La fatiga pandémica, el otro gran efecto del coronavirus para millones de personas

Es una consecuencia emocional de cómo la pandemia nos ha cambiado la vida y, por tanto, no es necesario haberse infectado para padecerla

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23 de Octubre 2020 / 16:06 CEST

Coronavirus

El agotamiento emocional producido por todos los cambios que conlleva el coronavirus afecta a millones de personas y se conoce ya como fatiga pandémica

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Millones de personas en el mundo padecen lo que ya se empieza a conocer como fatiga pandémica. Y no, no es una secuela propiamente dicha del Covid (porque no es necesario haberse contagiado para tenerla), pero sí es consecuencia directa del virus y de los cambios sociales que ha conllevado. Primero el confinamiento, después las mascarillas, el distanciamiento social y los límites a la movilidad (que vuelven a imponerse), limitando al máximo los contactos y evitando abrazos, besos o cualquier gesto de amor entre no convivientes tan necesario para todos. En medio, también la ansiedad ante la posibilidad de infectarse o contagiar a los más allegados.

Esta situación es lo que produce este tipo de fatiga, que es emocional. Quienes la padecen sienten agotamiento mental y una fuerte desmotivación y apatía. ¿Cuándo volver a ver y abrazar a los seres queridos? ¿Cómo va a afectar en el trabajo? Y, sobre todo, ¿cuándo va a acabar la pandemia? Son preguntas recurrentes que todos nos hacemos, pero que en ciertas personas cobran tal peso que su salud se puede ver perjudicada.

Más allá de la preocupación que, de una u otra forma, la mayoría tiene, la fatiga pandémica produce frustración, una intensa tristeza, irritabilidad, sensación de indefensión… y todo ello tiene consecuencias en la alimentación (bien por falta de apetito o bien por comer en exceso por ansiedad), en trastornos del sueño y en la falta de concentración.

¿Cómo evitar la fatiga pandémica?

Lo más importante es procurar llevar un estilo de vida saludable, haciendo ejercicio diario y comiendo de manera saludable, pero con una fatiga emocional como esta hay que reconocer que hacerlo no es nada fácil. Habría que dar antes otros pasos, y el primero pasa por evitar el estrés. ¿Cómo? No obsesionándose con la pandemia, evitando estar sobreexpuesto a la información. Es útil saber lo que está ocurriendo en el mundo y cómo va evolucionando la situación, pero siempre en su justa medida, sin excederse. Cuando se empiece a sentir ansiedad al leer o escuchar las noticias, es mejor desconectar.

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Es fundamental llevar un estilo de vida saludable para evitar la fatiga pandémica©EuropaPress


Lo siguiente es buscar actividades que nos relajen, ya sea en casa o en el exterior. Por supuesto, buscar otras vías de contacto con amigos y familiares (en esto, la tecnología es una gran aliada). Hay que aprovechar más que nunca a llamarles, a hablar con ellos a través de apps de mensajería instantánea o por videollamada, para sentirnos más cerca.

Es fundamental, además, aceptar los propios sentimientos, no ignorarlos o reprimirlos, y buscar el diálogo interno desde una perspectiva positiva. Son recomendaciones expuestas en un artículo de la Universidad de California en Los Ángeles, elaborado por expertos, que recoge la CNN.

¿Cómo afecta a niños y adolescentes?

La crisis sanitaria y las medidas que se han ido adoptando par evitar un aumento mayor de contagios no solo afectan a los adultos; además, han puesto a prueba la salud mental en la infancia y la adolescencia, según se desprende de una encuesta en la que han participado 169 psiquiatras y psicólogos clínicos, promovida por la Plataforma de Asociaciones de Psiquiatría y Psicología Clínica por la Salud Mental de la Infancia y Adolescencia.

En concreto, el trabajo ha puesto de manifiesto que los menores más vulnerables a los cambios de rutina o con necesidades de apoyo social, como son los niños y las niñas con trastornos del neurodesarrollo de mayor gravedad, o aquellos en situación de violencia intrafamiliar, han sufrido especialmente las consecuencias del confinamiento.

También ha evidenciado que cualquier niño o adolescente puede manifestar transitoriamente síntomas de ansiedad o depresión como consecuencia de la crisis que estamos viviendo. Estos síntomas pueden ser una respuesta normal y adaptativa a los cambios sufridos.