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Liberar las patentes de las vacunas del COVID: así te afectaría directamente esta decisión

Instituciones y organismos internacionales buscan soluciones a la imperiosa necesidad de incrementar la producción de estos inoculantes

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COVID-19

Varios países y organismos internacionales abogan por liberar las patentes de las vacunas anti COVID

© GettyImages

Liberar las patentes de las vacunas que existen ahora mismo frente al COVID-19 es uno de los grandes reclamos de no pocos países y organismos internacionales que lo ven como una medida imprescindible para frenar la pandemia en todo el mundo, especialmente en aquellas regiones con menos recursos que no pueden adquirirlas por sí mismas o en igualdad de condiciones que los países más desarrollados. Ya sabemos que, para frenar de verdad al coronavirus, es necesario que la vacunación llegue a todos los rincones del planeta, pero ¿es la liberación de las patentes la solución? Estos son los principales pros y los contras de una medida que nos afectaría a todos mucho más de lo que a priori puede parecer:

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India es uno de los países que reclama la liberalización de las patentes ©GettyImages

Argumentos a favor de liberar las patentes de las vacunas:

-Una vía mucho más rápida y sencilla de que se fabriquen más vacunas. Que los compuestos y el proceso de elaboración de una vacuna sea un conocimiento al alcance de cualquier empresa u organismo permitiría multiplicar la producción de dosis en cualquier parte del mundo.

-Acabar con la desigualdad. Bien es sabido que ahora mismo hay dos velocidades en lo que a vacunación se refiere. Los países en vías de desarrollo y subdesarrollados van a la cola, dependientes en su mayor parte de COVAX, el mecanismo internacional que busca el acceso equitativo a las vacunas. El problema es que COVAX no ha conseguido sus objetivos iniciales y solo ha repartido 38 millones de dosis (según datos del 7 de abril), por lo que a cada país le llega un número muy inferior al necesario para proteger a las personas de más riesgo. De hecho, el 87 por ciento de la población mundial vacunada reside en países desarrollados.

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La actividad investigadora de la industria farmacéutica es esencial para frenar la pandemia ©GettyImages

Argumentos en contra de liberar las patentes:

-No todos los países tienen capacidad de producción. Los problemas con las vacunas del COVID, según ha señalado el portavoz comunitario Balasz Ujvari en rueda de prensa, “están relacionados con la falta de capacidad para producir las cantidades suficientes de dosis“, incluso en países desarrollados. Es decir, que liberar las patentes no implicaría, en función de este argumento, un aumento significativo de producción, que es la principal motivación por la que se promueve esta medida.

-Las farmacéuticas perderían incentivos en actualizar sus vacunas frente a nuevas variantes. Las empresas de biotecnología y las farmacéuticas han desarrollado en tiempo récord vacunas de gran eficacia contra el COVID. En caso de que se liberasen las patentes y se viesen perjudicadas económicamente, es de prever que no se vuelquen del mismo modo que lo han hecho hasta ahora ni para actualizar las vacunas que ya tienen en marcha ante nuevas variantes del coronavirus ni para elaborar otras nuevas ante futuras posibles pandemias de virus diferentes. Así de claro lo dejó el presidente ejecutivo de Pfizer, Albert Bourla, en unas declaraciones a The Wall Street Journal recogidas por El País.

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La Organización Mundial del Comercio propone una tercera vía para facilitar que terceros puedan producir vacunas sin afectar a la propiedad intelectual de las farmacéuticas ©EuropaPress

El camino ‘de en medio’, una posible alternativa

Se liberalicen o no las patentes, es evidente que la decisión nos afecta a todos y cada uno de nosotros. No solo como ciudadanos del mundo, en el que lo justo es que todos nos protejamos por igual ante esta nueva enfermedad, sino porque las implicaciones son directas. Ya nos han dejado claro los expertos que mientras no haya inmunidad de rebaño en todos los países, seguirán surgiendo nuevas variantes que podrían eludir el efecto de las vacunas. Pero también necesitamos a la industria farmacéutica y a las iniciativas tanto públicas como privadas para que continúen investigando en lo que al coronavirus se refiere y a las pandemias (según parece, inevitables) que aparecerán en los próximos años. Sin incentivo económico, el trabajo de estas compañías podría verse afectado. ¿Qué hacer entonces?

Hay quien aboga por una tercera vía, que consistiría en fomentar “que las vacunas se pueden fabricar en muchos más países, teniendo cuidado de no desalentar la investigación y la innovación, que están vinculadas a los derechos de propiedad intelectual”, tal y como manifestado la directora de la Organización Mundial del Comercio, Ngozi Okonjo-Iweala. Es decir, se buscaría incentivar a las farmacéuticas a que firmasen acuerdos de manera voluntaria para que terceros puedan fabricar sus vacunas, algo, por otra parte, que ya se está haciendo. El objetivo sería, por tanto, que hubiese muchos más acuerdos de este tipo en más regiones del mundo.