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La fuga por amor entre un preso y su carcelera termina en tragedia

Estaban en busca y captura desde el 29 de abril, cuando ella le ayudó a salir de la cárcel con la excusa de una cita médica

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Reo y carcelera

Casey White cumplía una condena de 75 años y estaba pendiente de un juicio en el que se le acusaba de asesinato cuando huyó con la ayuda de Vicky White, funcionaria de prisiones

© CordonPress

La historia de amor de Vicky White ha acaparado decenas de titulares en Estados Unidos en los últimos días. Y no es para menos. Vicky era agente de policía en una cárcel de Alabama, donde se enamoró de uno de los reclusos, Casey White (tienen el mismo apellido, pero ningún parentesco), de 38 años. A pesar de que él cumplía condena por varios delitos y estaba pendiente de un juicio por asesinato, comenzaron su romance entre rejas. Como era de esperar, lo llevaron en secreto. Para poder vivir su amor, planearon la fuga del reo y ella desempeñaba un papel clave.

Casey White
Casey White se entregó al ser localizados por la policía en la ciudad de Evansville, en el estado de Indiana ©Evansville PD

Antes de ayudarlo a huir, Vicky vendió su casa y anunció a amigos y familiares que se iría unos días de vacaciones a la playa. Pero no fue así. El pasado 29 de abril se jubiló y su último día de trabajo fue de todo menos típico: se encargó de ser ella quien trasladara a Casey a una cita médica. Fue entonces cuando aprovecharon para huir.

Nadie en su entorno daba crédito cuando supieron que se habían fugado juntos. “Le hubiera confiado mi vida” a Vicky, aseguraba ante los medios de comunicación el fiscal de Lauderdale, Chris Connolly. “Cuando necesitábamos algo de la prisión, ella era la persona a la que acudíamos, era una empleada ejemplar”, continuaba. “Por eso es tan sorprendente”.

Para perpetrar su plan, Vicky cometió al menos dos delitos: por un lado, por permitir la fuga de un recluso y, por otro, por haber falsificado su identidad para comprar el vehículo en el que huyeron. Por eso, cuando fueron interceptados el martes por la policía en otro estado, en Indiana (a 400 kilómetros de distancia), supo que no tenía escapatoria. Antes de ser detenida, se disparó a sí misma.

Fue trasladada aún con vida a un hospital, pero horas después perdería la vida. Casey, por su parte, se entregó. Ya se encuentra en la misma prisión en la que nació esta insólita historia de amor y lo más probable es que ya nunca pueda salir de ella. A la pena de 75 años de cárcel que ya cumplía, se le sumarán los delitos cometidos en su huida, pero es posible que también una condena a muerte si le declaran culpable de asesinato en el juicio que tiene pendiente.

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