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Las palabras del periodista David Beriáin que cobran mayor sentido tras su asesinato

El reportero navarro encontró la muerte en Burkina Faso junto al cámara vizcaíno Roberto Fraile con el que estaba grabando un documental sobre la caza furtiva

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David Beriain Amatriáin, nacido en Artajona (Navarra) en 1977

© GettyImages

Sabia el riesgo que corría y aún así decidió hacerlo. Llevaba el periodismo en las venas y más de dos décadas narrando historias desde las zonas más conflictivas del planeta. Tozudo, inquieto y viajero empedernido, David Beriáin encontraba la muerte ayer en un ataque terrorista en Burkina Faso donde grababa junto a su compañero, el cámara Roberto Fraile un documental sobre la caza furtiva en el país africano. Curtido en mil batallas, David, quien había sido capaz a lo largo de su trayectoria de explicar la difícil realidad de la guerra desplazándose hasta Irak, Afganistán, Sudán, Colombia o Pakistán. había sido capaz de ponerse en la piel “de los buenos” y de “los malos” moviéndose con soltura entre soldados, guerrilleros y civiles. “Debemos ponernos en la piel de otras personas, incluso de aquellas con las que no queremos tener nada que ver” afirmaba el periodista.

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Beriáin estaba casado con la productora venezolana Rosaura Romero ©GTres

Licenciado en periodismo por la universidad de Navarra y reportero a pie de calle en Argentina en sus primeros años de trabajo, Beriain era mucho más que eso y gracias a personas como él, sin miedo a contar la verdad ni a arriesgar su vida, conocemos mejor como funciona el mundo. Con un legado periodístico de inigualable valor, en donde destacan documentales como ‘Afganistán, españoles en la ratonera’; ’Congo, tierra violada’; ’Los guardianes de Chávez’ y ’Baby Sicarios’, en marzo de 2008, su nombre se hacía aún más grande consiguiendo adentrarse con una una cámara de vídeo en los campamentos de las FARC para contar a la humanidad la clandestinidad que se vivía en la guerrilla colombiana.

En 2009, el reportero navarro, que trabajó durante seis años en la sección de Internacional del periódico La Voz de Galicia y que también fue uno de los principales rostros de los documentales de los canales DMax, pasó a formar parte de la cadena Cuatro donde ha realizado la mayor parte de su trabajo periodístico formando parte del equipo de reporteros del programa REC  y hasta obtuvo una nominación a los premios Goya por su impecable trabajo ‘Percebeiros’, donde relató la arriesgada labor de estos mariscadores en Galicia.

En 2012, fundó una productora a la que puso un nombre muy singular, ‘93 metros’ en honor a su abuela Juanita, pues esta era la distancia que le separaba a esta desde su casa al banco de la iglesia donde solía acudir a rezar. En ella no solo trabajaba con Roberto Fraile, sino también con su mujer, la productora venezolana Rosaura Romero y con ella había producido documentales como ‘Amazonas’, ‘El camino de la cocaína’; ‘Hmong, El ejército invisible’; o la serie documental ‘Clandestino’, estrenada en 120 países.

  

Cargado siempre con mil historias que contar y también con cientos de experiencias, anécdotas y momentos, que por su complejidad, quizás no le hubiera gustado tener que vivir, David era muy consciente del sacrificio que hacia su familia y todos sus seres queridos para que él cumpliera su sueño: informar de aquello que no querían que se supiera y así lo contaba en el en documenta ‘Morir para contar’ emitido por Netflix. “En la vida he tenido la suerte de que las personas que me han querido lo han hecho de la manera más hermosa y radical posible: me han querido libre. Aunque eso haya significado que, en el caso de mis padres, mi hermano, mis amigos y, por supuesto y sobre todo de mi mujer, un día sonase el teléfono y dijesen: ‘David no va a volver’. Hay que entender que eso es una posibilidad. Es un acto de generosidad del que yo no sé si sería capaz“, contaba el periodista, cuyos testimonios nunca caerán en el olvido.