'Mujeres en la Historia': Teresa Romero, sus hermanas y la Inquisición en Nueva España

Estas mujeres fingían apariciones sobrenaturales, dolencias y signos extraños, para sacar provecho

por Daniel Arveras /


El caso de Teresa Romero no fue el único pero sí uno de los más significativos que se produjeron en la Nueva España referente a personas laicas que aparentaban una extrema y heterodoxa religiosidad, ya que también afectó a tres de sus hermanas, siendo todas juzgadas por la Inquisición. ¿Su delito? Básicamente fingir lo que no era, una beata que sufría apariciones sobrenaturales, dolencias y signos extraños, para sacar provecho de ello engañando a mucha gente de la que recibía limosnas y presentes, además de ocultar de paso una vida licenciosa.

Escudo del Tribunal de la Santa Inquisición

Escudo del Tribunal de la Santa Inquisición (Wikimedia Commons).

Se hacía llamar Teresa de Jesús y era hija de una modesta pareja criolla. Su padre, Juan Romero Zapata, era labrador y su madre pronto falleció. Vivían en Tepetlaoxtoc hasta que se trasladaron a la ciudad de México, donde la Inquisición la detuvo al recibir múltiples denuncias sobre la conducta de Teresa (32 testigos participaron contra ella y sus hermanas).

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Fue en Tepetlaoxtoc donde la joven comenzó con su farsa, como ella misma terminó de confesar en el proceso seguido contra su persona y la de sus hermanas. Adoptó el hábito de beata del Carmen y, tal y cómo el fiscal argumentó para proceder a su arresto... 

“... trataba de revelaciones llenas de cosas increíbles y contra toda buena teología, con proposiciones expresamente heréticas engañando a muchísimas personas, vendiéndose por espiritual, afirmando tener dichas revelaciones del cielo, y pláticas muy de ordinario con Jesucristo Nuestro Señor y con su Santísima Madre la Virgen María Nuestra Señora y con otros muchos santos de la Corte Celestial, en cuyos nombres daba respuestas a diversas cosas que le preguntaban diferentes personas que la tenían por santa, trayéndolas engañadas porque la regalasen y la diesen dádivas, aprovechándose por este camino de sus haciendas, recibiéndolas con título y nombre de limosnas; y comer y beber esplendísimamente...”

Teresa fingía llagas, ausencia del habla, ayunos, raptos, rigidez del cuerpo y extremidades, posturas forzadas,... así como milagrosas y súbitas recuperaciones de dichas dolencias. En el proceso reconoció que se trataba de un burdo engaño. Su vida en Tepetlaoxtoc no era precisamente virtuosa o beata, pues su casa familiar era un lugar de juego y malos hábitos y allí se amancebó con un indio del que quedó embarazada estando ya en México. La familia trató de ocultar dicho estado e incluso dejaron al niño en la casa de un vecino para que fuera acogido por éste.

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Como Teresa confesó luego, ese fue otro factor que influyó en su proceder... “quería que la tuviesen por santa y por encubrir sus flaquezas y maldades, y no las creyesen ni acaso tuviesen noticia de ellas”. También admitió querer emular a su hermana Josefa, quien había sanado de una enfermedad, entraba en trance, tenía visiones y apariciones y se hacía llamar Josefa de San Luis Beltrán. Otras dos hermanas, María y Nicolasa, seguirían a ambas en sus delirios, visiones, raptos y demás manifestaciones de sus supuestas condiciones de beatas.

En realidad, así lo juzgó el tribunal del Santo Oficio, todo parecía ser un gran fraude cometido por aquellas mujeres, movidas por la imitación de Josefa, y en parte alentadas por su padre, un viudo buscavidas que vio en los hechos extraordinarios de sus hijas un medio del que vivir de una manera desahogada. De hecho, otro motivo que apuntó Teresa en su defensa fue, quizás para dar pena al tribunal, “... que la tuviese amor el dicho Juan Romero Zapata, su padre, que la aborrecía”.

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Durante el proceso, Teresa se retractó y contradijo en diversas ocasiones. Reconocía la mayoría de sus fingimientos y patrañas pero no todos, pues seguía afirmando tener visiones sobrenaturales e incluso demoniacas. Finalmente, la Inquisición la mantuvo en prisión unos diez años y la condenó a doscientos azotes -de los que fue perdonada por su mala salud- y a servir otros diez años en un hospital. Fue expuesta al escarnio público el 20 de noviembre de 1659.

En cuanto a sus hermanas, corrieron distinta suerte durante el juicio del mismo caso: Josefa murió en la cárcel dos años antes, en noviembre de 1657; y María falleció en un hospital. Por último, Nicolasa fue penitenciada en octubre de 1656.

Numerosos procesos inquisitoriales, tanto en España como en América, se conservan hoy en día con todo lujo de detalles: acusaciones, testimonios de los testigos y de los acusados, pruebas, recursos, penas y castigos, multas,... Aquél tribunal era extremadamente minucioso en sus procedimientos y, en contra de lo que se cree, mucho más garantista que los propios tribunales civiles. Muchos preferían ser juzgados por el Santo Oficio pues incluso sus cárceles, dentro de lo que eran en aquellos tiempos, ofrecían mejores condiciones al reo. Mucha leyenda negra hay sobre la Inquisición pero, háganme caso, sus procesos eran mucho más justos y, la mayoría de sus sentencias, mucho menos duras de lo que se quiere hacer ver.

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'Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México' de Toribio Medina e “Inquisición y Sociedad en México 1571-1700” de Solange Alberro han sido dos de los libros consultados para trasladarles esta curiosa historia de las cuatro hermanas: Teresa, Josefa, María y Nicolasa.

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”.