'Reinas de España': Luisa Isabel de Orleans, con ella llegó el escándalo

Fue consorte del rey más efímero de la historia de España pero en esos meses revolucionó la corte con sus excentricidades, por las que fue apodada como 'la reina loca'

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


Pocas veces una corte ha sufrido tan de cerca el escándalo de una Reina descarriada. Luisa Isabel de Orleans, poco dada a la higiene y aficionada a airearse en público con un liviano camisón, llegó a España para convertirse en la esposa del efímero Luis I. Sus escasos modales, así como los trastornos alimenticios que padecían, obligaron al joven monarca a encerrarla en el Alcázar. Felipe V, escandalizado por los inadecuados comportamientos de su nuera, vivió desde su ostracismo de La Granja, la vergüenza de ver sobre su Reino los fatales estragos causados por la endogamia.

Luisa Isabel de Orleans

Luisa Isabel de Orleans, en un retrato de Jean Ranc (Museo del Prado).

Luisa Isabel de Orleans había nacido en Versalles en 1709 y pocos pensaban que esta niña de tez clara y nariz bien formada, que recibía el título de Mademoiselle de Montpensier, llegaría un día a convertirse en Reina de España. Nieta de Luis XIV de Francia, recibió una educación poco acorde con el rango que le imprimía su regia ascendencia pese a ser, en cierto grado, fruto de la bastardía (su madre María Francisca de Borbón era hija 'legitimada' del Rey, fruto de sus relaciones con Mademoiselle de Rochechouart).

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Primero en un convento y luego en los salones del parisino Palais Royal -residencia de su padre el Duque de Orleans- mostró desde su niñez trastornos de personalidad que no obstaculizaron la conveniencia de un matrimonio de provecho para la corola española. Felipe V buscaba para su primogénito, habido con su primera esposa Luisa Gabriela de Saboya ya fallecida, una relación marital que garantizase los nexos de unión con los Borbones y, sobre todo, colocase en el trono de Francia a una Infanta española.

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Las fichas estaban marcadas por el Duque de Osuna, encargado de activar la diplomacia, y mientras que María Ana Victoria, Marianina, pensaban que contraería con el Delfín cuando tuviera edad adecuada, la inestable Luisa Isabel lo haría con el apocado Príncipe Luis. La niña tenía apenas doce años cuando en 1722, contrajo matrimonio en Lerma (Burgos) con el heredero español.

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Eran los días en los que la música de Händel sonaba en palacio, comenzaba la construcción de la Plaza Mayor de Salamanca y Felipe V en uno de sus ataques de 'melancolía' decidía abdicar la corona: se retiraba con la intrigante Isabel de Farnesio al Real Sitio de La Granja y dejaba el trono de España en manos de su primogénito, que en enero de 1724 y tras ser proclamado en San Jerónimo el Real, comenzaba su reinado como Luis I. Se iniciaba un tiempo marcado por los corrillos provocados por los descontrolados impulsos de la joven Reina.

Luis I

Luis I, el rey más efímero de la historia de España, retratado por Jean Ranc (Museo del Prado).

Cuentan los cronistas que a sus trastornos de personalidad se unía una afición desmedida a corretear desnuda o en finas enaguas sin ropa interior por los jardines del Buen Retiro y que su interés en el aseo, era más bien escaso. Si a esto unimos trastornos de alimentación achacados a unas más que previsible bulimia –aunque en aquellos términos se desconociese la naturaleza médica del término- que la hacían “atiborrase de rábanos y ensalada con vinagre”, tenemos a una Reina que poco, o nada, iba a contribuir a cimentar la labor inicialmente reformista que se esperaba de su esposo, el Bien Amado.

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Esto, unido a su gusto por el vino, la cerveza o el aguardiente, hicieron de Luisa Isabel de Orleáns un personaje para la mofa. Sorprendió, no obstante, la cercanía y atenciones que tuvo con Luis I cuando este enfermó de viruelas. Permaneció junto a su lecho en las horas finales y hasta su muerte, en agosto de 1724. Tenía diecisiete años y su reinado había sido el más efímero de la historia española.

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María Luisa se contagió del mal de la piel, pero de nuevo las gestiones de la diplomacia intervendrían para alejarla ahora de la Corte. Viuda y trastornada, 'la Reina loca' volvió a París para instalarse en el Palacio de Luxemburgo donde falleció varios años después. El trono de España volvería de nuevo a Felipe V hasta que ya en 1746, su segundo hijo Fernando VI, accediese al trono y con Bárbara de Braganza, como reina consorte, protagonizase muchos de los episodios más románticos de nuestra corona.