Mujeres en la Historia: María Isidra Quintana de Guzmán y de la Cerda, 'la Doctora de Alcalá'

Estudiante precoz y de familia vinculada a la más alta nobleza, se convirtió en la primera mujer en obtener el máximo grado académico en España

por Daniel Arveras /


En esta ocasión regreso a nuestra piel de toro para escribir sobre una pionera, María Isidra Quintana de Guzmán y de la Cerda (1767, Madrid-1803, Córdoba), primera mujer que logró un doctorado en una universidad española. Es conocida como 'la Doctora de Alcalá', pues en la ciudad complutense obtuvo el título en Filosofía y Letras Humanas en el año 1785, con tan sólo 17 añitos de nada, lo que nos da una idea de su extraordinaria sabiduría. Quiero recordarles, como acertadamente apunta mi amigo Javier Santamarta en su recomendable obra 'Siempre estuvieron ellas', que la primera mujer española en alcanzar el máximo grado académico fue Juliana Morell, quien lo hizo por la Universidad de Aviñón (Francia) en 1608. Pero, en España, tal honor le corresponde a la protagonista del presente artículo.

María Isidra Quintana de Guzmán y de la Cerda

 María Isidra Quintana de Guzmán y de la Cerda fue la primera mujer en obtener un doctorado en la unieversidad en España.

Su origen, vinculado a la más alta nobleza -era hija del marqués de Montealegre y conde de Oñate y de la duquesa de Nájera y condesa de Paredes de Nava- hizo que creciera en un ambiente refinado e ilustrado propio de aquellos tiempos bajo el reinado de Carlos III. De hecho, su padre era mayordomo real del monarca y su madre era una de las damas de máxima confianza de la reina.

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Así, tuvo acceso a una amplísima biblioteca donde poder saciar su curiosidad intelectual desde muy pequeñita. Lo leyó todo y lo estudió todo, dejando claro que su precoz sapiencia merecía los más altos vuelos, incluso los todavía impensables en aquellos tiempos. Su dominio de la lengua castellana, de otros idiomas y de casi todas las disciplinas, causaban asombro y admiración entre quienes tenían conocimiento de semejantes virtudes en la adolescente María Isidra. Su fama se iba extendiendo y llegó al propio director de la Real Academia de la Lengua, el marqués de Santa Cruz, quien impulsó su admisión a tan prestigiosa institución.

“La Academia, informada de los extraordinarios progresos y adelantamientos de esta Señora en la eloqüencia y en las lenguas y particularmente en la castellana, sin embargo de no haber habido hasta ahora exemplar semejante, en atención a las expresadas circunstancias y al mérito personal que de ellas resulta a dicha Señora, acordó admitirla y efectivamente la admitió con uniformidad de votos por Académica Honoraria”.

Tenía tan sólo diecisiete años y suponía algo inédito, ya que ninguna mujer había sido miembro de la RAE desde su fundación en 1713. Cierto es que fue nombrada académica honoraria y no de número, pero el mérito de la jovencita María Isidra de Guzmán y de la Cerda era incontestable.

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No quedaron ahí sus ansias de saber ni su fulgurante carrera. Ella quería ir a la universidad, hasta entonces vetada a las mujeres. Dadas las extraordinarias cualidades de la joven María Isidra, su noble ascendencia y el apoyo incondicional de sus influyentes padres, el propio monarca Carlos III conminó al rector para que fuera admitida. Así, el conde de Floridablanca, secretario de Estado, escribía el 23 de abril de 1785 al rector en este sentido y añadía… 

“… que se confieran a esta Señora por la Universidad de Alcalá los grados de Filosofía y Letras humanas, precediendo los ejercicios correspondientes”. 

Con gran expectación, María Isidra se examinó el 5 de junio de aquél mismo año de 1785 en el reconvertido salón de actos de la antigua iglesia del colegio de Jesuitas de Alcalá de Henares. El examen se conserva en latín y, para que se hagan una idea, aquella mujer sin par respondió a preguntas sobre griego, latín, francés, italiano, español, retórica, mitología, geometría, geografía, filosofía, lógica, teosofía, psicología, física, tratado sobre los animales, tratado sobre los vegetales, sistemas del orbe, esfera armilar y ética. Impresionante, sin duda.

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Placa dedicada a su figura en Alcalá de Henares (Daniel Arveras). 

Por supuesto, tan excelsa dama superó con creces todas las disciplinas y al día siguiente, con gran solemnidad, expectación, público distinguido, música y repique de campanas, María Isidra Quintana de Guzmán y de la Cerda realizó el juramento, se le impuso el bonete de doctora, se le entregó la medalla conmemorativa, un retrato y recibió su título. El Archivo Histórico Nacional nos detalla cómo era…

“El título original se puso en vitela fina iluminada, en forma de libro en quarto con forro de terciopelo azul; y colgante con dos cordones de seda el sello oxande de esta Universidad gravado en cera colorada dentro de una caja redonda de plata sobredorada.”

Sin haber cumplido siquiera los dieciocho años, fue nombrada además catedrática honoraria de Filosofía Moderna, consiliaria perpetua de la Universidad y también examinadora de cursantes filósofos. Convertida en toda una celebridad, a los pocos días ingresaba en la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País y, meses después, lo hacía como socia de mérito en la Sociedad Económica Matritense. En todos estos casos fue pionera, la primera mujer…

Firma María Isidra

Firma de María Isidra  Quintana de Guzmán y de la Cerda en una carta suya custodiada en el Archivo Nacional de Historia (Daniel Arveras).

Su matrimonio en 1789 con el marqués de Guadalcázar, supuso su traslado a Córdoba, donde nacerían sus cuatro hijos. Su vida se tornó familiar y alejada de la Corte. Murió muy joven, con apenas 35 años de edad. Sin ruido ni boato desaparecía una de las máximas “luces” que brilló por sus extraordinarias capacidades y conocimientos en la segunda mitad del siglo XVIII. Una inigualable mujer que se codeó con ilustrados de postín como el mismísimo Jovellanos, quien apreció y admiró de veras a “la Doctora de Alcalá”. 

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”.