'Mujeres en la Historia': María de Toledo, virreina de las Indias

Se casó con el hijo de Cristóbal Colón, Diego, heredero de los múltiples títulos y poderes del almirante

por Daniel Arveras /


María de Toledo fue una de las mujeres de más alta alcurnia que pasaron a las Indias, pues era nada menos que sobrina del II Duque de Alba, don Fadrique de Toledo, primo del rey Fernando el Católico. Así pues, María era también familia del monarca. Su destino se unió muy pronto con aquél Nuevo Mundo recién descubierto y donde la presencia española todavía se limitaba a las Antillas. Aquella mujer iba a ser la primera virreina de las Indias. Dado su noble e influyente linaje, no es de extrañar que para ella se concertara un matrimonio con alguien que estuviera a la altura, desposándose con el hijo de Cristóbal Colón, Diego, heredero de los múltiples títulos y poderes del amirante.

María de Toledo

María de Toledo en un retrato que se conserva en el Acázar de Colón en República Dominicana.

Asi ocurió, trasladándose la pareja poco después de su boda a la isla de la Española en 1509, donde Diego iba a hacerse cargo de su gobernación en sustitución de Nicolás de Ovando, quien no recibió bien dicho cambio y tampoco facilitó el “traspaso de poderes” precisamente. A María de Toledo acompañaban una serie de doncellas y criadas de excelente reputación y educación, formando una pequeña corte femenina que fue admirada y muy bien recibida en aquellas tierras. Poco tiempo después de su llegada, María recibía una encomienda de indios que antes había pertenecido a Ovando.

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María de Toledo sutituyó a su esposo Diego Colón en las largas ausencias de éste de la Española. El motivo siempre era el mismo, los complejos pleitos colombinos que mantenía con la Corona para tratar de defender y heredar todo lo que su padre Cristóbal había firmado en su día con los Reyes Católicos. Mientras, la virreina quedaba en la isla tratando de salvaguardar el poder, autoridad y los bienes de los Colón de sus múltiples enemigos y descontentos, asunto que no le resultó sencillo precisamente dada su condición femenina y el malestar que el gobierno arrastraba desde tiempos del primer y célebre almirante.

Con varios hijos ya a su cargo, María de Toledo se quedó definitivamente sola en 1523, cuando su esposo tuvo que embarcarse de nuevo hacia Castilla. Ya no volvería a verle, pues fallecería en febrero de 1526 mientras ella trataba de lidiar con los difíciles asuntos de la Española, conspiraciones, envidias y afrentas incluidas.

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A partir de entonces sale a la luz, todavía de manera más categórica, el orgullo y carácter de aquella mujer de alto linaje. Tomó las riendas de los eternos pleitos colombinos, otorgando poderes y recabando el apoyo de los Álvarez de Toledo y de su cuñado Hernando Cólon, para defender los derechos de sus muchos hijos y en especial el de uno de ellos, Luis Colón, llamado a ser el tercer almirante de las Indias.

Alcázar de Colón

Vista general del Alcázar de Colón en República Dominicana (Martin Falbisoner / Wikimedia Commons).

Viajó a España en 1530 y la compleja maraña judicial se prolongó unos cuantos años, alternándose reveses y ganancias en un proceso que generó miles de folios y decenas de legajos. Aquella viuda batalló y reclamó en la Corte con firmeza por los derechos de sus descendientes y para asegurarles un futuro halagüeño. Así, su hijo, Luis Colón, pudo heredar finalmente el título de almirante, además de ser nombrado duque de Veragua, marqués de Jamaica, gobernador y capitán general de la isla de la Española. Al resto de su numerosa prole consiguió interesantes mercedes o casamientos, garantizándoles una buena posición.

María de Toledo es una figura clave también en el devenir de los restos de Colón y sus múltiples ubicaciones. En 1536 pidió al emperador que se le entregaran los restos de su suegro y su marido para dar cumplimiento al testamento de Diego Colón, que quería que se construyera un monasterio de Santa Clara en Santo Domingo para que allí se les diera sepultura.

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El emperador le concedió la concesión de la capilla mayor de la Catedral de Santo Domingo en 1537 para el enterramiento del genovés y sus sucesores...

“licencia y facultad para que se pueda sepultar los dichos guesos del dicho Almirante Cristóbal Colón, su aguelo, e se puedan sepultar los dichos sus padres y hermanos y sus herederos y subçesores en su casa y mayorazgo”.

Al fin, en 1544, la virreina de las Indias se embarcaba de regreso a Santo Domingo. Posiblemente fue entonces cuando con ella también viajaron los restos de los Colón, aunque en ningún documento aparezca reflejado. Enterrados en la catedral de Santo Domingo, allí permanecerían hasta 1795, cuando tras la cesión de la isla a Francia se trasladaron a La Habana y, de ahí, tras la pérdida de Cuba en 1898, volvieron finalmente a Sevilla. Tras catorce años de ausencia, María de Toledo encontró su casa y hacienda totalmente arruinadas, pues habia sufrido robos y todo tipo de saqueos aprovechando los sempiternos emenigos de los Colón sus muchos años de ausencia de la isla caribeña.

Instalada en el alcázar, el bello palacio virreinal fue testigo de sus últimos años y el lugar donde falleció el 11 de mayo de 1549. “La desdichada virreina”, como ella legó a autodefinirse, fue enterrada en la capilla mayor de la catedral de Santo Domingo, no en la misma sepultura que su esposo, sino humildemente en el suelo, tal y como ella había dejado mandado en su testamento.

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”