Hideo Kojima vuelve a sorprender con su última creación, Death Stranding

Uno de los títulos más esperados del año en PS4 recibe encendidas alabanzas y críticas furibundas por igual

por Ismael Marinero /


A diferencia del cine, medio en el que el nombre de los directores supone un sello de calidad (o de todo lo contrario), en la historia del videojuego solo hay un puñado de creadores cuyo prestigio ha trascendido más allá de la pantalla del PC o de las consolas. La sola presencia de su nombre en los créditos convierte sus obras en algo distinto, esperado con ansia por sus seguidores, odiado sin compasión por sus detractores. Es sin duda el caso del japonés Hideo Kojima, creador de la saga Metal Gear, que ahora vuelve con Death Stranding, juego exclusivo de PS4 en el que ha invertido más de cinco años de producción y un presupuesto cercano a los 100 millones de dólares.

Death-Stranding

El actor Norman Reedus presta su rostro y su voz al personaje protagonista (Kojima Productions/Sony)

Su presentación en la última Gamescom ya dejó muestras de su ambiciosa propuesta, tanto narrativa como visual. El enrevesado y metafísico argumento va mucho más lejos a lo largo de las más de 40 horas del juego, pero básicamente tu cometido como Sam Porter Bridges es reconectar a los escasos supervivientes que quedan en lo que un día fue Estados Unidos tras una hecatombe de proporciones bíblicas que ha afectado a todo el planeta. Lo que queda en pie son pequeñas ciudades-estado amuralladas, completamente aisladas unas de otras, en las que la vida y la muerte han cobrado un nuevo significado.

El personaje que protagoniza la historia es un porteador acostumbrado a entregar suministros a las diferentes ciudades, arriesgando su pellejo en los peligrosos páramos, montañas y bosques norteamericanos post-apocalípticos. Cuando la presidenta le encarga que reconecte las ciudades aisladas a una red de datos, empieza una aventura que busca, según Kojima, “tender puentes entre las divisiones de la sociedad. A través de tu experiencia en el juego, espero que llegues a entender la verdadera importancia de forjar conexiones con otros”.

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Al principio todo tiene que ver con andar de acá para allá por un inmenso mundo abierto, vigilando la carga que llevamos porque afecta a nuestra capacidad de movimiento y teniendo mucho cuidado de no caer en manos de terroristas o acabar siendo víctimas propicias de otros porteadores que quieren robarnos la carga. Tampoco nos lo pondrá fácil el terreno, lleno de relieves y peligros, que hacen de cada trayecto todo un desafío. Por eso el género que más se relaciona con Death Stranding es el de “walking simulator” o "simulador de caminatas", aunque haya momentos concretos de acción o de aventura gráfica a través, sobre todo, de las misiones secundarias. Aún así, lo mejor que puedes hacer si quieres avanzar es intentar evitar a los enemigos, algo con lo que también experimentó Kojima en la saga Metal Gear.

 

A lo largo de la aventura podremos utilizar vehículos que nos faciliten la tarea, conseguir armas cada vez más potentes y construir estructuras que nos permitan llegar a sitios inaccesibles. Esto será especialmente importante en el modo multijugador. Y es que, además de la campaña, Death Stranding cuenta con un modo online en el que no se comparte la partida, pero sí el mundo en el que habita Sam Porter Bridges. De esta manera, podremos beneficiarnos de las construcciones de otros jugadores, y viceversa.

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Uno de los elementos más llamativos de Death Stranding es la participación de actores que han prestado su rostro y sus voces a los personajes principales del juego, desde el protagonista, Norman Reedus (Daryl en The Walking Dead), hasta secundarios de lujo interpretados por directores de cine como Guillermo del Toro o Nicolas Winding Refn. Además de ellos, Kojima ha contado con la participación de Mads Mikkelsen, Lea Séydoux o Margaret Qualley, cuya imagen y movimientos han sido llevados al videojuego gracias a las técnicas más avanzadas de motion capture que también utilizan grandes producciones de Hollywood.

Con juegos como Death Stranding no hay medias tintas: lo amas o lo odias. A nivel técnico es irreprochable, pero su ritmo pausado, las constantes interrupciones de secuencias cinemáticas y su ambición desmedida son capaces de generar filias y fobias en igual proporción. Eso sí, merece la pena jugarlo a fondo para descubrir lo lejos que pueden llegar los videojuegos a la hora de crear una historia tan compleja y alegórica sobre el mundo en que vivimos.