‘Mujeres en la historia’: Juliana Morell, la sabia doctora loada por Lope de Vega

Con tan sólo 14 años de edad se graduó summa cum laude en la universidad de Aviñón

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10 de Abril 2020 / 19:27 CEST DANIEL ARVERAS

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Juliana Morell, la primera doctora española (Wikimedia).

© Wikimedia

Sin duda estamos ante un caso extraordinario, pues Juliana Morell (Barcelona, 1594-Aviñon, 1653) demostró desde su más tierna infancia una sabiduría impresionante y fuera de lo común en múltiples materias, fruto de un hambre y capacidad de asimilar conocimientos que la llevaron a alcanzar una gran fama entre sus más célebres coétaneos como el mismísimo “Fénix de los ingenios”, sí, “el monstruo de la naturaleza”, don Félix Lope de Vega.

Nacida en Barcelona en los últimos años del reinado de Felipe II, era hija de un importante e intelectual banquero. Así, Juliana se crió rodeada de libros de los que sacó toda su savia desde niña y bajo la eficaz educación de los dominicos. Todos los temas le resultaban apasionantes y aprendió a leer y escribir precozmente; además, sus conocimientos de varias lenguas (griego, latín, hebreo, francés, italiano,...) y múltiples materias sorprendían a todos y enorgullecían a su padre viudo, pues Juliana perdió prematuramente a su madre con tan sólo tres o cuatro años de edad.

Su vida dio un giro inesperado -además de su anterior pérdida del cariño materno- cuando contaba con unos ocho años de edad y su padre se vio envuelto en un crimen. Más allá de la participación directa o indirecta de su progenitor en aquél homicidio, Juan Antonio Morell decidió ponerse a salvo en Francia con su brillante hija. Primero vivieron unos años en Lyon y luego se trasladaron a Aviñón, donde la adolescente Juliana continuó su voraz formación en filosofía, derecho, música, matemáticas, etc.

Tanto fue así que con tan sólo 14 años de edad se graduó summa cum laude en la universidad de Aviñón obteniendo un doctorado en Leyes. Se había convertido en la primera mujer española en alcanzar el grado de doctor. Para que otra mujer española obtuviera el doctorado habría que esperar hasta finales del siglo XVIII, cuando María Isidra Quintana de Guzmán y de la Cerda fue doctora por la Facultad de Artes y Letras Humanas de la Universidad de Alcála de Henarés en 1783. Isidra de Guzmán, “la doctora de Alcalá”, sobre la que escribí hace un tiempo en esta misma sección.

En torno a 1610, la joven doctora tomó una decisión que marcaría ya el resto de su vida. Decidió ingresar en un convento dominico de Aviñón, tal vez con el objetivo de huir de algún pretendiente o de los deseos de su padre por conseguirla un buen matrimonio. Consagró su vida al retiro espiritual detrás de los muros del convento, lugar en el que podría continuar con sus lecturas y tomar la pluma para escribir y traducir diversas obras.

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Lope de Vega la glosó en versos y obras (Wikimedia).©Wikimedia

Esta resolución disgustó sobremanera a su padre, quien pretendía otro futuro muy diferente para su afamada y admirada hija, un horizonte del que él mismo podría sacarle mayor provecho. Pese a ello, Juliana Morell siguió adelante y se acogió con entrega y determinación a su nueva vida.

Destacaron en aquellos largos años sus traducciones al francés de la obra de San Vicente Ferrer y la regla de San Agustín. Además, escribió diversos textos y poemas. Remomendaba y se aplicaba la regla del silencio, la meditación, la humildad y la actividad, sobre todo intelectual. Fue priora en varias ocasiones y contribuyó a la formación y aprendizaje de sus compañeras monjas. Don Félix Lope de Vega, contemporáneo de Juliana Morell, supo de su admirable sabiduría y la glosó con admiración en diversos versos y obras. Aquí les dejó estos, quizás los más famosos y contundentes que sobre ella dejó escritos.

“Hoy vive, en honra de España,

Juliana, barcelonesa,

Que en París, públicamente,

Enseña todas las ciencias;

De catorce años, y menos,

Imprimió libros, que dejan

Los filósofos y sabios

Sin respuestas y sin lenguas.”

Juliana Morell es hoy una mujer mucho más recordada en Francia, donde vivió la mayoría de su vida, que en España. Pero sin duda, la primera doctora española también representa el siglo de oro español que alumbró las obras de tantos geniales escritores, pintores, sabios y artistas de todo género y condición. No fue nada desdeñable en aquellos tiempos la presencia femenina en las letras y el saber. Dignas representantes son, además de la aquí reseñada, María de Zayas, Santa Teresa de Jesús, Leonor de la Cueva y Silva, Olivia Sabuco de Nantes, Ana Caro,... entre otras.

Precisamente a primeros de marzo de este año, muy pocos días antes de que el maldito virus nos confinara a casi todos en casa, el Instituto Cervantes había inaugurado en Madrid la exposición “Tan sabia como valerosa. Mujeres y escritura en los siglos de oro”. Espero que cuando podamos ir recuperando nuestra vida cotidiana seamos muchos los que vayamos a visitarla. Ahí les dejo el deseo y la sugerencia...

Ánimo, cuídense mucho.

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”.