A sus 100 años, la energía de Gerardo le ha convertido en un ejemplo de cómo llevar el aislamiento

Cada tarde sale a aplaudir a los sanitarios y a los servicios públicos inspirando a todos sus vecinos y por ello, la Policía ha querido homenajearle

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14 de Abril 2020 / 10:55 CEST

A sus 100 años, tiene la vitalidad de un niño

Cada tarde aplaude y anima a sus vecinos mientras recorre el balcón.

© Twitter

Dentro del aislamiento en el que vivimos, estamos siendo testigos de historias que nacen en los balcones como consecuencia del aplauso sanitario. Hemos visto la evolución de este homenaje que empezó con un simple gesto y ahora, en muchos lugares, se ha trasformado en concursos y juegos, en fiestas (dentro de lo posible), en divertidas imitaciones… Sin duda alguna, se ha convertido en una fuente de inspiración y el mejor ejemplo de ello es Gerardo.

En el Distrito de Villaverde, en Madrid, hay un vecino que estos días se hecho viral en las redes sociales. Le sobran motivos para ello: a sus cien años conserva la vitalidad y la energía de un joven. Cada tarde, Gerardo cumple con su cita de las ocho: sale al balcón y mientras lo recorre de un lado a otro, aplaude, lanza vítores y alienta a la gente: ‘¡Ánimo señora!’, grita a una mujer mientras le hace un gesto con los pulgares hacia arriba.

  

Su entusiasta implicación en el aplauso diario a los sanitarios y a los servicios públicos que luchan contra el coronavirus se ha hecho famosa. Con su respeto a las medidas del confinamiento y su alegría, Gerardo ha conseguido que ese momento se convierta en algo especial. La Policía Nacional, consciente de ello, ha querido rendirle un pequeño homenaje para darle las gracias en persona.

  

Varios vehículos de la Comisaría de Usera-Villaverde aparecieron en su calle a la hora del homenaje. Con las sirenas y las luces encendidas, pararon debajo de su casa para agradecerle personalmente su cariño y su ejemplo: “Gerardo, venimos a darle las gracias de parte de todos los compañeros”, le dijeron a través del megáfono. Fue en ese momento cuando las palmas cambiaron de destinatario: eran para los agentes y, sobre todo, para un hombre centenario que cada día regala una bonita lección.