Pagar el autobús 'por la cara': Madrid empieza la fase de pruebas del pago facial

Un proyecto piloto de la empresa de transportes madrileña implementa el reconocimiento facial para acceder al autobús

por Ismael Marinero Medina /


El reconocimiento facial sigue en constante expansión, no solo en China y Estados Unidos, también en España. Sus posibilidades son inmensas, las suspicacias que despierta, también. Y es que, lo que podría suponer un avance en los métodos de pago y de identificación de personas, tiene el potencial de convertirse en un método de control y pérdida de privacidad de los usuarios. Un proyecto piloto nacido de la colaboración entre Mastercard, Banco Santander, la Empresa Municipal de Transportes de Madrid y la startup británica Saffe presentado la semana pasada pretende utilizar el pago facial como alternativa al pago en metálico en los autobuses madrileños.

EMT pago facial

Una tablet con un software de reconocimiento facial identifica a los usuarios y posibilita el pago (EMT).

A partir de noviembre y durante seis meses, de forma gradual, un centenar de usuarios podrán probar este nuevo método de pago en una línea de autobús todavía por determinar. El sistema, a primera vista, es muy sencillo. En primer lugar, habrá que descargarse una aplicación en el móvil, en la que introducir los datos bancarios y hacerse un selfie para empezar a utilizar el pago biométrico.

Una vez dentro del autobús, solo tendrán que mostrar su rostro a una tablet con cámara de reconocimiento facial que les permitirá validar, a la vez, la identificación y la autenticación, es decir, la compra de billete y el pago del mismo en un solo gesto. En teoría, eso serviría para agilizar la entrada en el autobús, aunque quedan detalles por pulir: si el pasajero no está bien situado y la cámara no lo reconoce a la primera, puede tardar varios segundos en hacer un segundo y hasta un tercer intento.

RELACIONADO: Amazon asegura que Rekognition, su sistema de reconocimiento facial, puede detectar el miedo

El proyecto, que de momento servirá para estudiar las posibilidades del método y decidir sobre su posible implantación en un futuro, forma parte del laboratorio de innovación Madrid in Motion, en el que participan numerosas empresas privadas, startups y el propio Ayuntamiento de Madrid con el fin de mejorar y adaptar los transportes públicos a las tecnologías más novedosas.

El Gran Hermano te vigila

Todo lo que rodea a la tecnología del reconocimiento facial sigue incitando polémicas y sospechas, especialmente las noticias procedentes de China, donde miles de cámaras en las principales ciudades del país vigilan cada paso de sus ciudadanos y se han convertido en un elemento de control social. La última información procedente del gigante asiático es que un método similar al que pretende implantar la EMT ha empezado a funcionar en el metro de Shenzen, una de las urbes más tecnológicas del mundo.

Otra noticia reciente es la campaña iniciada por el colectivo en pro de los derechos digitales Fight for the Future y varios músicos, entre ellos Tom Morello de Rage Against the Machine, en contra de la utilización de sistemas similares que grandes empresas como Ticketmaster o Live Nation pretenden poner en marcha para controlar el acceso a conciertos y festivales. Grandes eventos como Cochella o Lollapalooza también se han unido a la campaña y aseguran que no permitirán el reconocimiento facial en sus respectivas ediciones de 2020.

RELACIONADO: Más noticias sobre Tecnología

La intención de Blink Identity, proveedor de la tecnología, es acabar con las colas sustituyendo la entrada física por la identificación biométrica, lo que también permitiría, al menos en teoría, eliminar la posibilidad de reventa. El problema es que es una empresa que ha elaborado proyectos para vigilancia estatal y que colabora con el Departamento de Defensa de Estados Unidos en Asia Occidental. Además, aseguran desde Fight For the Future, la tecnología no es cien por cien fiable y puede conducir a identificaciones erróneas, deportaciones de inmigrantes ilegales o para atentar contra la intimidad de los asistentes a los conciertos.