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Así vivió Manuela, de un año, su primer paseo desde el confinamiento

Subida en su carrito y ajena a todo, Manuela sale por primera vez de casa desde el pasado 11 de marzo

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27 de Abril 2020 / 13:56 CEST B.C.

Coronavirus: primer paseo de los niños

Millones de niños salieron durante el día de ayer a la calle por primera vez tras más de un mes y medio de confinamiento

© EuropaPress

Manuela cumplió el pasado 2 de abril un año. Una celebración de la que apenas se dio cuenta, pero que sus padres nos encargaremos de recordársela según vaya creciendo. Ese día, España aún vivía lo peor de la pandemia por coronavirus y aún quedaba muy lejos una hipotética desescalada. Sin embargo, el tiempo no se detiene y aunque parezca que todos los días son iguales, el calendario sigue pasando sus hojas. Finalmente, y tras muchos días instalados en nuestras nuevas rutinas, llegó el día en que el Gobierno autorizó que los menores de 14 años pudieran salir de casa acompañados por un adulto. Una gran noticia y ¿un alivio? Como buena madre primeriza las preguntas, las dudas y los temores se agolpan a partes iguales en mi cabeza y me preparo para el que se ha convertido en un gran reto.

Consensuado con el padre de la criatura, decidimos que la pequeña Manuela saldrá más allá de la puerta de casa por la tarde, tras su merienda. Aún mantenemos los horarios de antes de la irrupción del coronavirus pensando que quizá algún día reabra la guardería (ilusos de nosotros) así que sobre las 17:00 horas será la hora elegida. En otras circunstancias, Manuela podría haber dado algún pasito agarrada a mi mano, pero decidimos que no se bajará del carrito en ningún momento. Me tranquiliza saber que como tiene menos de tres años no necesita llevar mascarilla. Casi no se deja que la peine, a ver quién se atreve a taparle la boca y la nariz.

Siempre le ha molestado que le colocáramos los arneses de sujeción en su sillita, pero esta vez los mira con curiosidad y de lo más tranquila. Aunque en Madrid el tiempo es primaveral, decidí meterla en el saco para que sus manitas, curiosas de tocar el mundo, no nos jueguen una mala pasada. Además, ni bolsa ni juguetes. Nos conformamos con que nos dé el aire en la cara.

Manuela, feliz en su carrito
Manuela, de año y medio, fotografiada en su carrito en el que es su primer paseo desde el pasado 11 de marzo ©B.C.

Los primeros pasos transcurren con normalidad. Eso sí, no puedo dejar de asomarme para ver que todo vaya bien. Mi hija está tranquila, disfrutando de que el aire despeine su flequillo e increíblemente hipnotizada mirando la ciudad que hace semanas no recorre. Subimos una calle, bajamos otra y vamos a casa de sus abuelos. Desde el balcón se asoman. Ella, ni caso, está ensimismada con el ruido y las luces de los semáforos.

Continuamos y nos cruzamos con algún padre reciente tirando un cochecito y algunos no tantos con sus hijos en bicicleta y patinete. Alguna mascarilla y guantes, pero no en exceso. Me considero afortunada de que Manuela aún sea pequeña y de que todos podamos llevar este encierro de la mejor manera posible. No quiero ni pensar que sería tenerla encerrada con cinco años y cargada de energía.

Se nubla el cielo y se levanta más viento. El pelo de Manuela es un poema, pero ella sigue igual de relajada y saca sus manitas para poder sentir el aire de la ciudad. Una rara sensación me invade: es un gusto pasear por Madrid con carrito, sin tráfico y sin gente, pero aún así la atmósfera se torna irrespirable.

Niños
Los menores de 14 años ya pueden salir a la calle desde este domingo a partir de las 9.00 de la mañana, durante una hora diaria y a un máximo de 1 kilómetro de sus casa©Efe

Seguimos andando: un transeúnte con su perro, una madre y dos hijos preadolescentes que vimos al salir del portal… Estoy sin reloj, pero me doy cuenta de que ha llegado la hora de regresar a casa cuando tuerzo por mi calle y llego al límite del perímetro de un kilómetro permitido. Llega lo peor, la operación para entrar de nuevo en el que además de nuestro hogar se ha convertido en la escuela infantil de Manuela y en nuestro lugar de trabajo. El miedo ante la posibilidad de introducir el virus no se me quita de la cabeza. Suerte que tenemos un plan ideado. Mientras yo me cambio de ropa, mi marido se encarga de la niña. Paciente, escucha mi relato como si volviera de un viaje, mientras Manuela está protestona. Baño, cena y ¿a la cuna? Me temo que el paseo no ha dado su resultado: ¡Es el día que más tarde se ha dormido!

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