Reinas de España: María Amalia de Sajonia, con ella se armó el belén

Congenió bien con el Rey Carlos III, con quien vivió un matrimonio feliz

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


Princesa sajona, alta, de tez muy blanca, afinados rasgos y complejo carácter, ocupó desde muy joven el corazón de Carlos III. Reina de Nápoles durante casi dos décadas (1737-1759) y de España apenas un año (1759-1760), importó a nuestro país costumbres italianas que, como el nacimiento de Navidad, estaban llamadas a tener un importante arraigo entre los españoles. Fumadora, aficionada a la música, el carnaval, la pesca y la caza, no vivió lo suficiente para llegar a ver la Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro que, bajo su inspiración, había comenzado a instalarse en Madrid. No dominaba el español, odiaba la lluvia y las relaciones con su suegra -la ya anciana Isabel de Farnesio- no siempre fueron buenas.

María Amalia de Sajonia

María Amalia de Sajonia, en un retrato al óleo de Raphael de Mengs perteneciente al Museo del Prado (Gtresonline).

Nunca pensó el destino que la niña Maria Amalia, fuese un día a convertirse en Reina de España. Nacida en Dresde, capital del reino Sajón, en 1724, se educó en una corte de gustó francés que miraba con recelo las costumbres de Versalles. Hija del Rey de Polonia y elector de Sajonia, tenía pocas papeletas de llegar a ceñir el trono de los Borbones, pero la diplomacia de Felipe V en su firme deseo de no quedar sometido plenamente a los dictados de Francia -la Guerra de Sucesión le había enfrentado al Archiduque Carlos en sus pretensiones al trono y los Sajonia eran una rama secundaria de la Casa de Austria- la iban a convertir en firme candidata para desposar al hijo tercerón del monarca español, que por entonces reinaba en Nápoles como Carlos VII.

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Su enlace, como era costumbre en la época, iba a responder a necesidades políticas. Carlos, de ojos saltones y monumental nariz apenas medía metro y medio, y tenía veintidós años cuando se concertó su matrimonio con la joven princesa Sajona. La boda se celebró por poderes en 1738 -suponía la reconciliación de los Borbones con el mundo germánico- y contra lo que venía siendo costumbre en la época, fue un matrimonio feliz. Los Reyes congeniaron bien: dormían en la misma habitación y compartían lecho, cuestión poco habitual en esos tiempos. Era frecuente que María Amalia acompañase a Carlos en sus jornadas de caza o en las veladas de gusto rococó que se organizaban en sus palacios de Caserta o Nápoles. Entre ellos hablaban francés, Carlos no conocía el alemán y ella no manejaba el italiano, aunque esto no fue obstáculo para que pronto comenzase a llegar una copiosa descendencia, de género mayoritariamente femenino.

La familia de Felipe V

Con su marido Carlos III, en un fragmento del cuadro 'La familia de Felipe V', de Van Loo, en el Museo del Prado (Gtresonline).

En esos días en los que el movimiento ilustrado teñía de conocimiento el orbe europeo, venía al mundo el ansiado hijo varón sano de la pareja, con el nombre de Carlos (futuro Carlos IV, el de la “familia” de Goya). Sin embargo, el destino entraría como un vendaval en la serena vida del matrimonio regio.

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En España acababa de fallecer el monarca Fernando VI, hijo de Felipe V y Luisa Gabriela de Saboya, su primera esposa. Era por tanto hermanastro de Rey de Nápoles. Carlos se convertía en su heredero y sucesor, por lo que tuvo que renunciar al Reino napolitano, que quedaba en manos de su hijo Fernando, de apenas ocho años. Carlos III tomaba así las riendas de una España en la que los aires del saber y la razón, comenzaban a inundar el viejo impero hispano.

Los nuevos monarcas atracaron en el puerto de Barcelona. Era el año 1759. Comenzaba un nuevo periodo, un tiempo de transformación y reformas en el que la Reina tendría que “compartir” presencia con su suegra, la ya anciana Isabel de Farnesio quien siempre había ejercido de reina gobernante. Los choques de poderes nunca fueron buenos. Ambas reinas convivieron temporalmente en La Granja y Aranjuez, puesto que aún estaba sin terminar el nuevo Palacio Real que se estaba construyendo en Madrid sobre los restos de un antiguo Alcázar. A Amalia se le agrió el carácter y cuentan las crónicas que, en esos meses de tensiones, su trato con el servicio no fue bueno. 

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Pero una repentina tuberculosis terminaba con la vida de Amalia de Sajonia apenas un año después de su llegada a España. Tenía treinta y siete años. Carlos III nunca volvió a contraer matrimonio. Permaneció viudo y fiel a la memoria de su esposa hasta su muerte en 1788.