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El coraje de la monja que plantó cara a los militares: ‘¡No disparen contra los niños, mátenme a mí!’

No es la primera vez que se arrodilla ante ellos para pedirles que detuvieran las cargas contra la población

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Manifestaciones en Birmania

Desde principios de febrero, las manifestaciones contra el golpe de Estado que derrocó al gobierno civil se han sucedido

© GettyImages

Birmania, 1 de febrero: se produce una insurrección pacífica contra el golpe de Estado que derrocó al gobierno civil de Aung San Suu Kyi. Desde entonces el ambiente en esta nación del Sudeste Asiático ha sido, cuanto menos, tenso. Alguna de las imágenes de la situación que vive el país han dado la vuelta al mundo y una de ellas es la de esta valiente monta que se arrodilló frente a las fuerzas policiales para hacerles una petición: “¡No disparen contra los niños, mátenme a mí!”.

Los hechos ocurrieron el pasado 8 de marzo en Mytkyina: centenares de personas recurrieron a ese espacio que, desde el golpe, se ha convertido en escenario habitual de manifestaciones. Aunque en esta ocasión se trataba de celebrar el Día Internacional de la Mujer, no pudieron evitar los tintes políticos: tanto la policía como el ejército lanzaron gas lacrimógeno y granadas aturdidoras para dispersar a la multitud.

Arrodillada frente al ejército

Los manifestantes intentaban protegerse tras unas improvisadas barricadas después de, según Reuters, haber recibido garantías de que habían despejado la carretera. A pesar de ello comenzaron a escuchar fuertes disparos y fue entonces cuando, entre la multitud, apareció Ann Rose Nu Twang. Esta monja de 45 años se acercó a la policía y se arrodilló ante ellos: dos agentes hicieron lo propio en señal de respeto mientras otros permanecieron indiferentes.

La religiosa tenía una petición para ellos: “¡No disparen contra los niños, mátenme a mí!”. Un par de monjas más llegaron instantes después para mostrar su apoyo: “Paren, están torturando y matando a la gente. Es por eso que la gente está enfadada y se manifiesta”. Ann Rose Nu Twang explicaba después, a AFP, su reacción: “Les supliqué que no dispararan y levanté las manos en señal de perdón. Fue un momento de pánico porque estaba en medio y no podía hacer nada, pero no tenía miedo”.

Esta monja dirige una clínica e intentó llevar a algunas de las víctimas hasta allí antes de quedar cegada por los gases lacrimógenos: “El suelo se convirtió en un mar de sangre. Necesitamos valorar la vida. Me hizo sentir muy triste”. No era la primera vez que mostraba su valor: el pasado 28 de febrero ya se había puesto de rodillas frente a las fuerzas de seguridad para pedirles prudencia.