El ‘renacer’ de la ciudad china de Wuhan, el epicentro del coronavirus

A pesar de su aparente estado de de normalidad la pandemia ha dejado profundas cicatrices psicológicas e irreparables daños económicos entre su población

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11 de Septiembre 2020 / 11:41 CEST

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Wuhan se esfuerza por volver a la normalidad mientras el coronavirus continúa azotando a todos los rincones del mundo

© GettyImages

Mientras el coronavirus continúa haciendo estragos alrededor del mundo con 28 millones de personas infectadas y más de 908.000 muertos, en la ciudad china de Wuhan, epicentro de la pandemia, ya casi reina una absoluta normalidad. Los mercados, bares y restaurantes vuelven a estar abarrotados y hasta en los parques acuáticos, tan populares allí, la gente se agolpa codo con codo, como lo hacían antes. Los niños han vuelto al colegio, los mayores a sus respectivos puestos de trabajo e incluso las mascarillas han pasado de ser obligatorias a ser tan solo opcionales. El hecho es que, según datos del gobierno local , hace semanas que en todo Wuhan ( donde viven cerca de 11 millones de personas) los únicos casos de Covid-19 que se han detectado son provenientes de fuera. No hay ingresados en hospitales ni tampoco casos sospechosos ni siquiera asintomáticos que deban permanecer aislados desde el pasado 18 de mayo. Pero, ¿cómo es posible que Wuhan haya conseguido recuperar la normalidad de una manera tan eficaz?

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Miles de niños han retomado sus clases en las escuelas de Wuhan ©GettyImages

La clave es la contundencia con la que el gobierno chino actuó para erradicar el virus y que ha logrado que dejemos de mirarlos con recelo a hacerlo con cierta envidia. Al principio de la pandemia, el pasado mes de enero, la vida se detuvo por completo en Wuhan. Se suspendió el transporte público, se cerraron todos los negocios excepto los que vendían productos esenciales y obligaron a todo el mundo a permanecer en sus casas. El punto álgido de la transmisión del virus se paralizaron los ascensores, se prohibió pasear el perro e incluso salir a comprar, siendo los trabajadores esenciales los encargados de hacer llegar el abastecimiento necesarios a miles de hogares. Este bloqueo tan radical duró 76 días, hasta el pasado 8 de abril cuando Wuhan comenzó a resurgir de entre sus cenizas.

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Cientos de personas se agolpan sin distancia de seguridad en una fiesta acuática celebrada en China ©GettyImages

Sin embargo y a pesar de que han logrado acorralar al virus, la ciudad no ha perdido la cautela. Los cines y sitios turísticos, por ejemplo, operan a la mitad de su capacidad. Para ingresar a bancos, restaurantes y otros lugares públicos, los residentes deben someterse a controles de temperatura y mostrar códigos digitales que verifiquen que están saludables y no han viajado recientemente a áreas donde ha habido casos nuevos. Las autoridades continúan restringiendo los viajes en la región de Xinjiang en el oeste de China, donde un brote el mes pasado provocó su cierre y China aún prohíbe a la mayoría de los extranjeros entrar en el país, por temor a que puedan traer el virus.

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Las mascarillas han pasado de ser obligatorias a ser recomendables ©GettyImages

Si bien China no es el único lugar donde se han aliviado las restricciones (Taiwán, por ejemplo, ha mantenido el virus bajo control durante meses), la apariencia de normalidad se ha convertido en un punto de orgullo nacional en el gigante asiático donde su economía hinco una rodilla para volver a levantarse de nuevo, aunque no sin cicatrices que puede tardar meses, sino años, en recuperarse.