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Muere a los 51 años Andrew Brooks, el ‘héroe’ que creó los tests COVID de saliva

Padre de tres hijas y con su madre aún en vida, el científico ‘indudablemente ha salvado vidas’ gracias a su técnica

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Creador de los test de saliva para detectar el COVID

Andrew Brooks, investigador de Rutgers Research, desarrolló los test de saliva para detectar el COVID al inicio de la pandemia

© Rutgers Research

El científico Andrew Brooks, el hombre que desarrolló los tests de saliva para facilitar la detección del coronavirus, ha fallecido a los 51 años. Su técnica buscaba rapidez, puesto que las 24 horas habituales de una PCR clásica eran demasiado tiempo en una situación de emergencia sanitaria en la que el COVID comenzaba a propagarse de manera alarmante. Y lo logró. Con ello, además, facilitó las cosas tanto al usuario como al sanitario, pues esta prueba es mucho menos molesta para el primero y más sencilla de realizar para el segundo.

Brooks ha muerto a causa de un infarto en Nueva York. El deceso tuvo lugar el pasado día 23, pero es ahora cuando ha salido a la luz en los medios estadounidenses después de que su hermana Janet lo comunicase: era “un intelectual, un científico asombroso, un padre asombroso y un hombre familiar asombroso”, decía con gran pesar Janet en unas declaraciones recogidas por la CNN.

La muerte del investigador deja una familia devastada: a su madre, a su esposa, Jil, y a sus tres hijas, Lauren, Hannah y Danielle. También la comunidad científica llora su pérdida: “La dedicación, los logros y el legado de Andy a la investigación que salva vidas seguirán inspirándonos a todos nosotros y a las generaciones venideras”, han comunicado desde Rutgers Research, la prestigiosa escuela científica de la que era director y en la que desarrolló sus tests. Era “uno de los héroes anónimos” que “indudablemente ha salvado vidas”, en palabras del gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy. “No podemos agradecer lo suficiente a Andy por todo lo que hizo a lo largo de su carrera”.

Coronavirus
Una profesional sanitaria guarda un bote con una muestra de saliva para analizar si es portadora o no del coronavirus©GettyImages

Una carrera impecable

Andrew Brooks, Andy, quería ser veterinario, pero tras realizar unas prácticas de verano en el en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Manhattan empezó a sentir una gran fascinación por las enfermedades humanas y acabó doctorándose en microbiología e inmunología de la Universidad de Rochester. Trabajó durante cuatro años en el centro médico de la universidad durante cuatro años y después regresó a su Nueva Jersey natal para formar parte del equipo de Rutgers, de la que se acabaría convirtiendo en director de operaciones.

Allí realizó infinidad de pruebas genéticas a través de la saliva, por lo que, llegado el momento, supo adaptar las técnicas que empleaba y aplicarlas para extraer el ARN del coronavirus. Por eso tuvo relativamente pronto sus tests (aprobados de emergencia por la DFA estadounidense, la Administración de Alimentos y Medicamentos, en abril) porque no partía de cero. “He estado haciendo esto durante 50 años y he conocido a todo tipo de personas”, comenta el Dr. Jay Tischfield, profesor de Rutgers, “pero Andy, era un portento de la naturaleza”.