'Reinas de España': Julia Clary, la Reina que jamás pisó suelo español

La esposa de José I Bonaparte permaneció en Francia durante el tiempo en el que España se batía en armas contra el invasor

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


Fue Reina de España entre 1808 y 1814. Pero nunca pisó suelo español. Julia Clary, la esposa de José I Bonaparte permaneció en Francia durante el tiempo en que el país se batía en armas contra el invasor. Madre de dos hijas, las Infantas Zenaida y Carlota, soportó desde la distancia las continuas infidelidades de su esposo. Hermana de Désirée, Reina de Suecia, es uno de los personajes más desconocidos de nuestra historia, pese a ser la cuñada favorita del Emperador Napoleón.

Julia Clary

Julia Clary, retratada junto a su hija Zenaida por Robert Lefevre (Museo de Versalles/Cordon Press).

Julia Clary no pertenecía a la realeza. Ni siquiera a la nobleza. Había nacido en Marsella en el seno de una familia dedicada al comercio del tejido. Era la mayor de las hermanas y a la pequeña, Desirée, le tendría destinada la historia un futuro prometedor. Pero faltaba todavía más de una década para que los aires revolucionarios vinieran a subvertir el orden absolutista en Francia y de paso, en el resto de Europa. Un joven artillero de ascendencia corsa –la isla de Córcega acababa de incorporarse a la Monarquía Borbónica- comenzaba a despuntar en la escena militar en los días en los que la Revolución liquidaba a Luis XVI y a la impopular María Antonieta.

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Napoleón Buonaparte –luego afrancesaron el apellido- recaló en el boyante puerto francés en compañía de su hermano mayor, el ya diplomático José, a la sazón mentor del segundo en las cuestiones políticas como miembro del Consejo de los Quinientos. Ambos quedaron embelesados ante la desenvoltura de las hermanas Clary que habían recibido una esmerada educación dentro de los cánones de una emergente burguesía. Napoleón traicionaría su amor por Désirée en aras de un matrimonio más provechoso, pero José se comprometía con Julia. El matrimonio, una ceremonia civil como se estilaba en la Francia jacobina, se celebraba en la Provenza en 1794.

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Julia era bajita y de ojos oscuros. Prudente y de tez pálida, según testimonio de la Duquesa de Abrantes. Poco dada al oropel que se instaló en el recién instaurado Imperio Francés, asistió como el resto de la familia a la pomposa coronación de Napoleón en Notre Dame. Su cuñada, Josefina, estaba radiante. Había llegado la hora del reparto de Europa y de inaugurar una nueva dinastía. Luis reinaría en Holanda, Jerónimo lo haría en Westfalia y a José –quizá el más instruido como heredero del pensamiento ilustrado- le tocaría el trono de Nápoles. Solo Luciano quedó fuera de la adjudicación, penalizado por las críticas al autoritarismo del nuevo Emperador.

Julia Clary

La Reina con sus dos hijas, en un retrato de François Gérard (Galería Nacional de Irlanda/Wikimedia Commons).

Julia acompañó a José en su destino italiano. Pero cuando un nuevo movimiento de fichas lo convertía por obra y gracia de Napoleón –y la debilidad de los nefastos Carlos IV y Fernando VII en Bayona- en Rey de España, Julia permaneció en Francia. Era el año 1808 y el castillo de Mortefontaine se convertía en el hogar para ella y sus dos hijas. París se movía al calor de los salones de madame de Staël y las modas que Josefina imponía en la Corte. España era para muchos un país atrasado, dado a las reliquias y costumbres ancestrales. La Corte de José I en Madrid no fue bien recibida.

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Los mariscales Soult, Sebastiani, Dalberg o Béssieres eran los personajes del momento siempre acompañados por la célebre Teresa Montalvo, condesa de Jaruco, cuyo salón de la calle Clavel reunía a la flor y nata de los afrancesados. Meléndez Valdés, Goya o el poeta Quintana eran asiduos a estas citas en los días en los que la guerrilla del cura Merino o el Empecinado se batía en armas contra el invasor francés. Muchos esperaron a Julia, pero está nunca llegó. Ni siquiera, tras la exitosa campaña de Andalucía en la que el propio José se puso al frente de las tropas y llegó a las puertas de la ciudad de Cádiz.

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Era el año 1810 y estaban a punto de inaugurarse las Cortes que darían la primera Constitución. Tras los éxitos en Vitoria y San Marcial, 'Pepe Botella', como se conocía a José I, abandonaba España y se refugiaba en Francia en los brazos de su esposa. Tras la caída de Napoleón en Waterloo (Bélgica), José Bonaparte se exilió a Estados Unidos, de nuevo sin la compañía de su mujer. Ella se quedó en Europa, entre Frankfurt y Bruselas, como condesa de Survillers, viviendo de la venta de muchas de sus joyas y bajo la protección de Bernadotte. Julia Clary falleció en Florencia en 1845. Sus restos descansan en la Basílica de la Santa Croce. Al igual que María Tudor –esposa de Felipe II- nunca pisó el suelo sobre el que un día fue Reina.