Infantas españolas: 'La Chata', primero Infanta y luego mujer

Isabel de Borbón, la primogénita de Isabel II, siempre tuvo claro que su papel estaba al servicio de la Institución

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


El carácter cercano y próximo de Isabel de Borbón, ha ensombrecido el profundo amor a las artes que la Chata demostró a lo largo de su vida. Mecenas de la música, impulsora de las tertulias literarias -que había conocido de la mano de Eugenia de Montijo- y su afición a la fotografía, son otras de las cualidades de esta Infanta española. Aunque se ganó desde niña el cariño de un pueblo que la identificaba con los gustos castizos, las verbenas populares, los toros y el folclore patrio, la primogénita de Isabel II siempre tuvo claro que su papel estaba al servicio de la Institución. Fue el pilar de la Monarquía en los momentos de inestabilidad política y la renovadora de la Corona en los días difíciles de la Restauración.

La Infanta Isabel y la marquesa de Nájera

'La Infanta Isabel y la marquesa de Nájera a la salida de los toros', óleo de José María López Mezquita (Gtresonline). 

Fue dos veces Princesa de Asturias. Quizá por ello tenía grabado a fuego su papel de servicio. Como hija primogénita de Isabel II, su nacimiento estuvo rodeado de máxima expectación debido, todavía, al eco de un conflicto carlista que, por segunda vez en nuestra historia, había teñido de sangre los campos españoles. Fue mujer, pero desde el momento mismo de su llegada al mundo se convirtió en la heredera legítima de su madre, la Reina. Era el año 1851 y todavía habrían de venir al mundo sus hermanas, Paz, Pilar y Eulalia, hasta que el alumbramiento de Alfonso, en 1857 la desposeyese de la dignidad de heredera de la corona. La Ley de Partidas de Alfonso X establece el derecho de primogenitura del varón sobre la hembra, por lo que el nacimiento del niño antecedería a Isabel en el derecho de sucesión. Y aunque tenía apenas seis años cuando pasó a convertirse en Infanta española nunca olvidó que su papel estaba al lado de su hermano y de los intereses de España.

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Con el estallido de La Gloriosa, la Familia Real tuvo que partir hacia el exilio. Comenzaba en España el llamado Sexenio Democrático y el consabido fracaso de los experimentos de Amadeo de Saboya y la Primera República. Isabel de Borbón, recuperaría en 1880 su condición de Princesa de Asturias cuando, restablecida la Monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII y el inicio de la Restauración, naciese su primera sobrina, Mercedes de Borbón, hija del Rey y de su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo.

Retrato de Isabel de Borbón

Retrato de Isabel de Borbón por Juan Antonio Benlliure en el Museo Municipal (Gtresoline). 

Pero si la Chata gozó siempre del cariño del pueblo y de su familia -pese al incidente con la díscola Eulalia a la que hubo de espetar eso de “Primero Infanta y luego mujer” por sus comportamientos indecorosos- también sufrió el trágico final de un breve matrimonio y la tristeza de no haber podido traer al mundo un hijo

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Para su boda con Cayetano de Borbón dos Sicilias en 1868, su madre encargó a los conocidos joyeros Mellerio, los más antiguos de París, una tiara de brillantes y perlas que recordase el movimiento de las olas del mar de su querido San Sebastián, que hoy sigue en propiedad de la Familia Real española. Sin embargo, el matrimonio sería breve debido a los problemas de salud de Girgenti y a su fatal destino. 

Fue precisamente tras quedarse viuda, cuando la Infanta Isabel comenzó a viajar por las Cortes para conocer de primera mano, el intenso ambiente cultural que se respiraba en Europa. En Baviera, de la mano de Luis II, “el rey loco”, conoció a Wagner y, al igual que su madre, la ya exiliada Reina Isabel, desempeñó un importante papel como mecenas de las artes impulsando carreras como las de Albéniz o Fernández Arbós. El conde de Morphy la apoyaría también en esta labor.

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La presencia pública de la Infanta Isabel de Borbón fue constante desde su infancia.  Espontánea y cercana con el pueblo, era también una ferviente guardiana del protocolo en Palacio. Gran deportista e incansable viajera, desde su palacio de Quintana se mantuvo como un soporte de la Monarquía durante el reinado de su sobrino Alfonso XIII. Pero vio también como toda su labor se desmoronaba. Anciana y enferma, salió de España el 15 de abril de 1931. Moriría pocos días después cerca de París. Fue enterrada en Francia, pero por orden del Rey don Juan Carlos, sus restos descansan ya en el Palacio Real de La Granja, cerca de los jardines de ese “pequeño Versalles” donde sus tertulias marcaron el final de una época.