El aislamiento no impide a este hombre de 88 años subir a las alturas para ver a su mujer

El coronavirus le ha prohibido sus visitas diarias a la residencia donde ella vive, pero se le ocurrió una idea para verla

1 Minuto de lectura

16 de Abril 2020 / 12:49 CEST

Su hijo le ayudó con la idea

Nick ‘voló’ dentro de la cesta de una grúa.

© Youtube

El aislamiento por coronavirus separó a Nick Avtges (88) de su esposa, Marion (85), pero esta distancia solo fue un hándicap al principio ya que se las ingenió para poder ver a la mujer de su vida. Con la ayuda de su hijo pudo llegar hasta donde estaba… elevándose sobre el suelo.

Esta bonita historia ha tenido lugar en Massachussetts (Estados Unidos). Allí es donde está la residencia Maristhill Nursing & Rehabilitation en la que, actualmente, vive Marion. La mujer, de 85 años, lleva una temporada en el citado centro y hasta que apareció el Covid-19 veía todos los días a su marido.

Sin embargo, las autoridades de la localidad decretaron el confinamiento de la población para frenar la pandemia y evitar riesgos. La consecuencia evidente es que el personal de la residencia tuvo que comunicarle a Nick que no podía visitar a su mujer para reducir al mínimo las posibilidades de contagio.

Su hijo le ayudó con la idea
Pudieron tocarse con las manos a través de la ventana.©Youtube

Fue entonces cuando el protagonista de esta historia empezó a pensar de qué manera se podía asegurar de que Marion estaba bien. Y es aquí donde entró en escena su hijo con una idea un tanto rocambolesca, pero muy efectiva y que, sobre todo, respetaba las medidas de seguridad. Le propuso usar una grúa para subir a ver a su mujer.

61 años de matrimonio

Dicho y hecho. El vástago de este matrimonio se acercó hasta la residencia para hablar con personal y preguntarles si ellos estarían de acuerdo con la iniciativa. Después de recibir su visto bueno, puso en marcha la operación: desde el jardín y dentro de la cesta con la que están equipados algunos de estos vehículos, Nick se elevó hasta la ventana donde Marion le esperaba.

Bajo la atenta mirada de los trabajadores y de numerosos testigos, el hombre confesaba que gracias a este ingenio pudieron tener contacto a través de la ventana: “Las yemas de nuestros dedos se tocaron. Hace 61 años que estamos casados y nos amamos tanto como la primera vez que nos conocimos”.