'Infantas españolas': Pilar de Borbón y Borbón, la hija de Isabel II que pudo ser Emperatriz de Francia

Pasó gran parte de su vida en el exilio y falleció de forma repentina cuando apenas tenía 18 años

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


Murió joven. Es la menos conocida de las hijas de Isabel II pero pudo convertirse en Emperatriz de los Franceses si la historia, y el destino, hubiera discurrido de manera diferente. Su infancia estuvo marcada por el exilio y su primera juventud, por el regreso a España bajo la tutela de su hermano el Rey Alfonso XII. Culta, refinada y muy cristiana, sus contemporáneos la consideraron la más bella de las hijas de la Reina. La Infanta Pilar soñó con emparejarse con Napoleón Luis Eugenio Bonaparte, príncipe imperial, pero una repentina meningitis mientras descansaba con su familia en el balneario de Escoriaza (Guipúzcoa) terminó con su vida. Tenía apenas dieciocho años.

Infanta Pilar de Borbón y Borbón

Culta, refinada y muy cristiana, sus contemporáneos la consideraron la más bella de las hijas de la Reina Isabel II (Biblioteca Nacional de España / Wikimedia Commons). 

La Infanta Pilar nació en el Palacio Real de Madrid en 1861. En esos días Leopoldo O ´Donnell, al frente de su flamante Unión Liberal, presidía un gobierno cuya principal preocupación era la Guerra de Marruecos. Como todos los partos de Isabel II había sido largo. En la espera se murmuró mucho sobre la paternidad efectiva de la niña, aun cuando Francisco de Asís la presentase, como era costumbre, en bandeja de plata. 

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Creció con su hermana Isabel y bajo la atenta vigilancia de la Reina que, pese a su carácter pasional, fue siempre una madre cariñosa. Pronto la acompañó una nueva hermana, la Infanta Paz. Apenas se llevaban un año y su relación fue siempre muy estrecha. Ambas, se dice, eran hijas biológicas de Miguel Tenorio, quien en esos tiempos ocupaba el corazón de la Reina. Las niñas compartían dormitorio y juntas se encontraban cuando, en San Sebastián, se enteraron del triunfo de la Revolución de septiembre. 

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La Gloriosa terminó con toda la Familia Real en el exilio. En tren partieron hacia Francia y fueron acogidos por Napoleón III y Eugenia de Montijo, la granadina que se había convertido en Emperatriz de los Franceses. Por gentileza de los soberanos se instalaron temporalmente en Biarritz, aunque su destino final sería París. Isabel II acondicionó una residencia en los Campos Eliseos al que hizo llamar su "Palacio de Castilla"

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Las infantas españolas comenzaron una vida más libre, con otras niñas, en el colegio del Sagrado Corazón, en la rue Varennes, lo que para ellas fue una novedad. La tranquilidad duraría poco: la derrota francesa en Sedán frente a los prusianos, desencadenaba un nuevo traslado de la familia. El Segundo Imperio había dejado de existir. El destino los llevó a Ginebra. Era el año 1870 y la Infanta Pilar vería aquí, por vez primera, la nieve. Tras la disolución de la Comuna, Isabel II y sus hijas volvieron a París. Desde entonces y bajo la firme dirección de Antonio Cánovas del Castillo, comenzaban a darse los pasos para la Restauración.

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La Infanta Pilar quedó destrozada tras la muerte de Luis Eugenio Bonaparte (Biblioteca Nacional / Wikimedia Commons). 

Eran las navidades de 1874 cuando Martínez Campos en Sagunto proclamaba Rey a Alfonso XII. En un caballo blanco, el joven Rey haría su entrada triunfal en Madrid. Le acompañaba su hermana Isabel, la Chata, mientras que las pequeñas de la familia permanecieron temporalmente en Francia. La situación debía estabilizarse. No fue hasta un año después cuando las Infantas Pilar y Paz regresaron a España, con el dolor de la despedida de su madre. Por razones políticas debía, por el momento, alejarse de la Corte. Aficionada a la música, el arpa –igual que Isabel II- y a las lecturas de Lamartine, la Infanta Pilar vivió con entusiasmo el matrimonio de Alfonso XII con su prima Mercedes de Orleans. Ella esperaba su momento. 

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Mucho había escuchado desde niña, la posible conveniencia de su matrimonio con el joven Luis Eugenio Bonaparte, único hijo de Napoleón III. Las madres estaban entusiasmadas ante esta posibilidad, aunque con los Emperadores también en el exilio inglés, la proximidad de un trono se hacía lejana. Pero el aventurero príncipe imperial, se había enrolado en el Ejército colonial y perdería la vida en combate frente a los zulúes en territorio africano. 

La Infanta Pilar estaba destrozada. Sus hermanos organizaron una temporada de descanso en el guipuzcoano balneario de Escoriaza. Las aguas, pensaron, le vendrían muy bien. Viajó en compañía de la Infanta Paz. Pero tenía muy mal color. Una meningitis tifoidea terminó con su vida mientras estaban en tierras vascas. Sus restos descansan en el Monasterio del Escorial. Se dice que la Emperatriz Eugenia envió una corona de flores de la tumba de su hijo. Apenas habían pasado tres meses desde la muerte de su amado.