Infantas españolas: Luisa Fernanda, una vida marcada por la conspiración

Hija, hermana, nuera y madre de Reina, nunca llegó a ver a su esposo, el Duque de Montpensier, en el trono

3 Minutos de lectura

19 de Febrero 2020 / 11:04 CET CRISTINA BARREIRO, UNIVERSIDAD CEU - SAN PABLO

Infanta Luisa Fernanda de Borbó

La Infanta Luisa Fernanda de Borbón en un retrato de Federico Madrazo (Wikimedia Commons).

© Wikimedia Commons

Hija, hermana, nuera y madre de Reina. Sin embargo, Luisa Fernanda -la segunda de las hijas de Fernando VII y María Cristina de Nápoles- nunca llegó a ver a su esposo en el trono. Casada con el conspicuo Antonio de Orleans, Duque de Montpensier, su vida estuvo marcada por los exilios provocados por las continuas conspiraciones de su marido contra Isabel II. Instalada en Andalucía, creó una corte paralela en Sevilla, donde los bailes, las tertulias y las veladas musicales, muy al estilo burgués de la época, hicieron de su familia un referente en la vida social de la provincia.

Dueña de la mitad del Museo del Prado (entonces Museo Real) por herencia directa de su padre, vendió su parte de la colección a la Reina para que no se desperdigase este ingente patrimonio cultural. Ya viuda, cedió a los sevillanos los jardines de su residencia de San Telmo, desde entonces convertidos en el Parque de María Luisa. Pero la muerte prematura de muchos de sus hijos, llenó de tristeza la vida de esta Infanta española.

Luisa Fernanda nació en el Palacio Real en 1832. Era la segunda hija del monarca Fernando VII y su alumbramiento reabría el delicado asunto de la sucesión. El nacimiento de otra niña -apenas un año antes había venido al mundo Isabel- ponía en entredicho las pretensiones de su tío Carlos María Isidro respecto a la abolición, o no, de la Ley Sálica.

La muerte del monarca vino acompañada del inicio de una Guerra Civil (la primera Guerra Carlista) que marcará la infancia de las hermanas. María Cristina trató de atraer a su causa el favor de los liberales, pero la situación política y personal a la que se enfrentaba era delicada: la Regente trataba de hacer frente a las disputas internas entre moderados y progresistas, al tiempo que iniciaba una relación amorosa con el guardia de corps, Fernando Muñoz. Isabel y Luisa Fernanda crecieron con poco cariño materno, especialmente desde el momento en el que María Cristina partió al exilio, ya terminada la guerra y tras el triunfo de la facción esparterista. Reina e Infanta se quedaron en Madrid al cuidado, entre otros, de Agustín de Argüelles y doña Juana de Vega.

Luisa Fernanda creció con salud y se convirtió en una jovencita de ojos oscuros, tímida y retraída, magistralmente retratada por Federico de Madrazo en una de sus mejores obras. La proclamación, adelantada, de la mayoría de edad de Isabel II y los equilibrios de las chancillerías internacionales, hicieron que pronto se convirtiera en una importante baza matrimonial.

antonio_orleans-wiki
VER GALERÍA
Monumento a la Infanta María Luisa en el parque que lleva su nombre en Sevilla (Wikimedia Commons).©Wikimedia Commons

 El doble matrimonio, se celebró el 10 de octubre de 1846: Isabel se casaba con su primo, el delicado Francisco de Asís, mientras que Luisa Fernanda lo haría con Antonio de Orleans, Duque de Montpensier e hijo menor del todavía Rey de Francia, Luis Felipe. Las jóvenes tenían dieciséis y catorce años respectivamente. Desde entonces, la vida de Luisa Fernanda estará marcada por las continuas conspiraciones de su esposo, en su afán de llegar a sentarse en el trono de España.

Los primeros años del matrimonio los pasaron en París, aunque el inicio de la revolución que terminó con la monarquía francesa y las barricadas en el Palacio de las Tullerías, los llevaron, en un primer exilio, a Bruselas tras una rocambolesca huida en la que la Infanta española dio muestra de la fortaleza patria. Se instalaron después en Londres, ciudad en la que se había refugiado el depuesto "rey burgués" y finalmente llegaron a España en 1850. Pero los problemas no habían hecho más que comenzar.

paraquemarialuisa
VER GALERÍA
Antonio de Orleans, Duque de Montpensier, en un retrato pintado por Federico Madrazo y que se conserva en el Palacio Real (Wikimedia Commons).©Wikimedia Commons

La pareja fue feliz en su vida familiar pero las rivalidades con Isabel y el turbio ambiente político que se respiraba en esa España romántica, llevaron a enfrentamientos continuos en la corona. Las críticas de Montpensier a su cuñada Isabel por su deseo desmedido de sustituirla en el trono, los obligaron a trasladarse a Sevilla. Gracias a la fortuna de la Infanta, compraron el Palacio de San Telmo, además de terrenos y residencias en las vecinas Villamanrique de la Condesa y Sanlucar de Barrameda en la provincia de Cádiz. Sus hijos –entre ellos la llorada Mercedes- crecieron entre plantaciones agrícolas y el cultivo de naranjas al tiempo que el duque, recibía con falso halago, los apelativos de “naranjero” o “hinchado pastelero francés” con los que era conocido por los vecinos y la Prensa.

Pero su afán de poder, le llevó a implicarse en los preparativos de la Revolución de Septiembre que terminó con el reinado de Isabel II. El matrimonio Montpensier recibió la noticia del triunfo de la Gloriosa en Lisboa, ciudad a la que habían partido por orden expresa del gobierno en una suerte de exilio adelantado. Desde entonces, Antonio de Orleans creyó ver cerca el trono de España. Pero se equivocaba. Su rivalidad con Prim, el hombre fuerte de la época, y, sobre todo, el fatídico duelo contra el Infante don Enrique, de tendencia marcadamente liberal (era a su vez hermano del Rey depuesto Francisco de Asís y primo, por tanto, de Luisa Fernanda), terminaron con sus pretensiones regias. Amadeo de Saboya lo mandó al exilio y la familia se estableció en el Palacio de Randan, en plena Auvernia francesa. En estos paisajes, el futuro Alfonso XII se enamoró de su prima Mercedes.