'Reinas de España': María Luisa de Parma, moda española y adiós a los guantes en la Corte

Apasionada y temperamental, fue la primera soberana en apostar por la industria nacional de la moda

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


Más allá de sus amoríos con Manuel Godoy, el nombre de María Luisa de Parma ha pasado a la historia por su felina rivalidad con la Duquesa de Alba. Es la retratada por Goya en la 'Familia de Carlos IV': María Luisa 'la fea', la de la 'dentadura de madera' a la que sus diez abortos y catorce partos desdibujaron una estilizada figura de juventud. Pero María Luisa de Parma fue también la primera de nuestras soberanas en apostar por la industria de la moda española: solo vestía tejidos valencianos, encajes de Almagro y abanicos madrileños. Prohibió el uso de guantes en las ceremonias de la Corte para convertir sus esculpidos brazos desnudos en todo un signo de identidad. Apasionada y temperamental, es una de las Reinas más vilipendiadas de nuestra historia.

María Luisa de Parma

Retratada por Francisco de Goya en este óleo perteneciente a la Colección Tabacalera (GTresonline).

María Luisa era nieta de Felipe V, aunque también de Luis XV de Francia, por parte materna. Nacida en Parma en 1751 en un tiempo en el que Versalles marcaba el ritmo de las Cortes en Europa, esta rama de Borbones italianos aspiraba a ejercer de bisagra en los matrimonios regios. La describen como despierta y geniuda, con poca afición a los estudios, aunque de delicada inclinación hacia las artes. Mengs la retrató risueña, con ojos oscuros, alta, erguida y muy rococó. Una imagen que dista mucho de la vulgar estampa que se tiene de María Luisa.

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Cuando apenas tenía trece años, comenzaron a pensar en ella para desposarla con el también joven –e ingenuo- Carlos, heredero al trono español y primogénito de Carlos III. La boda se celebró por poderes y María Luisa llegaba a España en 1765 convertida en Princesa de Asturias. Mucho se ha comentado sobre las infidelidades de alcoba de la pareja, la debilidad del pueril esposo y los aires engolados de la parmesana.

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Durante cerca de dos décadas, ocuparon su puesto como sucesores a la Corona con tiempo para la conspiración, la trama y -sobre todo- para la rivalidad con la otra “gran dama” de su tiempo: Cayetana de Silva Álvarez de Toledo, Duquesa de Alba. Su enfrentamiento por el corazón y los favores de Juan Pignatelli, se convirtió en pasto de corrillos cortesanos. Tendría que aparecer en escena la apabullante figura de Manuel Godoy –hasta la fecha un simple guardia de corps- para que la soberana se cegase ante cualquier otra presencia varonil.

María Luisa de Parma

María Luisa, en un cuadro de Antonio Carnicero que puede verse en la Diputación Foral de Vizcaya, en Bilbao (GTresonline).

Corría el año 1788 y Carlos IV era proclamado Rey. Acababa de fallecer su padre, el ilustrado Carlos III. María Luisa se convertía en Reina. La de Parma tenía cinco hijos y había sufrido una decena de abortos. En esos días, la Revolución arrollaba a la Monarquía en Francia y las hordas jacobinas amenazaban con el terror en la frontera. Pero ni los intentos de los veteranos Floridablanca o Aranda, ni el fervor guerrero del “Príncipe de la Paz” (Duque de la Alcudia y demás catarata de reales distinciones con las que Godoy fue obsequiado por la Corona) consiguió mermar la amenaza bonapartista.

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El desastre de Trafalgar contra los ingleses fue la puntilla. Pero María Luisa disfrutaba de sus casitas de recreo aun teniendo que hacer frente a las conspiraciones que su hijo, el inefable Fernando –Príncipe de Asturias- urdía contra sus progenitores. La invasión francesa estaba cerca y nuestra Familia Real era ya pasto de Emperador. Atrás quedaban los bailes en la corte y los posados para el genio de Fuendetodos. Tras el Motín de Aranjuez, Carlos IV y Maria Luisa -acompañados por su fiel Godoy- partían hacia Bayona para protagonizar uno de los episodios más deplorables de nuestra historia.

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En España comenzaba la Guerra de la Independencia (1808-1814). La Real pareja nunca volverá a España y jamás se reencontró con su hijo Fernando. Los ancianos Reyes se instalaron en el Palacio Barberini de Roma. Allí terminará sus días la que fue una de las Reinas más intrigantes de nuestra historia; María Luisa 'la fea', la de aspecto falso y malvado de quien un día llegó a decir Napoleón que se asemejaba 'a una momia'. La nuera recelosa y madre distante. La vilipendiada por el pueblo y admirada por su Rey.

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María Luisa fallecía a comienzos de 1819 a los sesenta y nueve años. Su viudo, Carlos IV apenas le sobrevivirá unos días. Fernando VII reinaba ya en España en un tiempo en el que el liberalismo se abría paso en un país devastado por la Guerra. Se marcaba el fin de una era, la liquidación del Antiguo Régimen en el que María Luisa había sido, la última soberana.