'Mujeres en la historia': María Pacheco, María Coronel y Ana Abarca, las comuneras

Fueron tres mujeres notables de las que mucha menos gente recuerda siquiera sus nombres

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06 de Marzo 2020 / 07:47 CET DANIEL ARVERAS

Doña María Pacheco de Padilla después de Villalar

(La imagen es de un cuadro del Museo del Prado: "Doña María Pacheco de Padilla después de Villalar" (1881). De Vicente Borrás y Mompó.).

© Museo del Prado

Padilla, Bravo y Maldonado... estos tres nombres o mejor dicho apellidos están grabados en la mente de muchos como los principales cabecillas del movimiento comunero que se alzó en Castilla contra los modos, impuestos e imposiciones del nuevo rey Carlos, un extranjero que llegó rodeado de un séquito de nobles y asesores flamencos para hacerse con el poder y cambiar muchas cosas. Los tres fueron ejecutados tras la derrota en Villalar de abril de 1521 y dejaron viudas a tres mujeres notables de las que mucha menos gente recuerda siquiera sus nombres.

María Pacheco, apodada "la leona de Castilla", es la única que se ha salvado un tanto del olvido, ya que dio sobradas muestras de su dignidad, coraje y valentía tras la trágica muerte de su esposo Juan de Padilla. Hija del conde de Tendilla y sobrina del marqués de Villena, fue una mujer culta y con una elevada educación recibida en el noble y refinado entorno en el que se crió. Entró en la Historia con nombre propio cuando, ejecutado su esposo en Villalar, aglutinó bajo su mando a los partidarios de los comuneros para resistir en la ciudad a orillas del Tajo, plantando cara durante meses a las tropas del rey. De hecho, se dice que llegó a apuntar los cañones del alcázar contra quienes querían capitular prematuramente. Su actitud firme y disposición a no rendirse sin pelear hasta la muerte hizo que se firmara una tregua entre ambos bandos en octubre de 1521 por la que los comuneros salieron del alcázar conservando sus armas y propiedades.

Aquella pausa en las hostilidades no duró mucho, pues las tensiones y trifulcas eran constantes. Finalmente, tras los violentos enfrentamientos de inicios de febrero de 1522, Toledo cayó en manos de las tropas del rey pero sin lograr la rendición o captura de María Pacheco. Ella pudo huir aprovechando la confusión. Acabaría refugiada en Portugal gracias a la ayuda de sus familiares y el amparo que le dio el rey luso Juan III, quien se negó a entregarla. María había sido condenada a muerte en rebeldía en 1524 y nunca fue perdonada. María Pacheco, la orgullosa viuda de Juan de Padilla, moriría en Oporto en 1531.

Toledo debería contar con una escultura en homenaje a esta brava mujer. Su marido Juan de Padilla ya la tiene... espero que pronto se le una su amada esposa. Sería ahora el mejor momento para ello, precisamente cuando se cumplen los 500 años de la Guerra de las Comunidades que tuvo lugar entre 1520 y 1521.

María Coronel, nieta del poderoso judío converso Abraham Seneor, fue la segunda esposa de Juan Bravo tras quedar viudo de Catalina del Río en 1515. María y Juan contrajeron matrimonio en el pueblo segoviano de Bernardos el 6 de agosto de 1519, lugar de uno de los predios del rico linaje familiar de la esposa. Sus antepasados habían prestado grandes servicios financieros a varios monarcas castellanos como Enrique IV y también a los Reyes Católicos. En 1492 se convirtió Abraham al cristianismo y obtuvo título de hidalguía, mudando su apellido por el de "Coronel". La que fue su casa en Segovia es hoy el Centro Cultural Sefardí.

No llegó a dos años la duración de aquél enlace del que nacieron tres hijos y sobrevivieron dos, pues en abril de 1521 el capitán Juan Bravo era también ajusticiado en Villalar. La familia de la viuda María sufrió las consecuencias de su relación con el capitán comunero y varios fueron desterrados y confiscados sus bienes. Ella se refugió en sus propiedades en torno a Bernardos y Segovia, contrayendo segundas nupcias en 1525 con Fadrique de Solís. Debe apuntarse que Juan Bravo era primo carnal de María Pacheco, lo que unió aún más a Bravo y Padilla en su causa y triste destino.

Ana Abarca fue la esposa del tercero de los célebres comuneros, Francisco Maldonado. Regidor de Salamanca, Francisco se unió pronto y de manera entusiasta al movimiento castellano junto a su primo Pedro. Era Ana hija del conocido "médico de la Reina", Fernán Álvarez Abarca. Doctor y eminente profesor de medicina, prestó sus servicios a la reina Isabel y, tras su muerte, a la reina Juana. Además ocupó la cátedra de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca. Su palacio, la casa de los Abarca, es hoy Museo de Salamanca.

Cuando Francisco Maldonado fue ajusticiado en Villalar y requisados todos sus bienes, la viuda Ana tuvo que refugiarse en el palacio de sus padres. Gracias a las influencias y empeño de su progenitor pudo recuperar meses después los restos de su esposo para enterrarlos en la cercana iglesia del convento de San Agustín. También se le restituyó parte de su patrimonio incautado.

En sus años de viudedad y retiro, Fray Luis de León la visitó con frecuencia, convirtiéndose en su consuelo espiritual. La obra del religioso "La Perfecta casada" pudo inspirarse en la existencia resignada de aquella mujer que vivió retirada del mundo y recordando a su esposo muerto en los campos de Castilla.

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es "Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias".