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El desolador relato de Lucy Adams, la reportera de la BBC con COVID persistente desde marzo de 2020

Su hija de 7 años también lo padece, a pesar de que ninguna de las dos tenían patologías previas y de que llevaban una vida saludable

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Reportera de la BBC

La reportera de la BBC Lucy Adams, lleva 16 meses padeciendo COVID persistente, al igual que su hija de 7 años

© Lucy Adams

Lucy Adams se contagió de COVID al inicio de la pandemia, en marzo de 2020, y desde entonces está sufriendo un auténtico calvario. Para esta reportera de la BBC de 44 años, amante del alpinismo que llevaba una vida activa y saludable, nada ha vuelto a ser como antes. No solo el dolor de cabeza y la inmensa fatiga le impiden realizar las tareas más sencillas, sino que además ha visto cómo su hija Nuala, de siete años, también padece COVID persistente. “El resto del país [Reino Unido] está volviendo a la normalidad, pero me siento muy por detrás”, explica en un artículo que ha escrito con gran esfuerzo para el medio de comunicación en el que trabajaba.

  

Cuando pasó el coronavirus se encontraba realmente mal, con serias dificultades para respirar, pero debido al colapso de los hospitales le dijeron desde el Servicio de Salud que “a menos que tuviera los labios azules, se quedara en casa y se aislase”. Su hija también estaba enferma: “Aunque pareció recuperarse, luego empezó a sentirse invadida por la fatiga y la falta de aliento”, relata. “Nos dijeron que le diéramos tiempo. Así lo hicimos. Han pasado 16 meses desde entonces”.

La situación de Lucy, sin embargo, es mucho peor que la de la niña. La periodista se levanta y se acuesta con dolor la mayoría de los días, a lo que hay que sumar que tiene migrañas, vértigos y visión borrosa. “A menudo me acostaba sola en una habitación oscura porque no podía soportar el ruido de la vida familiar y la sensación de que la luz, cualquier luz, era demasiado brillante”, confiesa.

Esa habitación, de la que realmente no podía salir, se acabó convirtiendo en una prisión para ella. “En mi incapacidad para explicar esa sensación de miedo, aislamiento y soledad, me convencí de que nunca podría volver a trabajar”. Peor aún era que no poder volver a cuidar de sus hijos. “Estar enferma se convirtió en mi vida”.

Centro médico especializado en enfermedades crónicas
El Centro de Atención Integrativa de Glasgow especializado en enfermedades crónicas al que Lucy Adams acudió para tratar su COVID persistente ©NHS Greater Glasgow y Clyde

Lucy no quería rendirse y buscó ayuda en reputados especialistas médicos y en diversos tipos de terapias y comenzó a practicar yoga. También comenzó a dar pequeños paseos a la manzana de su casa, pero era mucho más que agotador: “Después de caminar me tenía que ir directamente a la cama o era castigada con un dolor de cabeza cegador, fiebre o la pérdida de la visión durante ese día”.

Por fin, a finales del año pasado su médico de cabecera le habló de un centro especializado en enfermedades crónicas y allí comenzó a recibir ayuda eficaz, si bien el COVID persistente sigue siendo un gran desconocido y no hay cura como tal. Lo que le quedó muy claro es que, si solo descansas y el cuerpo se deja de mover, el deterioro es inevitable. La doctora que la atendía le indicó que, cada día, debía realizar tres tareas cortas (de no más de 20 ó 30 minutos) con las que disfrutara y otras tres tareas sencillas del hogar, como sacar los platos del lavavajillas.

Además, en el centro le dieron un curso de relajación y de pensamiento positivo y recibió tratamiento psicológico porque no saber cuándo mejoraría o si algún día llegaría a hacerlo le resultaba “realmente difícil” emocionalmente. Lucy se esforzó mucho en concentrarse en aquellas cosas que le ayudaban de una manera u otra a reducir los síntomas y ahora, 16 meses después, nota cierta mejoría, aunque su vida sigue sin ser, ni mucho menos, la que era antes del COVID.

Niña pequeña jugando en el suelo
Nuala, la hija de 7 años de Lucy también sufre COVID persistente, pero afortunadamente sus síntomas no son tan graves como los de su madre ©GettyImages

Su hija notó una gran mejoría en torno a las pasadas Navidades y eso le dio mucha fuera a ella, pero poco después se volvieron a contagiar y la niña tuvo que ser hospitalizada. Por suerte, se recuperó bien y la pequeña no llevó mal su estancia en el hospital y allí le explicaron lo que le estaba ocurriendo al organismo de madre e hija con el COVID prolongado: un trastorno del patrón respiratorio o síndrome de hiperventilación. La buena noticia es que debería ser algo reversible y que se puede tratar con fisioterapia.

Gracias a esa infatigable lucha, Lucy Adams ha mejorado notablemente. “En noviembre del año pasado tenía días buenos y malos, y eso dio paso a semanas buenas y malas”, dice. Ahora, incluso puede pedalear un ratito en bici y hasta ha practicado paddle surf, aunque sigue sintiéndose “muy lejos de donde estaba y de quién era antes de enfermar”.

“Estoy bastante decidida a aferrarme a la idea de mí misma como una aventurera audaz, una madre, una esposa y una periodista”, comenta con optimismo. “Incluso aunque por ahora las montañas que quiero escalar estén solo en mi mente”.