Paco, el anciano con pluripatología que le ganó la batalla al coronavirus

Ha recibido este domingo el alta y asegura que tiene "las vidas de un felino"

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29 de Marzo 2020 / 09:54 CEST EFE

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Francisco Barreiro García, a su salida del hospital

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Francisco Barreiro García nació el 25 de marzo de 1943 y los 77 años los ha estrenado en un hospital de Santiago de Compostela, donde estaba ingresado. Aquejado de diversas patologías, dio positivo en COVID-19 y sobrevivió. Este domingo ha recibido el alta: "Yo tengo las vidas de un felino". Las mismas que un gato, las tiene Paco, como se le conoce, aunque siete le parecen pocas. "Lo dice la leyenda, pero deben tener diez o doce... Porque siete ya las llevo yo y no ha pasado nada", ironiza.

No anda desencaminado. Tres infartos, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), diabetes, insulino dependiente, hipertensión, septicemia, un fallo multiorgánico por el que llegó a tener niveles propios de "alguien inerte" y, ahora, coronavirus. Notó fiebre estando en su vivienda y cuando vio que la cosa empeoraba decidió que sí, había llegado la hora de llamar a los sanitarios. Ingresó el pasado domingo en silencio, por no alarmar. Total, llevaba el móvil, pensó.

Lo condujo una ambulancia hasta el Complejo Hospitalario Clínico Universitario de Santiago (CHUS), donde ha permanecido toda esta semana aislado, pero no ha visitado la unidad de cuidados intensivos (UCI). Ha estado Paco conectado a oxígeno, desde luego nada nuevo para él, pues llegó a convivir con "el domiciliario hasta quince horas" al día. "Mi madre me decía que yo tenía una mala salud de hierro", cuenta sonriente a Efe y con una retranca tan instaurada que no puede siquiera tratar de ocultarla, aunque de momento la mantendrá "en privado": la causa, un aislamiento "riguroso" en su domicilio.

Su doctora de cabecera, María Jesús Freiría, para él "Chus y una profesional como la copa de un pino", llegó a preparar a los parientes de Paco para lo peor, pues sus patologías previas no ayudaban. "Mal pronóstico" fueron las palabras de la facultativa. "Y aquí me tenéis de nuevo", relata Francisco, al que no le gustaban demasiado las sábanas de "ese sitio", cuyas siglas son también CHUS, porque las suyas caseras se le hacen "más calentitas". Y que echaba de menos una baraja y el cocido gallego.

Con él, el humor siempre va un paso por delante. Lo reconoce. Y admite que su secreto es ese suculento plato gallego que no perdona ni en agosto. "Las tenía todas para estar en el otro barrio. Estoy agradecido a la vida", resuelve este septuagenario admirador, para más inri, de la aclamada cinta "Los inmortales" de Russell Mulcahy, y de Connor MacLeod, al que interpreta Christopher Lambert. "Solo puede quedar uno", es la frase más repetida por Paco y con la que lleva soñando durante toda su estadía hospitalaria. Hasta envió "memes" con ella.

Cardiópata, portador de no sabe cuántos stent (endoprótesis) para evitar que las arterias se cierren, sufrió su primer gran susto cardiovascular en septiembre de 1995. Estaba tomando un "cubata". Ahí decidió dejar de fumar. Pero tuvo que enfrentarse a ello dos veces más. Y salió airoso. En 2004 padeció una rarísima afección, grave y generalizada, por la existencia de un foco infeccioso en su organismo. Estuvo ingresado desde el 31 de diciembre -"vaya día"-, de ese año hasta el 15 de enero del siguiente, "con una patita aquí y otra allá".

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"Pero tengo buena suerte, eh", tercia Paco. ¿Por qué? Porque en una ocasión le tocó el segundo premio del Gordo de Navidad. No había euros. "Nueve millones cuatrocientas mil pesetas", rememora. Las participaciones las había adquirido en una taberna de A Illa de Arousa (Pontevedra) cuyo nombre vio muy gracioso: "Bar La Chabola".

Y un abril, como el mes que está a punto de llegar, fue agraciado con el Cuponazo. "Poseía cinco boletos, así que 25 millones de pesetas. ¡Si es que habré nacido con una flor en el culo, como coloquialmente se comenta! Qué sé yo". Paco tiene cuatro hijos. Su mujer, Isabel Villar Pérez, está en una residencia desde hace dos años. Ella sufre Alzheimer. Él, perito agrícola como Francisco su progenitor, oficio para el que se formó en Pamplona, residió siempre en el Campo del Gallo, en Compostela.

Pero cuando Isabel enfermó, se mudó Paco a Milladoiro, al vecino ayuntamiento de Ames, para estar cerca de ella, del centro en el que se encuentra interna, y del "Peteiro". Y en ese núcleo poblacional sigue hoy, como parte de su prole. Por eso se siente más arropado. Paco tiene 27 sobrinos por parte de su esposa y tres por la suya, a través de su hermana, que fue madre cuatro veces, pero murió uno.

Él, que ha sido saludado por la denominada diosa Fortuna, remarca que la salud es sin duda alguna la unidad que da valor a todos los ceros. Y, además, la cordura, aunque demasiada pueda ser "la peor de las locuras". Reflexiona sobre este último aspecto "con fundamento", pues no en vano Paco estuvo empleado en el psiquiátrico compostelano de Conxo, en el que se ocupaba de todo el mantenimiento.