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'Infantas españolas': Isabel Fernandina de Borbón, Infanta a la fuga

Desafió los cánones sociales de la época y se casó un aristócrata polaco de escasos medios y mal visto por su familia

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25 de Marzo 2020 / 10:09 CET CRISTINA BARRERIRO / UNIVERSIDAD CEU - SAN PABLO

Isabel Fernandina de Borbón

Retrato de Isabel Fernandina de Borbón pintado por Carlos Luis de Ribera y Fieve en 1860

© Wikimedia Commons

Su relación con el conde Ignacio Gurowski fue la comidilla de la alta sociedad en la Europa de mediados del siglo XIX. Nacida Infanta española, la vida de Isabel Fernandina de Borbón responde a un folletín de la época: juventud en el exilio y fuga con un aristócrata polaco, de escasos medios y mal visto por la familia Borbón-Dos Sicilias. Isabel Fernandina, bella y generosa, desafió los cánones sociales de la época y se casó en la catedral de Dover ante la indignación de su padre, el Infante español, Francisco de Paula. Prima de Isabel II y hermana del Rey consorte Francisco de Asís, terminó sus días en un hotel de París y murió en la pobreza.

Isabel Fernandina de Borbón nació en el Palacio Real de Aranjuez en 1821. Era la hija primogénita de Francisco de Paula y de Luisa Carlota de Nápoles y venía al mundo cuando España comenzaba a marchar por "la senda constitucional". Tras el éxito del pronunciamiento de Riego en Cabezas de San Juan, su tío, Fernando VII aceptaba el liberalismo y el país inauguraba un trienio de libertades que se oponía al absolutismo imperante en Europa. La joven Infanta española creció en el ambiente de la corte, marcado por la conspiración y la "cuestión sucesoria" que ponía sobre el tapete la discutida descendencia del Rey.

La llegada a Madrid de María Cristina de Nápoles –hermana de su madre-, para convertirse en la cuarta esposa del monarca, situó a Isabel Fernanda y a sus hermanos en una posición ventajosa, al entroncar, por ambas ramas, con las nuevas herederas. Al iniciarse la Guerra Carlista en 1833, sus padres se situaron en el bando liberal, aunque desavenencias posteriores con la Regente (la elección de Francisco de Paula como diputado y las críticas de Luisa Carlota a las "relaciones" de María Cristina con el guardia de corps Fernando Muñoz) terminaron con la familia en el exilio. Era 1838 e Isabel Fernandina acababa de cumplir los dieciocho años.

Se establecieron en la Francia de Luis Felipe de Orleans y fue precisamente en París, donde la joven Infanta española conocerá a Ignacio Gurowski, aristócrata de vida licenciosa que iba a conquistar su corazón. Era, según se dice, su apuesto profesor de equitación en las horas de ocio de los Infantes. Duque de Possen y señor de Allendorf, pertenecía a una rimbombante -aunque arruinada- familia polaca y, aunque había estudiado en la Universidad de Varsovia, no contaba con la aprobación de los Borbones.

Isabel Fernandina
Isabel Fernandina se casó, a pesar de la oposición de su familia, con el conde Ignacio Gurowski©Wikimedia Commons

Isabel Fernandina, de carácter aventurero, igual que su hermano don Enrique –vinculado este a la masonería- estudiaba en el convento de Oiseaux, como correspondía a una niña de su rango. Pero, haciendo gala del arrojo que siempre caracterizó a las Infantas españolas, no dudó en protagonizar una fuga de cuento que causó estupor en la rancia sociedad de la época. Rescatada por su conde, huyeron a Inglaterra y se casaron en la catedral de Dover en 1841. Poco después, los nuevos amantes se refugiaron en Bruselas ante el repudio de los suyos.

La pareja tuvo una copiosa descendencia aun cuando pasaron por estrecheces económicas. Alguno de sus hijos llegará a militar en las filas carlistas durante la tercera guerra. Pero las infidelidades del conde, además del carácter bohemio de la Infanta, terminaron con la separación definitiva. Isabel Fernandina regresó a España a comienzos de la década de los sesenta y sabemos, por la correspondencia que se conserva en el Archivo Histórico Nacional, que volvió a tener relaciones cordiales con su familia, lloró la muerte de su prima, la Infanta Pilar, y mantuvo afectuosos encuentros con su hermano, "el Rey consorte" Francisco de Asís, tras el triunfo de la Gloriosa y su exilio en Épinay. La Infanta se estableció definitivamente en París, donde llevó una vida poco acorde con su rango. Pasó los últimos años de su vida en el modesto Hotel Victoria, en el barrio de Antin.

Isabel Fernandina falleció en 1897. El diario monárquico La Época dio cuenta de su muerte: el catafalco –leemos- "ha sido verdaderamente suntuoso y la iluminación, espléndida". Tras una sepultura inicial en la cripta de la Iglesia de San Luis, los restos de la Infanta Isabel Fernandina de Borbón y Nápoles fueron trasladados al panteón del cementerio de Montmatre, propiedad del Rey Don Francisco. Todos los gastos del funeral corrieron a cargo de su hermano.

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