Zao: la aplicación china que vuelve a poner en boca de todos la privacidad

Esta aplicación es capaz de cambiar el rostro del usuario en cualquier vídeo

por Juan Antonio Marín /


El deepfake es una de las últimas tecnologías de reconocimiento facial que están revolucionando la industria del entretenimiento. Uno de los usos más conocidos fue el de conseguir que la actriz Catherine Fisher pudiera aparecer en el episodio VIII de la saga Star Wars. Muchas de sus escenas estaban rodadas, sí, pero en otras tuvo que ser incluida de manera digital. La última app en subirse al carro de esta tecnología ha sido Zao, una app china capaz de convertir a cualquiera en Leonardo Di Caprio.

Zao App

Cámara de grabación (Unsplash).

Aunque, remontándonos un poco hacia el pasado, la primera app con una tecnología similar que se popularizó entre los usuarios fue FaceApp. Pocos usuarios se resistieron a probarla este verano y, los que lo hicieron, seguramente recibieron su propia foto -o la de algún conocido- en su versión anciana.

Sin embargo, esta aplicación entrañaba bastantes riesgos para la privacidad de los usuarios. El primero, y más evidente, el derecho a la intimidad, dado que cualquiera puede coger una foto de otra persona y subirla a la app.

Inteligencia artificial para pasar el rato

Gracias al uso de inteligencia artificial, estas aplicaciones son capaces de envejecer rostros, pero también de realizar complejos cálculos y para ello el sistema pide plenos poderes sobre esa imagen.

Esto supone que el usuario deja de tener el control sobre ella en el momento en que descarga la app y acepta los términos y condiciones, donde se explicita que las imágenes podrán ser cedidas a terceros.

Zao, la nueva FaceApp

Es aquí donde Zao hace su aparición. Aprovechando el tirón de FaceApp, esta nueva aplicación permite a los usuarios intercambiar, de manera bastante convincente, sus rostros con personajes de películas o televisión.

 

Su gran precisión a la hora de alterar fotogramas en movimiento la ha convertido en viral, con millones de descargas en los últimos meses (en China, ya que la aplicación de momento no está disponible fuera de este país). Sin embargo, esta tecnología vuelve a estar en el punto de mira por sus posibles malos usos.

Los usuarios proporcionan una serie de selfies en los que parpadean, mueven la boca y hacen expresiones faciales y la aplicación utiliza para transformar de manera realista la imagen animada de la persona en películas o programas de televisión.

 

Selfies que, de nuevo, se suben a servidores propiedad de la desarrolladora china, que cuenta con una política de privacidad que permite derechos "gratuitos, irrevocables, permanentes, transferibles y relicenciables" a todo el contenido generado por el usuario.

Preocupación por el deepfake

La preocupación por las aplicaciones de este tipo va más allá de la privacidad y es que este tipo de vídeos pueden usarse para manipular, por ejemplo, vídeos políticos, como ya ha ocurrido en Estados Unidos con la presidenta del congreso o, la más sonada, con el fundador de Facebook, Marc Zuckerberg.

Como siempre, la tecnología no es peligrosa en sí, pero sí que lo es el uso que puede hacerse de ella, como bien explica la serie Black Mirror. La polémica está servida.