Infantas españolas: Luisa Fernanda, solícita y fiel

Familiar en el trato y cariñosa con los suyos, la muerte prematura de cinco de sus hijos la sumió en una suerte de oscurantismo del que solo las prácticas religiosas y las obras de caridad consiguieron sacarla a flote

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


Tímida, introvertida, prudente y fiel a su marido. Con estas referencias pocos pensarían que estamos hablando de Luisa Fernanda de Borbón, la hermana menor de Isabel II, cuya personalidad contradice, en todo, los rasgos que definieron el carácter de esta Infanta Española. Fue durante muchos años, heredera del trono de España, aunque las circunstancias derivadas de la Primera Guerra Carlista hicieron que jamás fuese proclamada Princesa de Asturias. Morena, peinada con raya en medio, de ojos oscuros y porte señorial, sirvió los intereses políticos del duque de Montpensier, lo que la llevó a un claro distanciamiento de la Reina. Familiar en el trato y cariñosa con los suyos, la muerte prematura de cinco de sus hijos - y el fallecimiento de Antonio de Orleans en 1890- la sumió en una suerte de oscurantismo del que solo las prácticas religiosas y las obras de caridad, consiguieron sacarla a flote.

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María Luisa Fernanda de Borbón, por Federico de Madrazo y Küntz (Wikimedia Commons)

Su vida estuvo marcada por los pronunciamientos y las revoluciones que protagonizaron el siglo XIX. La muerte de su padre en 1833, provocó el inicio de la Primera Guerra Civil Carlista, y el fin de esta, la salida de España de su madre, María Cristina de Nápoles. Criada por tutores y preceptores, muy aficionada al piano –su hermana Isabel lo era al canto- y poco amante de la cultura clásica, Luisa Fernanda supo desde niña que su existencia estaba relegada a un papel secundario. Sin embargo, su papel como joven casadera en el plano internacional, la convirtió en un preciado botín para los franceses. Cierto que Luis Felipe de Orleans, todavía Rey de Francia, quiso ver en la adolescente Infanta española la posibilidad de un trono para el menor de sus hijos. Y todo apuntaba que así sería cuando se concertó su matrimonio con Antonio, Duque de Montpensier. El casamiento tuvo lugar en Madrid el 10 de octubre de 1846 y desde entonces, la vida de Luisa Fernanda estuvo marcada por las circunstancias de una Europa convulsa.

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La joven pareja se instaló inicialmente en París; el palacio de Tullerias y los castillos de Vincennes y Randán, en Auvernia, fueron las residencias del matrimonio hasta que la Revolución del 48, terminó con la monarquía liberal en Francia y los Orleans en el exilio. Breve temporada en Bruselas con destino a Gran Bretaña, pero la Reina Victoria y su gobierno, decidirían enviarlos de nuevo a España. En Madrid, las discrepancias con su hermana no se hicieron esperar: el mal rumbo político de la monarquía isabelina, en esa España de espadones en la que los nombres de Narváez, Espartero, O´Donnell o González Bravo abrían cada día los corrillos políticos, desestabilizaron el rumbo de un régimen abierto a las corruptelas y el favor.

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La infanta Luisa Fernanda de España, Duquesa de Montpensier, retratada por el pintor Franz Xaver Winterhalter (Wikimedia Commons)

Luisa Fernanda y Montpensier se instalaron en Sevilla, abrieron su particular corte en San Telmo, a orillas del Guadalquivir, y se rodearon de las personalidades más destacadas de la cultura y arte andaluz. Desposeídos ya de la fortuna de los Orleans, Luisa Fernanda hizo valer su testamentaría como heredera del difunto Fernando VII. Pero el afán de poder del Duque y su proximidad a los sectores revolucionarios abanderados por el general Serrano, los llevaron a un segundo exilio en Lisboa.

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La Revolución del 68 amenazaba la corona de Isabel y era mejor mantener a los Montpensier lejos del poder. Luisa Fernanda, incluso en esos momentos de divisiones fraternales, se mostró siempre como esposa solícita y fiel. El triunfo de la Gloriosa devolvió a la real pareja a España en su afán de conseguir los votos suficientes en esa especie de tómbola en la que se había convertido el país. Pero la victoria de Amadeo de Saboya y su negativa a reconocer la nueva situación –amén de un desafortunado duelo por honor- devolvió a los Orleans-Borbón a Francia. Fracasado su intento de hacerse con la corona por la vía revolucionaria, la familia se unió en el reconocimiento al joven Príncipe Alfonso como candidato al trono de España. Cánovas tomaba las riendas en lo que era el inicio de la Restauración.

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Los duques de Montpensier y sus hijos en los jardines del Palacio de San Telmo, en Sevilla (Wikimedia Commons)

Ya en España y proclamado Rey Alfonso XII, la Infanta Mercedes –hija de Luisa Fernanda- se convertía en Reina. Sin embargo, Isabel II, aunque en el exilio, no asistiría a la boda de su hijo: jamás le perdonaría que se hubiese casado con una Montpensier. Era el año 1878 y la tragedia volvía a golpearles con la muerte, en plena juventud, de la joven. Sólo las obras de caridad, su devoción a la Virgen de Regla, en Chipiona, la del Rocío, el Almonte y las visitas de su amiga “Fernán Caballero”, aliviaron el sufrimiento de Luisa Fernanda. Una Infanta española que antepuso su vida familiar a las circunstancias políticas de un tiempo marcado por la Revolución.