a punto de costarle 400.000 euros a un canadiense

Hace nueve años dos amigos decidieron pasar el rato con este famoso entretenimiento, que a uno de ellos le ha podido salir más caro de lo que esperaba

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29 de Abril 2020 / 17:31 CEST

El perdedor debía 400.000 euros

Los amigos dejaron todo por escrito

© Pexels

En muchas ocasiones empleamos métodos de azar para decidir, por ejemplo, quién hace una determinada tarea, a qué persona le toca pagar la cena del viernes o los responsables de limpiar cada parte de la casa. Una de las fórmulas más nostálgicas es el famoso ‘Piedra, papel o tijera’. Un juego que usaron dos amigos y que casi le cuesta 400.000 euros a uno de ellos.

Corría el año 2011 cuando Mark Hooper y Michel Primeau, naturales de Canadá, decidieron pasar el rato con este juego dejando por escrito la cuantía que debía pagar el perdedor. El asunto se les fue de las manos (nunca mejor dicho) y el primero, que fue el derrotado, no pudo hacer frente a la deuda y tuvo que hipotecar su casa.

El perdedor debía 400.000 euros
El juego terminó en los juzgados©Pixabay

Esta rocambolesca historia acabó en juicio y para entender el resultado final, antes tenemos que conocer la ley de Quebec que regula este tipo de operaciones. La citada normativa establece que para que un contrato de apuestas sea válido tiene que estar relacionado con actividades que “sólo requieran habilidad o esfuerzo corporal de cada uno de los participantes y no estén relacionadas con el azar”. A esto añade que la cantidad de dinero apostado no debe ser desmesurado.

Teniendo en cuenta esto, el Tribunal Supremo ha decidido que la apuesta no estaba basaba en un juego de habilidad, pero la cuantía sí era excesiva. Por lo tanto, la deuda ha sido anulada. El fallo no convenció a Michel Primeau, el ganador, que recurrió la sentencia. Una vez más, el veredicto al que llegó el juez siguió la misma línea que primero y, además, añadió un detalle más. Según este tribunal, el juego se basaba en la habilidad, como dice la ley, pero también tenía una gran parte de azar.

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