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La historia de Sara, la gallega con el corazón ‘de piedra’ que sonríe a la vida tras recibir un trasplante

A sus 27 años, padecía una cardiopatía poco común que le iba imponiendo cada vez más limitaciones en su día a día

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Operación

El trasplante de corazón de Sara Viéitez ha sido todo un éxito

© Europa Press / Archivo

Sara Viéitez tenía un corazón de piedra, literalmente. Esta gallega de 27 años padecía una cardiopatía hereditaria y poco común que hacía que este órgano se fuera volviendo cada vez más rígido y, en consecuencia, bombeara cada vez peor. Ya empezaba a tener limitaciones en su día a día, por lo que hace un mes y medio entró en la lista de espera para un trasplante. Tenía carácter prioritario, así que no tardó demasiado tiempo en que la avisaran.

Fue hace dos semanas cuando recibió la esperada llamada. Había un donante. Le dieron la noticia por la mañana y, por la tarde, estaba en la mesa de operaciones. Explica que en un primer momento no se puso nerviosa, que se limitó a preparar una pequeña maleta con lo indispensable y a avisar a sus hermanos para que la llevaran al hospital. Pero después sí, llegaron los nervios. Lo que más miedo le producía, dice a Nius Diario, “era el momento de despertar” porque los medicamentos que le iban a dar son tan fuertes que pueden producir alucinaciones y delirios.

Afortunadamente, no ha sido así. Tras cinco horas de operación y tras ser intubada y trasladada a la UCI, cuando abrió los ojos se sintió alegre y optimista. Solo cinco días después de la intervención quirúrgica fue trasladada a planta. Allí ha permanecido aislada todo este tiempo para evitar que ningún patógeno la afecte y repercuta en su recuperación. Solo puede entrar su madre y un reducido equipo de sanitarios, los imprescindibles para atenderla correctamente.

“Estoy feliz porque el trasplante ha sido todo un éxito”, comenta, si bien esa felicidad por su sorprendente evolución no es plena. Sara piensa mucho en la persona a la que pertenecía su nuevo corazón y en cómo se debe de sentir su familia. Por eso es plenamente consciente del especial cuidado que merece este órgano. “Tengo que cuidarlo como si fuera un tesoro”, asegura, “porque es mi tesoro”.