Infantas españolas: Beatriz de Borbón y Battemberg, la abuela del mediático Alessandro Lecquio

Fue la mayor de las hijas de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battemberg y vivió la mayor parte de su vida en el exilio

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


Fue la mayor de las hijas de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battemberg. De rasgos típicamente Borbón y muy castiza, Baby salió con su familia al exilio cuando en España se proclamó la Segunda República. Era el año 1931 y tenía veintidós años. Se instaló con su padre en Roma, ciudad en la que contrajo matrimonio con el príncipe italiano Alessandro Torlonia. En la capital de Italia vivió el resto de sus días y aquí nacieron sus hijos y nietos, entre ellos el conocido Alessandro Lecquio, que llegaría a España a principios de la década de los noventa. 

Beatriz de Borbón y Battemberg

Beatriz de Borbón y Battemberg en un retrato de Philip de László.

La Infanta Beatriz nació en el Palacio de La Granja en 1909. Era la primera hija del matrimonio real que por entonces ya tenía al Príncipe de Asturias, Alfonso, y a don Jaime. En esos días, la Monarquía liberal de Alfonso XIII hacía frente a la difícil situación del protectorado en Marruecos y a las revueltas anarquistas que creaban un clima de inestabilidad social. Beatriz era morena, extrovertida y muy castiza, con un físico que en nada se parecía al de su hermana, la Infanta Cristina, vivo retrato de su madre. 

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Las Infantas pasaron una infancia feliz, repartida entre el Palacio Real de Madrid y sus veraneos en Santander, ajenas a muchos de los problemas políticos que atravesaba España. Sirvieron los intereses de la Monarquía y, como buena Infanta Española, Beatriz vistió el uniforme de Dama Enfermera de la Cruz Roja, que con tanto entusiasmo había fundado su madre, la Reina. Pero las circunstancias se precipitaron. La celebración de elecciones municipales el domingo 12 de abril de 1931, trajo la repentina proclamación de la II República y su inmediata salida de España. Beatriz lo hizo en compañía de su madre y hermanos, en la mañana del 15 de abril en coche hasta El Escorial (con parada en Galapagar de la que se conserva testimonio gráfico) y en tren, el rápido de Irún, que los llevaría directamente a Francia. Comenzaba para ella la hora del exilio. 

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La familia se instaló temporalmente en París, pero las desavenencias matrimoniales entre Alfonso XIII y Victoria Eugenia, provocaron la separación definitiva. Desde entonces, Beatriz y su hermana se instalaron en Roma con su padre. Era la Italia de Víctor Manuel III la que acogió a la Familia real española, el país en el que Benito Mussolini ejercía desde hacía una década un gobierno de marcado carácter fascista. Fue curiosamente en una casa alquilada al cantante Tito Ruffo donde primero se estableció la familia, para pasar después Alfonso XIII a fijar su residencia en el Gran Hotel. Comenzó a plantearse entonces el espinoso tema matrimonial; ¿quién contraería con las “exiliadas Infantas españolas” que además, podían ser portadoras de el “mal de la sangre” (la hemofilia)? El tema quedó zanjado cuando la Infanta Beatriz conoció a un joven alto y apuesto: Alessandro Torlonia, Príncipe de Civitella-Cesi, título de rango menor, aunque de considerable fortuna por vía americana materna, que se convirtió en su esposo. 

Abuela Lecquio

Beatriz de Borbón y Battemberg junto con su nieto Alexandro Lecquio (Gtresonline). 

El enlace se celebró en la iglesia de Jesús, lugar en el que está enterrado Ignacio de Loyola. El Rey Alfonso XIII actuó como padrino y su madre, Victoria Eugenia no acudió al enlace (como tampoco lo hizo al del resto de sus vástagos, salvo al de su adorado Juan) por posible influencia de Rosario Lácera. Pese a ello, obsequió a su hija con el collar de aguamarinas de Brasil, una de las joyas más preciadas de la Reina, que todavía se conserva en manos de la familia. En esa boda, se reencontraron Mercedes de Borbón y don Juan, que pocos meses después también se casarían en Roma. La Infanta Beatriz renunció por matrimonio a sus derechos de sucesión. Instalada en el majestuoso Palacio Torlonia en pleno corazón de Roma, acompañó a su padre hasta su muerte en 1940 y fue un importante sostén para don Juan, en las dificultades del exilio. 

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En 1950 la Infanta Beatriz regresó a España para una visita de carácter privado. Se alojó en el Hotel Ritz y la expectación que causó su llegada fue máxima. Cuentan que el mismísimo General Franco, ordenó su necesaria partida hacia Italia. Desde entonces y restablecida la Monarquía democrática en España, visitó ocasionalmente Madrid, Santander y La Granja, las ciudades en las que había pasado los días de su infancia. La Infanta Beatriz de Borbón y Battemberg falleció en Roma en 2002. Su funeral se celebró en la Iglesia de Montserrat y sus restos descansan en el panteón de la familia Torlonia, en el Cementerio del Verano.