Infantas españolas: Isabel de Borbón, 'la Chata', la más castiza

Su carácter cercano la convirtió en una personalidad popular y en la mejor 'relaciones públicas' de la Familia Real en los tiempos de inestabilidad

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


Primogénita de Isabel II y hermana de Alfonso XII, Isabel de Borbón y Borbón es la más querida de las Infantas Españolas. Nacida Princesa de Asturias, su carácter cercano y castizo, la convirtieron en una personalidad popular y en la mejor “relaciones públicas” de la Familia Real en los tiempos de inestabilidad. Amante de los toros, la caza y la hípica, fue una de las primeras mujeres en viajar en automóvil y quiso dotar a su residencia en el Palacio de Quintana, de calefacción, agua caliente y electricidad como símbolo de la modernidad que el siglo XX representaba. Viuda desde los veintiún años, hizo del servicio a la Institución el motor de una vida amorosa marcada por la tragedia.

La Chata

Retrato de Isabel de Borbón por Juan Antonio Benlliure en el Museo Municipal (Gtresoline). 

Isabel de Borbón nació en el Palacio Real de Madrid en 1851. En plena década moderada, los rumores sobre la discutible paternidad de la neófita se escuchaban en los corrillos y el apelativo de “La Arenaja” –en referencia a don José Ruiz de Arana, duque de Baena, que por entonces gozaba de los favores de la Reina- se hizo popular. La niña, Princesa de Asturias desde su nacimiento, sufrió su primer contratiempo cuando el alocado cura Merino atentó contra su madre el día de su presentación en la basílica de Atocha. En ese tiempo, Narváez, Espartero y O´Donnell se repartían el gobierno, al calor de unos pronunciamientos militares que penalizaban la nueva monarquía liberal. 

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Su hermano Alfonso, nacía en 1857 y ella pasaba a convertirse en Infanta: la más castiza de todos los tiempos. En los días de espadones, romanticismo -y los primeros ferrocarriles peninsulares- la joven Isabel encandilaba a los españoles vestida con el traje regional de los lugares que visitaba por la geografía española acompañando a la Reina. De carácter sencillo y cercano al pueblo, la “Chata”, como empezaba a ser apodada, fue una asidua a la romería de San Isidro de la Pradera y a los toros. Siempre ataviada con mantilla y clavel reventón. 

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En mayo de 1868, la 'Chata' contraía matrimonio con Cayetano de Borbón-Dos Sicilias, del destronado Reino de Nápoles (estamos en pleno proceso unificador italiano) y pasaba a ostentar el título de Condesa de Girgenti. Sin embargo, se abría para los Borbones una etapa marcada por la tragedia: los derroches en la Corte, los casos de malversación económica protagonizados por la corona y la escandalosa vida sentimental de Isabel II, traían una Revolución. Con el inicio de “La Gloriosa” toda la Familia Real partía hacia el exilio. La pareja se encontraba aún de viaje nupcial, pero parece que Girgenti no dudó en entrar en España para participar en la batalla de Alcolea y ponerse al servicio de las fuerzas gubernamentales en defensa de la Reina. Todo estaba perdido. La Infanta Isabel se estableció con su marido en un hotel en la ciudad suiza de Lucerna, pero el matrimonio quedó marcado por el fatal destino. Cayetano de Borbón, víctima de frecuentes ataques epilépticos, se suicidaba de un tiro en la sien en 1871. Isabel, quedaba viuda cuando apenas llegaba a su segunda década de vida. Jamás volvió a casarse.

La Infanta Isabel y la marquesa de Nájer

'La Infanta Isabel y la marquesa de Nájera a la salida de los toros', óleo de José María López Mezquita (Gtresonline). 

Desde ese momento asumió que su papel era velar por los intereses de la Monarquía y apostar por el restablecimiento de la Institución. Fue el respaldo para Antonio Cánovas del Castillo en sus tensiones con Isabel II, instalada a regañadientes en el parisino Palacio de Castilla. La Infanta tenía muy claro que su deber pasaba por la Restauración, en la figura de su hermano. Tras el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto, 'la Chata' acompañó a Alfonso XII a Madrid y se convirtió en una figura determinante en la nueva Corte, siempre con el fiel apoyo de su secretario el señor Coello y la duquesa de Nájera. 

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Ella marcaba las pautas y el protocolo en familia. Pero era la Infanta del pueblo. Lloró la precoz muerte del Rey y apoyó a su cuñada, la Regente María Cristina en las tareas de Gobierno. Incansable viajera, representó a la corona en innumerables actos institucionales y no dudó en viajar a Argentina en 1910, en un viaje histórico. 

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Instalada en su Palacio de Quintana, y ya con los primeros síntomas de la esclerosis que padecía, vio con escepticismo el apoyo de su sobrino Alfonso XIII a la Dictadura de Primo de Rivera y se estremeció ante la inesperada proclamación de la II República. Y aunque los nuevos mandos la autorizaron a quedarse en España, ella era una Infanta Española. Salió voluntariamente de Madrid, ya en camilla, para cruzar la frontera hacia Francia. Fallecía en París el 23 de abril de 1931.