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Esta simpática familia pasea a sus anchas por las desérticas calles de Zaragoza y la Policía les escolta hasta su hogar

Los agentes se encontraron con este singular grupo en una céntrica calle de Zaragoza y los acompañaron hasta las aguas del río Ebro… sin multa de por medio

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30 de Marzo 2020 / 00:00 CEST

Patos

Los agentes los acompañaron hasta el Ebro.

© Facebook: Policía Nacional

El aislamiento por el coronavirus nos está mostrando todo tipo de imágenes de ciudades a lo largo y ancho del planeta. Algunas de ellas son sorprendentes como la de los canales de Venecia y otras son más tiernas como la de esta familia de patos que se saltó la cuarentena en Zaragoza. La Policía Nacional les escoltó hasta su hogar, pero no les multó: son de los pocos que estos días pueden saltarse las normas sin consecuencias.

El instante captado por el citado cuerpo tenía lugar en la calle San Vicente de Paúl, situada en el centro de la capital aragonesa, donde la pata caminaba libremente con su camada. Teniendo en cuenta que la vía en la que estaban acaba en el Ebro, los agentes acompañaron a los seis patos hasta el río para asegurarse de que llegaban sanos y salvos hasta su hábitat natural.

Patos Zaragoza
Los patos caminaron libremente por la ciudad aragonesa.©Facebook: Policía Nacional

Con un toque de humor, la propia Policía hacía visible el momento en sus redes sociales: “Así nos hemos encontrado a esta mamá, saltándose el confinamiento y paseando por las calles con sus patitos. No sabía que estamos en cua cua-rentena”. Y, al mismo tiempo, aprovechaba para recordar a los ciudadanos que ellos conocen la normativa vigente y, por lo tanto, deben cumplirla: “Tú que sí lo sabes, protege a tu familia”.

No son los primeros

Las imágenes se han expandido por las redes sociales ya que estos agentes no fueron los únicos que se cruzaron con este singular grupo. Muchos usuarios compartieron fotos y vídeos de los patos recorriendo Zaragoza. Lo cierto es que la cuarentena ha provocado que las zonas urbanas se conviertan en un nuevo espacio para la fauna silvestre. No en vano, también hemos visto cabras en pueblos de Albacete, jabalíes en Barcelona o corzos en Ciudad Real.

  

El aislamiento ha provocado que baje tanto el tráfico como la presencia de las personas, dos barreras habituales para que los animales acceden a las ciudades. Si estos impedimentos, prácticamente, desaparecen, las urbes se convierten en un espacio accesible, atractivo, seguro por la ausencia de cazadores y predadores naturales y con disponibilidad de alimento para la fauna silvestre… que no entiende de cuarentenas.