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Lo que Wuhan esconde: de tener 10 veces más contagios de lo que se dijo a una envidiada normalidad

Ya no es obligatorio llevar mascarilla en lugares públicos y las discotecas vuelven a estar abarrotadas de jóvenes

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Coronavirus

En Wuhan, las medidas contra el Covid se han relajado y ya no es obligatorio llevar mascarilla por la calle

© GettyImages

Dejando a un lado toda teoría conspiranoica, lo ocurrido en Wuhan con el coronavirus es una incógnita. Desde el primer momento se habló del hermetismo de las autoridades chinas en las semanas en las que el brote comenzó a extenderse y ahora confirman que hubo diez veces más de casos de los que se comunicaron en un primer momento. A eso hay que sumar la isla de normalidad en la que se han convertido mientras el resto del mundo sigue sufriendo los estragos de la pandemia; ellos la han logrado frenar y no han registrado casos locales desde verano. ¿Cómo lo hacen?

Diez veces más de casos en la primera ola de los que se informó

Wuhan es considerado el epicentro de lo que se acabaría convirtiendo en una pandemia mundial. La comunidad científica aún no tiene claro al cien por cien cómo el SARS-CoV-2 dio el salto a la especie humana, pero las condiciones del mercado de pescado y marisco de la ciudad fue el caldo de cultivo idóneo para su propagación: cientos de animales en condiciones poco salubres que incluso se sacrificaban allí de modo abierto al público, decenas de jaulas hacinadas unas encima de otras con gallinas, pequeños mamíferos, serpientes… y el suelo, regado a menudo con mangueras para limpiar la sangre de los animales sacrificados. Todo ello en un lugar cerrado y muy transitado. En el momento en el que el virus apareció por allí, se extendió como la pólvora. De las primeras 41 personas contagiadas con este nuevo virus, 27 habían tenido relación con ese mercado, bien como comerciantes o bien como compradores.

En pocos días, empezaron a llegar a los hospitales casos de neumonía muy similares a las provocadas por el SARS-CoV de 2002, el Síndrome Respitatorio Agudo Grave que también se originó en China y que acarreó la muerte de casi 800 personas en todo el mundo, especialmente en el país asiático. Los médicos que empezaron a alertar de lo que estaba ocurriendo, recibieron avisos de las autoridades para que dejaran de hacerlo e incluso algunos llegaron a ser detenidos, como Li Wenliang, que acabaría falleciendo precisamente por culpa de este nuevo coronavirus. Su muerte causó gran conmoción entre los ciudadanos chinos.

Wuhan
Jóvenes hacen cola para acceder a una moderna cafetería en Wuhan ©GettyImages

Las cifras de contagiados y de fallecidos comenzaron a crecer rápidamente y China advirtió a la OMS sobre su existencia el 31 de diciembre. En mayo, el país declaró que había 83.958 casos confirmados dese el inicio de la epidemia, de los cuales 4.637 habían fallecido. A tenor de lo acontecido en cuando el coronavirus se extendió a otros países, con cifras en todos ellos muy superiores a pesar de los confinamientos, las aportadas por China comenzaron a verse con cautela por la comunidad internacional. Ahora, un año después del comienzo del brote, las autoridades confirman que hubo diez veces más de casos de los registrados durante la primera ola. Un estudio serológico con más de 34.000 muestras revela que la tasa de prevalencia en Wuhan es de 4,43 %, lo que significa que casi medio millón de habitantes se contagiaron de Covid-19 durante los primeros meses.

El error, explican, es que en la primera ola no se incluyó a los pacientes asintomáticos en los datos oficiales. Un reciente reportaje de CNN ha sacado a la luz documentación del Centro Provincial de Control y Prevención de Enfermedades de Hubei que contienen registros mucho mayores que los ofrecidos públicamente; en concreto, un documento interno confidencial cifraba en 5.918 los casos nuevos del 10 de febrero, mientras que se informó tanto a la nación como al resto del mundo que ese día hubo 2.478 nuevos casos positivos, menos de la mitad.

Vida normal en Wuhan mientras el resto del mundo se sumerge en la tercera ola

En Wuhan ya no es obligatorio llevar mascarilla por la calle ni en espacios públicos, los jóvenes disfrutan con normalidad en las discotecas y los restaurantes vuelven a estar abarrotados sin ningún tipo de medida. Aquí el secreto está en la fórmula empleada para intentar erradicar el virus: el confinamiento fue mucho más estricto que en cualquier otro país y no finalizó hasta que no pasaron varios días seguidos sin un solo nuevo contagio. Eso supuso 76 días sin poder salir a la calle a no ser que fuera por un motivo de fuerza mayor, cuando en la mayoría de países el confinamiento más estricto duró unas pocas semanas.

Desde verano no se ha registrado en la ciudad ningún nuevo caso local, si bien organismos y expertos internacionales toman con cautela estos datos, según recoge la BBC. Sea o no cierto, parece evidente que se encuentra mucho mejor que el resto del mundo, lo que hace mirar hacia Wuhan y ver en ella el futuro próximo de la humanidad.