'Infantas españolas': el viaje a Cuba de la infanta Eulalia

Fue el primer miembro de la Familia Real española en visitar tierras americanas

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08 de Enero 2020 / 00:00 CET CRISTINA BARREIRO, UNIVERSIDAD CEU - SAN PABLO

Infanta Eulalia

Fue el primer miembro de la Familia Real española en visitar tierras americanas.

© Wikipedia

Fue el primer miembro de la Familia Real española en visitar tierras americanas. La Infanta Eulalia -hija menor de Isabel II y hermana de Alfonso XII- llegó a Puerto Rico y Cuba cuando todavía eran colonias españolas, aunque ya en días de revueltas que aventuraban aires de insurrección en las Antillas. Desde entonces solo el malogrado Alfonso de Borbón y Battemberg -ya despojado del título de Príncipe de Asturias y convertido en conde de Covadonga-, su hermano menor don Juan en 1948, el emérito don Juan Carlos y el Rey Felipe VI, han visitado la isla del Caribe, que durante mas de cuatro siglos fue una de las perlas mas preciadas del imperio colonial español.

Era el año 1893 cuando la Infanta Eulalia de Borbón se dispuso a cruzar el Atlántico en la que sería la primera visita de Estado de un miembro de la Familia Real española a territorios americanos. En esos días, la Regencia de María Cristina de Habsburgo tenía que hacer frente a una ofensiva anarquista que comenzaba a sembrar de terror los campos y ciudades mientras los regionalismos periféricos de corte catalán, vasco y gallego, ganaban simpatías entre los españoles. Sagasta y Cánovas del Castillo todavía se disputaban los gobiernos turnistas de la Restauración viendo como cada vez se alzaban con voz mas potente los gritos a favor de la independencia colonial.

En ese contexto y en una corte mayoritariamente femenina (Alfonso XIII contaba con apenas siete años) la Infanta Isabel, la Chata, podía parecer la designada para encabezar esta primera comitiva regia en representación institucional. Sin embargo, su carácter excesivamente protocolario y la intachable rigidez política de la cuñada de la Regente, hizo que la balanza se inclinase hacia la bella Eulalia: joven, contaba con apenas 28 años, sin duda atractiva y con muchas mas posibilidades de apaciguar el carácter siempre festivo de los caribeños.

Pero Eulalia no era una mas. Aunque ya casada -e infeliz- con su primo Antonio de Orleans, la Infanta española decidió informarse de la verdadera situación de la isla antes de emprender su viaje y llegó a entrevistarse en Madrid con el líder insurrecto cubano, General Calixto García. El encuentro sentó como un jarro de agua fría entre los férreos partidarios de la unión.

María Eulalia de Borbón y Borbón
María Eulalia de Borbón y Borbón, infanta de España, pintada por Carlos I de Portugal.©Museo del Prado

La expedición Real (integrada por el duque de Orleáns, el duque de Tamames y de Veragua, la marquesa de Arco Hermoso, una dama de honor y como secretario particular, don Pedro Jover) partió del puerto de Santander e hizo escala en las islas Canarias que por vez primera recibían también la visita de personas de la Casa Real.

Llegaron a San Juan de Puerto Rico el 5 de mayo de 1893 aunque el foco de interés de la visita estaba en La Habana. Eulalia, siempre atrevida, retó a propios y extraños al desembarcar del crucero, con un delicado vestido de satén azul y blanco ribeteado con una cinta de terciopelo rojo. Eran los colores de la bandera de los mambises que causó máxima sorpresa entre las autoridades civiles y militares que la recibían en el muelle. O al menos, así se lo relató a la Reina Isabel, exiliada en París, en las cartas que casi a diario le fue remitiendo dando cuenta de sus sensaciones en la isla.

La Prensa cubana se volcó con su distinguida huésped y son múltiples las informaciones que podemos leer en 'La Habana elegante' o 'El Diario de la Marina' sobre la buena impresión que la Infanta causó entre la sociedad criolla galante y hacendada. Pero Eulalia, intuitiva, percibió desde el primer momento los aires levantiscos de una revolución en ciernes. Le pareció que estaba todo perdido. Bailes, un programa de visitas a una fábrica de tabacos, un hospital y múltiples recepciones la hicieron sospechar “que nuestra causa estaba perdida definitivamente”.

Eulalia de Borbón dejó Cuba el 17 de mayo para continuar su viaje hacia Estados Unidos, donde sería recibida por el presidente Cleveland con motivo de las conmemoraciones organizadas por el cuarto centenario del descubrimiento de América. Visitó Nueva York, Washington y también Chicago, donde fue la invitada de excepción de la Exposición Universal que se estaba celebrando.

Regresó a España a finales de mes. Terminaba un viaje exitoso del que embajadores y políticos alabaron la innata capacidad diplomática de la española. Sin embargo, faltaba poco para que se cumplieran las profecías de la Infanta: en 1895 comenzaba una guerra que terminaba con la independencia de isla en 1898. Era el comienzo del “desastre” y el hundimiento del Maine, la puntilla para un año trágico en la historia española. Se iniciaba también el particular calvario para Eulalia que, oficialmente separada de su marido y tras el fallecimiento de su madre en París, se vió progresivamente relegada de sus tareas institucionales y siempre incomprendida por la todavía rígida Corte española de Alfonso XIII.