La increíble historia de Sture Bergwall, el mayor asesino en serie de Europa que resultó ser inocente

Confesó 39 asesinatos y la prensa le bautizó como el Hannibal Lecter sueco. Precisamente un periodista fue quien desvelo toda la verdad: que él nunca había matado a nadie

por Tu otro diario /


Parece de película, y de hecho su historia ha sido llevada al cine, pero la vida de Sture Bergwall es real: este hombre confesó 39 crímenes, durante años se le consideró el mayor asesino en serie no solo de Suecia, sino de toda Europa, y una investigación periodística liderada por Hannes Råstam -con la ayuda de Jenny Küttim- acabó descubriendo que se lo había inventado todo y que nunca mató a nadie.

Sture Bergwall

Sture Bergwall se cambió el nombre y se hacía llamar Thomas Quick (Getty Images).

Sture fue un chico problemático. Se metía en líos y llegó a abusar de compañeros más pequeños que él en el instituto. Ya de mayor, fue a la cárcel por un chapucero atraco a un banco. También andaba involucrado en temas de drogas. Se crio en una familia extremadamente conservadora y él era gay, cosa que nunca aceptó del todo. Ese ambiente represivo y su conflictividad le llevaron a la pequeña delincuencia y de ahí a episodios más graves. Cuando cumplía condena por el atraco, pidió su traslado a una institución psiquiátrica y allí se fraguó su increíble historia.

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En el psiquiátrico de Säter había un equipo que trabajaba con psicoanálisis para ayudar a los pacientes a hacer aflorar sus recuerdos reprimidos. Bergwall, que se cambió el nombre a Thomas Quick, por primera vez en su vida se sintió importante. Obtenía las 'benzodiazepinas' y otros fármacos a los que estaba enganchado y esos doctores le escuchaban. En un momento determinado, vio cómo perdían interés en él en favor de otros reclusos con historias más complejas. Y empezó a mentir. En realidad siempre había sido un mentiroso compulsivo, pero en aquel momento hizo de ello su forma de vida.

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Sture o Thomas, como queramos llamarlo, confesó 39 crímenes horribles que, como ávido lector de prensa, sabía que habían quedado sin resolver. Nadie lo vio merodeando nunca las escenas de los asesinatos. No había ni una sola prueba física contra él. No se hallaron los cuerpos de sus presuntas víctimas. Y, sin embargo, todo el mundo (policía, jueces, psiqiatras) le creyó. Se le logró condenar por 8 de esos crímenes, que fueron juzgados en ocho tribunales diferentes. Hasta que un periodista, Hannes Råstam, se obsesionó con los cabos sueltos de sus historias... y empezó a tirar del hilo con la ayuda de su colega Jenny Küttim.

Sture Bergwall

Un fotograma de la película de Mikael Håfström que acaba de estrenarse en Suecia (Cordon Press).

Detectó errores en las investigaciones y la instrucción de los casos. Por ejemplo, se acabó desvelando que la única prueba física contra él, un resto óseo aparecido donde supuestamente había enterrado a una de sus víctimas, resultó ser de madera y plástico. Hizo varias visitas a Thomas Quick en la cárcel y, en una de ellas, ante la apabullante batería de pruebas acumuladas por el periodista se derrumbó y confesó que se lo había inventado todo. Una por una, las condenas de Quick fueron anuladas y acabó saliendo en libertad en 2013. Hoy está rehabilitado de su drogadicción, vive oculto y no concede entrevistas.

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Una trágica casualidad del destino hizo que el periodista que descubrió este enorme fraude no pudiera verle abandonar la prisión, porque en enero de 2012 Hannes Råstam falleció a los 56 años víctima de un fulminante cáncer de páncreas e hígado. Nadie fue culpado de la cadena de errores que llevó a Sture Bergwall, alias Thomas Quick, a la cárcel: la investigación que se abrió concluyó que él mismo fue culpable de la invención y exoneró a policías, jueces, fiscales y psiquiatras. Ahora se acaba de estrenar en Suecia una película ('Quick', de Mikael Håfström) sobre esta tremenda historia que es una prueba de que la realidad supera a la ficción.