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‘Hay pandemias que pueden durar toda la vida’: la otra realidad que viven miles de personas en España

La impactante campaña de sensibilización con la que la Fundación Integra muestra la problemática que entraña la exclusión social

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Ángeles

Ángeles lleva doce años siendo víctima de maltrato

© Fundación Integra

Con motivo de su 20º aniversario, la Fundación Integra pone en marcha una impactante campaña de sensibilización sobre la exclusión social y, muy ligada a la realidad que estamos viviendo, lleva por título ‘Hay pandemias que pueden durar toda la vida’. La campaña se centra en contar la historia de Ángeles, víctima de maltrato, y de Miguel, que no tiene hogar y se ve obligado a dormir en la calle.

El título de la campaña no puede ser más significativo, pues alude a una situación de angustia que millones de personas en todo el mundo han sufrido o sufren en mayor o menor medida a causa del coronavirus. “Afortunadamente, tarde o temprano pasará” -dice la voz en off del vídeo- “pero no para Ángeles” ni para Miguel. Llevan doce y ocho años, respectivamente, sufriendo su particular pandemia.

Los dos aparecen con mascarilla y se puede ver una cierta esperanza en su mirada cuando se la van a quitar. Cuando se la quitan… tienen otra mascarilla debajo. Y después, otra y otra más… Su angustia se va acrecentando al empezar a no ver fin a esa situación que tanto sufrimiento les está provocando.

Para ayudarles a encontrar una salida al callejón que parece no tenerla, la Fundación Integra lleva 20 años luchando para erradicar esas otras pandemias, buscando una oportunidad laboral que permita a personas como Ángeles o Miguel “vivir con independencia, recursos y libertad”. Así podrán sentirse “protegidos” y podrán “vivir con dignidad”.

Cuando el vídeo está a punto de finalizar, los dos se quitan, por fin, la última mascarilla y vuelven, en cierto modo, a respirar. Mientras la locución detalla cómo les ayuda la Fundación Integra, sus rostros van cambiando poco a poco hasta que, en el último instante, se les ve sonrientes y, sobre todo, serenos, sin el más mínimo rastro de angustia.