'Mujeres en la Historia': Isabel Zendal, el ángel de la guarda de la Expedición Filantrópica de la Vacuna

Acompañó y cuidó en una dura travesía a una veintena de niños con los que se iba a probar la vacuna de la viruela

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27 de Marzo 2020 / 10:09 CET

Vacuna

El cuadro 'El Dr. Jenner poniendo su primera vacuna', de Ernest Board

© Wikimedia Commons

Vivimos tiempos difíciles, semanas y lo más seguro meses de una pandemia maldita que se está cebando con España, tanto que nuestro Gobierno ha tenido que recurrir al Ejército para diversas labores fundamentales (limpieza y desinfección de lugares públicos, vigilancia y control de masas, instalación de hospitales de campaña, traslado de materiales, seguridad de infraestructuras críticas,...). Como siempre que se les reclama, nuestros hombres y mujeres de uniforme están dando lo mejor por todos nosotros, con fidelidad y entrega absoluta. Esta misión encomendada a nuestras fuerzas armadas se ha denominado con gran acierto "Operación Balmis", en recuerdo al eminente médico alicantino al mando de la Exposición Filantrópica de la Vacuna que consiguió llevar la vacuna contra la viruela a la América hispana y Filipinas a primeros del siglo XIX. La primera gran misión humanitaria de la historia.

El inglés Edward Jenner había descubierto y demostrado que la viruela bovina, contraida por muchas mujeres al ordeñar, ofrecía una protección inmune contra la variante de ese virus en los humanos, causante de grandes mortandes, así que probó con algunos niños inoculándoles dicha infección como protección contra la viruela. El resultado fue un éxito y pronto se expandió por Europa tan espectacular hallazgo. El término "vacuna" viene de ahí, pues en la vaca encontró el inglés el remedio para el ser humano.

Francisco Javier de Balmis, médico de prestigio y larga carrera a sus espaldas, se puso manos a la obra para convencer a la Corte de que dicho método debía ser puesto en marcha y expandido, sobre todo, al Nuevo Mundo, aquejado de mortíferas epidemias periódicas de viruela que diezmaban a la población.

Logrado el respaldo de Carlos IV, la logística de la expedición se presentaba compleja pues había que contar con niños pequeños e inocular sus brazos con el fluido vacuno para conservarlo vivo en sus organismos y llevarlo asi al otro lado del océano, donde sería traspasado a miles de personas. Eran los más idóneos por su corta edad, no habían sufrido la enfermedad... pero, ¿dónde encontrar a esos pequeños hérores para aventurarse en tamaña aventura de final incierto?

Es aquí donde emerge la figura de Isabel Zendal, de orígenes humildes y campesinos que regentaba la Casa de Expósitos de la Coruña. La gallega tenía bajo su cuidado a varias decenas de niños huérfanos, hijos en su mayoría de madres soteras y pobres que los habían entregado al nacer para su cuidado y educación. Allí llegó Balmis, convenciéndola, no sin dificultades, de la necesidad de contar con algunos de esos chavales.

Operacción Balmis
Parche elaborado por un militar de las Fuerzas Armadas que participa en la 'Operacción Balmis' de la crisis sanitaria del coronavirus©Daniel Arveras

Isabel Zendal cedió al final en sus reticencias a tan peligroso proyecto. Serían 22 pequeños -entre los que estaba su hijo Benito- los que participarían en aquella expedición y ella iría con ellos para cuidarles en todo momento, protegerles, entretrenerles y animarles en los momentos duros que a buen seguro les esperaban por su corta edad, los efectos de la inoculación del virus en sus organismos, la travesía marítima que les esperaba y su llegada a tierras americanas.

Así, el 30 de diciembre de 1803 partía desde La Coruña la corbeta "María Pita" -tampoco estaba mal elegido el nombre del navío- al mando del teniente de fragata Pedro del Barco. En nueve días llegaron a Tenerife, donde fueron recibos con alegrías y agasajos, produciéndose las primeras vacunaciones merced al fluido inoculado en los brazos de varios de los pequeños al poco de zarpar. Dos meses después la corbeta llegaba a Puerto Rico y en marzo lo hicieron a Venezuela, donde prosiguió la vacunación y se extendió de manera masiva.

En mayo de 1804, la expedición se dividió en dos para llegar a todos los rincones de las tierras españolas en América y Asia. Así, Balmis encabezó una parte hacia la Nueva España y posteriormente a Filipinas mientas Salvany hizo lo propio hacia América del Sur.

Zendal, junto a sus niños gallegos, acompañó a Balmis en aquel periplo que les llevó en dos años a Cuba, Merida, Guatemala, Veracruz y México. Posteriormente, con niños mexicanos, se embarcaron hacia Manila. Mientras, el grupo de Salvany continuó su periplo hacia el sur, llevando la vacuna con éxito a Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, Chile, Argentina,... toda la Sudamérica hispana.

Isabel Zendal no regresó a España. Decidió retornar desde Filipinas para quedarse a vivir en México, en Puebla de los Ángeles con su hijo. No se sabe mucho más sobre ella ni acerca de sus últimos años, pero sí debe resaltarse su papel fundamental para alentar a los pequeños en su heroica misión, infundirles valor en las circunstancias más adversas, protegerles en todo momento, mimarles y cuidarles como una madre, darles calor y cobijo,... un auténtico ángel de la guarda de aquellos angelitos que salvaron decenas de miles de vidas.

El propio Edward Jenner, descubridor del método aplicado y expandido al otro lado del océano por Balmis, Salvany, Zendal y sus niños declaró lo siguiente al conocer el éxito de la expedición: "No me imagino que los anales de la historia contengan un ejemplo de filantropía tan noble y tan extenso como este".

PD: mucho ánimo todos. Paciencia, lectura... quédate en casa.

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es "Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias".