Reinas de España: Luisa Gabriela de Saboya, primera 'consorte' de la era Borbón

Madre de dos monarcas españoles, el efímero Luis I y el llorado Fernando VI, fue también una mujer de carácter y una Reina respetada por su pueblo

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


La primera esposa de Felipe V, fue Reina de España durante doce años. Llegó a nuestro país en 1701, convertida ya en esposa del Borbón. Desde ese momento y pese a que sólo hablaba italiano, hizo de su nuevo país el desvelo de sus intereses. Con el firme apoyo de la Princesa de los Ursinos -su “camarera mayor”- sirvió a su nueva patria y ocupó la regencia cuando los avances del Archiduque Carlos en la península, hicieron tambalearse su reinado. Luisa Gabriela de Saboya fue madre de dos monarcas españoles, el efímero Luis I y el llorado Fernando VI. Pero fue también una mujer de carácter y una Reina respetada por su pueblo. Con mano firme supo acometer las políticas de centralismo estatal que iban a marcar el tan reformista siglo XVIII.

Luisa Gabriela de Saboya

Rretrato de Luisa Gabriela de Saboya (Miguel Jacinto Meléndez). 

Su matrimonio respondió a los intereses de Estado. El testamento de Carlos II (“hechizado” y sin descendencia) dejaba la corona de España en manos del segundo de los nietos del Rey de Francia, Luis XIV: el Duque de Anjou. Su voluntad incluía también el condicionante de que, para evitar posibles rivalidades y velar por la paz en Europa, éste debería contraer matrimonio con una Archiduquesa Habsburgo. De este modo, se contrarrestarían las posibles aspiraciones austriacas sobre la corona española. 

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Las cartas parecían marcadas pero el nulo interés del Emperador en acceder al trono por una vía que no consideraba de derecho, llevó al Rey Sol a maniobrar el enlace de Felipe con la joven Luisa Gabriela, hija del Duque Víctor Amadeo II de Saboya, un pequeño estado en ese mosaico italiano, casi siempre mal avenido, clave para el desarrollo político de las grandes potencias. La niña tenía trece años y según la han descrito testimonios de la época era menuda, de pelo castaño y ojos casi negros

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La boda se celebró por poderes en la basílica de la Sábana Santa de Turín en septiembre de 1701. Comenzaba después el peregrinaje hacia tierras españolas, entrando al país por la frontera de Francia después de que una tormenta abortase su intención inicial de hacerlo por el puerto de Barcelona. Los ya esposos se encontraron por primera vez en Figueras. Felipe era rubio, de aspecto gentil, ojos claros y finos modales. Solamente hablaba francés. Desde el primer momento los jóvenes congeniaron a pesar de la negativa de la Reina a dejarle vía libre a su dormitorio. La situación –provocada por el enfado de Luisa Gabriela a causa de las interferencias del “abuelo político” en los asuntos relacionados con la servidumbre- duró tres días. Pasado ese tiempo, los jóvenes adolescentes dieron muestras continuas de enamoramiento.

Luisa Gabriela de Saboya

Luisa Gabriela de Saboya fue mujer de mando y sentido del estado (Miguel Jacinto Meléndez).

La pareja y su séquito permaneció una primera temporada en Cataluña tratando de ganar el afecto de un pueblo que parecía más inclinado a la causa del Archiduque Carlos. Todo su reinado estuvo marcado por la Guerra de Sucesión que hizo que se disputasen en España las rivalidades políticas de las potencias europeas. Luisa Gabriela tuvo en la Princesa de los Ursinos –confidente de Luis XIV que pronto hizo suya la causa de los monarcas españoles- a su más fiel confidente, sobre todo en los días en los que Felipe V marchó a Italia para asegurar las posesiones fronterizas con Austria. Luisa Gabriela inauguró personalmente las Cortes de Aragón, fue Regente de España en tres ocasiones y trasladó la Corte a Burgos, Valladolid o Vitoria, cuando las exigencias políticas de su mandato así lo exigieron. Las escasas temporadas que pasó en Madrid, residió en el palacio del Buen Retiro. Pero fue mujer de mando y sentido del estado. Los éxitos del duque de Berwick en Almansa y los triunfos españoles en Brihuega y Villaviciosa, sellaron la victoria final de la causa Borbón. La guerra terminaba y tras la firma de los Tratados de Utrech, los todavía jóvenes monarcas regresaron victoriosos a Madrid.    

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En 1711, Luisa Gabriela empezó a padecer los efectos de una “extraña enfermedad” que ni los expertos galenos traídos expresamente desde Holanda –como tampoco el pintoresco remedio de raparle la cabeza o beber “sangre de pichón”- fueron capaces de frenar. La tuberculosis había deformado el cuello y rostro de la Reina que fallecía en 1714. Sus restos descansan en el panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial. Fue un matrimonio querido por sus súbditos que, pese a sus orígenes extranjeros, se hizo español en gustos y costumbres. Felipe V nunca se recuperó de la muerte de Luisa Gabriela y desde ese momento las “crisis de melancolía” (y posterior demencia) del monarca fueron frecuentes.