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Infantas españolas: Luisa Teresa de Borbón, una Infanta en el corazón de la nobleza

Se casó en el Palacio de Oriente con don José María Osorio de Moscoso y Carvajal y adquirió el título de duquesa de Sessa

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01 de Abril 2020 / 00:00 CEST CRISTINA BARREIRO, UNIVERSIDAD CEU - SAN PABLO

Luisa Teresa de Borbón

De carácter afable, generoso y derrochón, Luisa Teresa apoyó a la familia Borbón en los años de exilio

© Wikimedia Commos

Su boda, fue una de las primeras celebradas fuera de los círculos de la realeza europea del siglo XIX. El matrimonio de la Infanta Luisa Teresa de Borbón con el primogénito de la casa de Altamira, se celebró por amor y contó con el beneplácito de la Reina Isabel II, prima carnal de la desposada. Convertida en duquesa de Sessa, apoyó a la familia Borbón en los años de exilio. Hermana del Rey consorte, Francisco de Asís, tuvo un discreto papel en la Corte durante los días de la Restauración, aunque siempre tuvo el reconocimiento y afecto de los suyos por su carácter afable, generoso y derrochón.

Luisa Teresa de Borbón nació en Aranjuez en 1824. Sus padres, el Infante Francisco de Paula y Luisa Carlota, residían habitualmente en este Palacio Real, próximo a la Corte de Madrid, desde donde trataban de influenciar en la ominosa política del monarca Fernando VII. El cuarto matrimonio del Rey con María Cristina de Nápoles, los convirtió en una pieza relevante en los círculos de poder, al aproximarlos -más si cabía- a la nueva Regente. Luisa Teresa, de carácter afable aunque falta de belleza, era la tercera de los hijos del matrimonio y pasó su infancia en compañía de sus hermanos Francisco, Isabel Fernandida, Enrique y María Amalia. Las luchas de poder que estallaron en España con motivo de la sucesión al trono, terminaron con la familia en Francia. Las exiliadas Infantas españolas, estudiaron en el elitista convento-colegio de Nuestra Señora de Oiseaux en París, donde recibieron la educación propia de las damas de su alcurnia. Con la proclamación de la mayoría de Edad de Isabel II, los Borbón-Nápoles pudieron volver a España y su posición se acrecentó en la corte, al concertarse el matrimonio de la joven Reina con Francisco de Asís. Parece que por mediación de su tía, la reina viuda María Cristina, Luisa Teresa entró en relaciones con José María Osorio de Moscoso y Carvajal, primogénito de la casa de Altamira. Pese a tratarse de una relación “morganática” -aún cuando el joven perteneciese a una de las familias más ilustres y distinguidas del país- el noviazgo contó siempre con el visto bueno de Isabel II, quien dio cumplida aprobación para el mismo. La edición del diario liberal El Clamor Público de 8 de febrero de 1847, se abría con el parte del Ministerio de Gracia y Justicia, en el que se hacía efectiva la autorización para el enlace.

La boda se celebró actuando como padrinos SS.MM los Reyes. Luisa Teresa de Borbón utilizó el adelante el tratamiento de duquesa de Sessa, distinción creada por los Reyes Católicos para perpetuar la memoria de los gloriosos hechos del Gran Capitán, Gonzalo de Córdoba. El matrimonio estableció su residencia en el madrileño Palacio de Altamira rodeados de cuadros de Rubens, Goya, Velázquez o Madrazo, que formaban parte de la majestuosa colección pictórica de la familia. Pasaron también largas temporadas en sus palacios de Villamanrique (Sevilla) y Cabra (Córdoba), dónde falleció el duque en 1881. El matrimonio tuvo tres hijos.

Luisa Teresa de Borbón
La infanta y duquesa de Sessa tuvo dos hijos de su matrimonio con José María Osorio de Moscoso y Carvajal, primogénito de la casa de Altamira©Wikimedia Commos

La familia disfrutó de una más que holgada posición económica, resultado de su copioso patrimonio en tierras, rentas y bienes muebles e inmuebles, que les permitió convertirse en un apoyo importante para los Borbón, exiliados tras el triunfo de La Gloriosa. Pero el elevando tren de vida de Luisa Teresa, unido a la desvinculación de los señoríos aprobada por los gabinetes progresistas, redujo drásticamente sus finanzas. Los Astorga- Altamira, investidos con la dignidad de Grandeza de España de primera clase, tuvieron que desprenderse de gran parte de sus residencias y propiedades.

La duquesa viuda de Sessa, pasó los últimos años en el Pardo, hasta que enferma de neumonía, se trasladó a una residencia en el madrileño paseo de la Castellana. Falleció en 1900 y fue enterrada en el Panteón de Infantes del Monasterio de El Escorial.