La muerte de 13 religiosas en un convento de Estados Unidos ha sido la prueba de cómo el coronavirus se propaga como incendio forestal

En tan solo un mes murieron 12 de las 13 hermanas fallecidas en el convento de Livonia en Michigan, Estados Unidos y, a nivel internacional, se ha reportado ya la muerte de más de 60 religiosas

3 Minutos de lectura

24 de Julio 2020 / 19:19 CEST

El contagio se propagó rápidamente dentro del convento

Monumento a las hermanas que murieron en un mes por Covid-19, en los jardines del convento de las Hermanas Felicianas en Livonia, Michigan (Estados Unidos)

© Global Sisters Report

A nivel mundial y según informes de Global Sisters Report (web de noticias católicas sin fines de lucro), han fallecido ya 61 religiosas de diferentes conventos alrededor del mundo a causa del coronavirus, sin embargo, las 13 felicianas del convento de Livonia en Michigan (Estados Unidos) podría ser la mayor pérdida de vidas dentro de una comunidad religiosa, desde el inicio de la pandemia. Este hecho, según palabras de la hermana feliciana Joyce Marie Van de Vyver, ha destrozado un poco la vida de fe que profesa la congregación.

Un virus que llenó de dolor al convento de Livonia

Los decesos comenzaron el Viernes Santo (10 de abril) con la muerte de la hermana Mary Luiza Wawrzyniak que tenía 99 años de edad. Del 10 de abril al 10 de mayo murieron 11 hermanas más cuyo rango de edad iba de los 79 a los 99 años. Se dice que el contagio llegó al convento por dos auxiliares de enfermería, sin embargo, la Hermana Mary Andrew Budinski, superiora del convento de Livonia, ha declarado que no sabe quiénes son y que tampoco tiene intención de saberlo, ya que por ahora lo importante es seguir tomando estrictas medidas para proteger a la comunidad que continúa en el convento, que hasta antes de la pandemia eran 65 hermanas y hoy quedan 52.

Después del horrible mes en el que fallecieron las 12 primeras víctimas de coronavirus, 18 más enfermaron y una de ellas murió el pasado 27 de junio. A cada uno de sus funerales solo han podido asistir 10 personas, lo que ha causado aún más dolor dentro de la congregación: “Nos hemos perdido todo, la fe que compartimos cuando una hermana muere, así como las oraciones en su memoria”, dijo la hermana Joyce Marie Van de Vyver a Global Sisters Report.

A partir de aquel 10 de abril, las malas noticias en el convento se volvieron un patrón: una hermana iba al hospital porque tenía dificultades para respirar, a la mañana siguiente llamaba para decir que se sentía mejor y que permanecería ingresada dos o tres días y entonces venía la terrible noticia de que había muerto. Por su parte, Noel Marie Gabriel, director de servicios clínicos y de salud para las hermanas felicianas de América del Norte, confesó no haber podido contener los efectos de la enfermedad: “Hicimos lo que teníamos que hacer, pero ese mes fue una forma de vida completamente diferente. Ha sido nuestro momento más trágico, lleno de tragedia, tristeza y duelo”, declaró al medio de noticias católicas.

El convento que está en un terreno de más de 145 hectáreas, en un edificio que data de 1937, albergaba a 800 hermanas en la década de 1960, pero a día de hoy las 52 habitantes del lugar están concentradas alrededor de la capilla y repartidas solo en tres plantas del enorme lugar. La primera planta está dedicada a las hermanas que necesitan atención médica las 24 horas, la segunda es para residencia asistida (donde habitan las hermanas de tercera edad) y la tercera planta para las religiosas que pueden valerse por sí mismas. El mayor número de decesos se dio en la primera planta. “Todavía no podemos caminar por el pasillo de la primera planta, hay una historia conectada con cada dormitorio y ahora están casi todos vacíos”, confesó la hermana Joyce.

El convento de Livonia se ubica en Michigan, Estados Unidos
“Todas sabíamos que si el virus golpeaba el lugar, sería malo, pero nunca anticipamos lo rápido que iría”, ha confesado la hermana Mary Ann Smith.©Global Sisters Report

Todas las hermanas fallecidas sirvieron a través de diferentes roles, fueron maestras, escritoras, músicas, creativas, enfermeras; una de ellas incluso fue secretaria del Estado Vaticano y hoy ya no están.

Fueron informadas de las muertes por un intercomunicador

Debido a que las restricciones para frenar la pandemia por Covid-19 que siguen vigentes, las hermanas aún no han comenzado su duelo, pues hasta ahora no han podido entrar en las habitaciones de las otras, han estado comiendo en turnos diferentes (una hermana por mesa) y, lo más doloroso debido al aislamiento han tenido que enterarse de la muerte de sus compañeras a través de un intercomunicador que da los anuncios a diario.

Durante estos últimos meses ha habido voluntarios de todo Estados Unidos que dejaron a sus familias y acudieron al convento a ayudar y a asistir a las hermanas sin importar el riesgo que corrían. “Se pusieron en riesgo por nosotras sin importar que el virus estaba en pleno apogeo”, ha relatado la superiora Andrew, quien también asegura que cuando todo esto termine, harán una celebración por la vida de las 13 hermanas fallecidas. Aún no saben ni cuándo ni cómo será, solo saben la importancia del momento en que puedan despedir a sus amigas y compañeras de vida.