Mujeres en la Historia: María Lago, la mujer que defendió el alcázar madrileño

Fue la mujer de Francisco de Vargas Vivero, regidor, alcaide del alcázar y miembro de una de las familias más poderosas y célebres de Madrid

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03 de Abril 2020 / 00:00 CEST

Alcázar de Madrid

Maria Lago defendió el Alcázar de Madrid frente a los comuneros debido a la lealtad de su marido al rey Carlos I de España

© Wikimedia Commons

Pocas semenas atrás escribía sobre María Pachecho “la leona de Castilla”, María Coronel y Ana Abarca las esposas de los tres principales líderes de los Comuneros, Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado. Aunque la primera de ellas es la que tuvo un papel más activo por liderar la resistencia de Toledo durante meses una vez ajusticiado su esposo, quise recordar a las tres mujeres de estos bravos castellanos.

Hoy les cuento brevemente sobre otra mujer coetánea de los matrimonios citados, María Lago, también protagonista de aquella Guerra de las Comunidades de Castilla y cuya actuación en el Madrid de aquellos meses de 1520 quizás arrastra un buen porcentaje de épica legendaria.

Lo que sí sabemos con certeza es que la rebelión de los comuneros tuvo su epicentro en Toledo, expandiéndose pronto por otras ciudades castellanas como Segovia, Ávila, Zamora, Toro, Guadalajara,... Madrid, por entonces un villorio que no llegaba a los 10.000 habitantes, estaba fuertemente vinculada a la poderosa Toledo y muy pronto el pueblo madrileño se puso mayoritariamente del bando de aquellos que se alzaban contra un joven rey extranjero que imponía y exigía nuevos impuestos onerosos a Castilla a la vez que su camarilla flamenca se hacía con los principales cargos y prebendas del reino.

Personajes como el licenciado Castillo y Juan de Zapata “el arriesgado” -apodo por el ardor y osadía que mostraba en el combate- lideraron la revuelta y los tumultos en Madrid. Controladas las calles y plazas principales, armado el pueblo tras el saqueo de varias casas de personajes importantes como los Vargas, el objetivo de los alzados comuneros era claro, el viejo alcázar donde hoy podemos contemplar el palacio real.

Es aquí donde comienza la historia de María Lago, pues ella era la esposa de Francisco de Vargas Vivero, regidor, alcaide del alcázar y miembro de una de las familias más poderosas y célebres de Madrid. Era sobrino del célebre licenciado Vargas, aquél del famoso “Averígualo Vargas”, secretario, consejero y tesorero de los reyes católicos que cumplía con eficacia cualquier cometido que le fuera encomendado.

El cerco comenzó, defendiéndose con determinación los sitiados desde los muros de la fortaleza. El alcaide salió furtivamente para buscar refuerzos en Alcalá de Henares pero no pudo regresar con ellos al serle bloqueado el paso por el camino, así que los leales al rey Carlos tuvieron que apañárselas como pudieron. Entre ellos estaba la propia mujer del alcaide ausente, María Lago, quien alentó a sus hombres a resistir y no rendirse, confiando en la llegada de auxilio.

Alcázar de Madrid
María resistió dos meses los envites de los atacantes en aquél verano de 1520 viéndose obligada a rendirse el 31 de agosto©Wikimedia Commons

Es en esos críticos momentos donde esta mujer pasará a la historia, pues su valor y resistencia fue luego referido por varios cronistas e historiadores como ejemplo de lealtad a la Corona en tan difíciles momentos. El primero de ellos fue Fray Prudencio de Sandoval, quien en su “Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V” se hace eco de aquellos días y del protagonismo de María Lago...

“... la mujer del alcaide que dentro estaba, se daba tan buena maña en ayudar y aún en aminar a que peleasen que no hacía falta su marido, de tal suerte que ella era el amparo y defensa de la fotaleza. Los de la Villa les enviaron a requerir que se diesen, sino que no entraría ni saldría hombre que no fuese muerto o preso. Ella respondíó que en valde trabajaban, que no pensasen que por estar el alcaide ausente, ella ni los demás habían de hacer cosa fea ni en deservicio del rey. Que todos estaban determinados anter morir defendiéndose, que cometer semejante traición. Que donde ella estaba, no había de hacer falta el alcaide su marido.”

Más de dos meses aguantaron los envites de los atacantes en aquél verano de 1520, hasta que tuvieron que rendir el alcázar el 31 de agosto por la falta de víveres y la no llegada de refuerzos, no sin antes pactar unas condiciones honrosas para ella y todos sus acompañantes en la defensa, aegurándose de que los atacantes no tomaran represalias sobre sus personas y bienes.

A fray Prudencio de Sandoval le siguieron pronto otros, tomando como referencia su obra y extendiendo la figura de María Lago y su valentía. Por ejemplo, Jerónimo de Quintana, que publicó en 1629 su “A la muy antigüa, noble y coronada villa de Madrid: historia de su antigüedad, nobleza y grandeza”.

Es difícil saber si María Lago tuvo un papel tan activo o protagonista como refieren los cronistas citados en la defensa del alcázar madrileño del ataque de los comuneros o si, simplemente, se refugió junto a los suyos en la fortaleza y su papel fue ensalzado con posterioridad.

Dos factores juegan a favor de esta posibilidad: tapar u obviar la difusa acción de su marido el alcaide, ausente durante la mayor parte de aquél episodio; y el hecho de que Madrid, capital de España desde 1561, contara con alguna figura que representara la lealtad de la ciudad a la Corona también en aquellos tiempos convulsos.

Sea como fuere, María Lago tiene sus propias páginas en la historia de la villa y corte...

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”.