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El laboratorio de Wuhan bajo sospecha creó ocho virus similares al SARS-CoV-2 antes de 2019

De esos ocho virus, dos eran especialmente contagiosos para el ser humano

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China

El Instituto de Virología de Wuhan había creado, unos pocos años antes de que estallara la pandemia, ocho virus muy similares al SARS-CoV-2

© GettyImages

El Instituto de Virología de Wuhan (China) alberga la mayor colección de coronavirus de murciélagos de todo el mundo. Con esos coronavirus, los científicos trabajan para prevenir epidemias, pero se da la (cuanto menos) curiosa casualidad que la mayor pandemia del siglo se ha originado en la ciudad en la que está ubicado ese laboratorio y, además, por un coronavirus. De ahí que desde el principio se haya puesto la lupa sobre este centro de investigación y sus responsables y que cada vez más expertos vean plausible la teoría del escape accidental del virus. Ahora, se ha dado a conocer un nuevo dato que podría alimentar aún más esa teoría: el Instituto de Virología de Wuhan había creado ocho virus muy similares al Sars-Cov-2 antes de 2019.

Wuhan
En Wuhan se decretó el primer gran confinamiento de la pandemia en el mundo hace ahora dos años ©GettyImages

De esos ocho virus, dos eran especialmente contagiosos para el ser humano y uno tiene un 96,4 por ciento de coincidencia con virus que causa el Covid-19. Por alto que sea ese porcentaje, en realidad no sería suficiente para haber dado pie al SARS-CoV-2, según apunta el corresponsal en Asia para ABC Pablo M. Díez: para crearlo genéticamente, “en teoría haría falta un virus que fuera un 99 por ciento idéntico”. Por el momento, ese virus no se ha encontrado y, aun así, muchos científicos quieren investigar esta posible conexión.

Uno de los virólogos que piden estudiar esta hipótesis es Ralph Baric, de la Universidad de Carolina del Norte. Y no, no es un virólogo cualquiera. Más allá de su prestigio, que él precisamente no descarte esta posibilidad es significativo, puesto que en el pasado ha colaborado directamente con el Instituto de Wuhan y con su principal investigadora, Shi Zhengli.

Juntos comenzaron a trabajar con los dos virus más parecidos al SARS-CoV-1, que desencadenó la epidemia de 2002 y 2003 y que tenía una letalidad del 10 por ciento. Baric y Zhengli crearon un nuevo coronavirus, un patógeno que era una combinación del virus del SARS y de la proteína de espiga (de la que tanto hemos oído hablar durante esta pandemia) de otro coronavirus de murciélago.

Instituto de Virología de Wuhan
La doctora Shi Zhengli en el laboratorio de Wuhan en una imagen de archivo de 2017 ©GettyImages

Tras numerosos trabajos, inyectaron este virus creado artificialmente en células humanas, donde se reprodujo de manera robusta. Con el experimento, buscaban demostrar que no era necesario un animal intermedio para que un coronavirus procedente de un murciélago infectara al ser humano. Consiguieron demostrar su teoría, sí, pero su investigación no fue vista con buenos ojos por la comunidad científica, que consideró que habían creado un nuevo riesgo no natural. Dado que crece “especialmente bien en células humanas”, apuntaba Simon Wain-Hobson, del Instituto Pasteur de París, “si se escapa, nadie puede predecir su trayectoria”.

Después de aquello, la doctora Zhengli continuó haciendo este tipo de experimentos en el Instituto de Virología de Wuhan con fondos procedentes de una subvención de Estados Unidos. El objetivo era analizar el riesgo de contagio para los humanos de los coronavirus de murciélago. En este punto se ha dado a conocer otro dato que da que pensar: la subvención la otorgó la organización EcoHealth Alliance, presidida por el zoólogo británico Peter Daszak. La cuestión es que Daszak formaba parte del equipo de expertos de la OMS que acudió a principios de 2021 a Wuhan a investigar el origen del Covid-19. En todo momento, este científico británico ha descartado la fuga accidental del virus del laboratorio.

Un grupo de expertos de la OMS llega a Wuhan
Integrantes de la misión de la OMS que investiga el origen de la pandemia durante su visita a Wuhan el pasado mes de febrero ©EuropaPress

Con el dinero de la subvención, que ascendía a unos 750.000 dólares (665.000 euros), Zhengli creó ocho clones de un virus en concreto, el WIV1, y les añadió la espiga de coronavirus que había localizado recientemente en murciélagos. De esos ocho nuevos patógenos, dos “se reprodujeron bien en células humanas”. Las críticas por parte de otros colegas de profesión llegaron esta vez por el entorno en el que se había realizado el estudio: en unos laboratorios con un nivel de seguridad 2, considerando que un experimento así se debería haber llevado a cabo al menos en uno de nivel 3 (hay cuatro niveles de seguridad). El hacerlo en un laboratorio BSL-2 en lugar de en uno BSL-3 les permitió ahorrar costes y acelerar el proceso.

¿Todo esto qué significa? Las conclusiones no son firmes ni sencillas de establecer, puesto que, como decíamos, no hay ningún virus en el Instituto de Virología de Wuhan que tenga un 99 por ciento de coincidencia con el SARS-CoV-2 que ha originado la actual pandemia. Lo que sí queda claro es la necesidad de seguir investigando cómo se originó el virus que ha cambiado radicalmente la vida de la humanidad y evitar que algo así pueda volver a ocurrir.