1. home
  2. /Noticias

'Mujeres en la historia': Marcela, la hija poeta de Lope de Vega

Encomendó su vida a una tranquila y reposada existencia en el convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, donde desarrolló su actividad poética

3 Minutos de lectura
Sor Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo pasar el entierro de Lope de Vega, su padre

Cuadro "Sor Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo pasar el entierro de Lope de Vega, su padre" (1862), de Ignacio Suárez Llanos

© Museo del Prado

Don Féliz Lope de Vega Carpio (1562-1635) tuvo una vida de película, intensa y apabullante, repleta de aventuras y desventuras de todo tipo. Por encima de todo se entregó con todo su ser a dos grandes pasiones: la escritura y las mujeres. El "Fénix de los ingenios", el "monstruo de la naturaleza" compuso centenares de obras y composiciones de casi todos los géneros vigentes en su tiempo, destacando los cientos de comedias en una actividad febril y constante que nos dejó una obra inmensa. La frase "es de Lope" bastaba para identificar y alabar la representación en curso.

No le fueron a la zaga sus múltiples aventuras y relaciones amorosas. Siempre rodeado de actrices de teatro y de gentes diversas, se casó dos veces y tuvo numerosas amantes. No exagero si les comento que es misión casi imposible conocer cuantas mujeres amó y tuvo entre sus brazos, aunque les aseguro que fueron muchas. Este "don Juan" tuvo quince hijos -muchos ilegítimos- que están documentados y, seguramente, unos cuantos más de los que no han quedado registros o referencias ciertas.

De una de sus relaciones más conocidas y prolongadas en el tiempo nació en Toledo su hija Marcela en 1605, quien seguiría sus pasos más adelante en la actividad poética. Fue fruto de su relación con Micaela de Luján, actriz y mujer casada con esposo ausente en el Perú, que sería mencionada por Lope en sus versos como "Luscinda" o "Camila Lucinda". Como él estaba también casado en segundas nupcias con Juana de Guardo, la pequeña Marcela fue bautizada como "hija de la tierra", fórmula habitual para los hijos sin padres conocidos, es decir, ilegítimos.

Con Micaela, Lope de Vega tuvo otros cuatro hijos en una relación que duró más de una década. La pequeña Marcela, dado su origen, se crió los primeros años en casa de una criada llamada Catalina hasta que en 1613 pasó a vivir junto a su padre. Por entonces había muerto ya su segunda esposa Juana de Guardo y poco tiempo después también fallecía la madre de Marcela, la bella Micaela.

Un viudo y cincuentón Lope de Vega, apesadumbrado por las recientes desgracias familiares y una crisis de conciencia, decidió hacerse sacerdote poco después, en 1614. Pese a su nueva condición, ello no impediría que siguiera teniendo devaneos amorosos y aventuras, la más célebre con Marta Nevares. La pequeña Marcela, con dieciséis años de edad, buscando quizás un entorno alejado de la vida disoluta y desordenada de su padre que presenciaba en su propio hogar, encomendó su vida a una tranquila y reposada existencia en el convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid.

trinitarias
VER GALERÍA
El convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid ©Daniel Arveras

Allí permanecería hasta su muerte, dedicada a la oración y a múltiples ocupaciones relacionadas con la gestión del convento. Así, fue maestra de novicias, refitolera -encargada del refectorio-, gallinera, provisora y varias veces madre superiora. Pero la hija preferida del genial autor también heredó el gusto y la afición por las composiciones poéticas. Entre sus ocupaciones diarias dejaba siempre un hueco para la escritura y la creación de un buen número de diferentes obras, sobre todo de temática religiosa.

La lástima es que, por consejo de un confesor que veía en sus escritos posibles y peligrosas tentaciones para la vida monacal, decidiera quemar y deshacerse de muchas de ellas, perdiéndose para siempre. Aún así, se han conservado algunos romances, seguidillas, loas, un villancico,... y seis obras teatrales denominadas "Coloquios espirituales". En todas ellas, la hija del "Fénix de los ingenios" dejó palpables muestras de su heredado y elevado don con la pluma.

placasormarcela
VER GALERÍA
Una placa recuerda a sor Marcela en la madrileña calle de Huertas, a espaldas del citado convento ©Daniel Arveras

Padre e hija siempre mantuvieron una especial y afectiva relación. De hecho, el propio nombre que como religiosa adoptó, Sor Marcela de San Félix, es muy indicativo de ese amor. Cuando Félix Lope de Vega murió en 1635, su cortejo fúnebre se convirtió en todo un acontecimiento en la villa y corte. Por petición de su hija Marcela, la procesión pasó junto a las Trinitarias para que ella pudiera así despedirse de su afamado progenitor desde una reja del convento de clausura. Es el momento que reflejó el pintor Ignacio Suárez Llanos en el cuadro que ilustra este artículo.

La hija poeta del más grande poeta de nuestro Siglo de Oro falleció en 1687 en el mismo lugar que eligió desde jovencita para pasar el resto de sus días. Allí encontró la paz y tranquilidad que anhelaba. Les dejo con algunas estrofas de su romance "A la Soledad"...

¡Ay Soledad deseada

de mi alma, y pretendida!

Cada vez que te experimento,

tengo de ti más estima.

¡Oh si gozara de ti

lo que durara mi vida

a quien triste muerte llamo

si tu presencia querida!

¡Quién hablará dignamente,

con lengua humana y tardía,

de tus grandes perfecciones,

agrado y soberanía!

¡Qué de santos engendraste

en ti, con vida divina!

En frágil barro vivieron

innumerables cuadrillas.

La pureza, la oración,

la contemplación divina,

tus hijas son, Soledad,

de ti nacen, tú las crías.

¡Qué virtud no se alimenta

con tus pechos y caricias,

quién deja de estar contento

si te busca y te codicia?

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es "Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias".