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Combatimos el COVID-19 con las vacunas, pero ¿cómo se defiende el virus de ellas?

Cuando no existían los inoculantes, el coronavirus apenas encontraba barreras de entrada porque los anticuerpos no le reconocían

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Con los hospedadores protegidos, el coronavirus tiene que hacer frente a defensas que antes no estaban

© GettyImages

El escenario actual de la pandemia se podría explicar como una batalla entre el coronavirus y el hospedador, es decir, nosotros. Mientras nuestro organismo le pone las cosas complicadas al virus gracias a las vacunas, éste evoluciona para adaptarse a los nuevos escenarios… y no extinguirse. Lo hace a través de mutaciones en su secuencia génica que le permiten adquirir una serie de ventajas evolutivas: así se defiende el COVID-19.

Hasta que llegaron los inoculantes, el coronavirus no encontraba demasiadas barreras de acceso cuando accedía a nuestro organismo. ¿La razón? Si la persona no había contraído la enfermedad antes, los anticuerpos no le reconocían y no luchaban contra él para proteger al hospedador. Ahora, cuando intenta atacar a alguien vacunado, las cosas son diferentes.

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Los linfocitos B, encargados de producir anticuerpos, también se adaptan a los cambios del COVID-19 para seguir protegiéndonos ©GettyImages

Cuando se topa con un organismo inmunizado (de forma natural o gracias a los inoculantes) debe enfrentarse a defensas que antes no existían y, además, tiene que competir con el resto de variantes. Teniendo en cuenta que la evolución de los virus depende de las condiciones reproductivas que hay un determinado medio, sólo los más aptos podrán continuar con esa labor de infección.

La estrategia del coronavirus

Nuestros anticuerpos neutralizantes tienen la capacidad de bloquear la unión de la proteína S del COVID-19 a la célula hospedadora para que el virus no nos infecte. ¿Cuál es la respuesta de la enfermedad? Todo apunta a que su estrategia pasaría por cambiar la región de esa proteína para que las defensas del ser humano no la anulen.

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La estrategia del coronavirus pasaría por cambiar la región de la proteína S para que las defensas no la anulen ©GettyImages

Un movimiento que, no obstante, tiene su precio. Estos cambios podrían empeorar esa cohesión y reducir su capacidad para infectar. Por esta razón, los virus tienden a minimizar estas mutaciones por dos razones: para que sus consecuencias no afecten a esta capacidad de infección y de réplica y para que puedan, de alguna manera, evitar la acción de nuestras defensas.

La reacción del cuerpo humano

Ante estos movimientos, el organismo responde. ¿Cómo? Los linfocitos B, encargados de producir anticuerpos, se adaptan a los cambios del COVID-19 y, de la misma manera que hace él, mutan para mejorar su capacidad de unirse a las proteínas del virus y neutralizarlo. Una mejora que sería la responsable de la respuesta que nuestros sistemas inmunes dan a las variantes para protegernos de ellas.