La curiosa cláusula del testamento del patriarca de Volkswagen que debe cumplir su viuda... o adiós herencia

Ferdinand Piëch falleció el 25 de agosto. Deja a su viuda y sus 12 hijos de cuatro mujeres distintas un patrimonio de 5.000 millones de euros y acciones valoradas en otros 35.000 millones

por Tu otro diario /


Atado y bien atado. Así es como dejó Ferdinand Piëch en 2010 el destino de su tremenda fortuna para el día en que él falleciera. Con 12 hijos de 4 mujeres distintas, la obsesión del multimillonario patriarca de Volkswagen era que sus ingentes bienes, valorados en 5.000 millones de euros más otros 35.000 millones en acciones, no fuesen diseminados primero y luego despilfarrados. Para ello, dictó testamento y nombró heredera a su mujer, Úrsula, que debe cumplir una curiosa condición: no puede casarse de nuevo o perderá todo derecho sobre la herencia. Cuando ella fallezca, los hijos de Ferdinand (tres en común con ella) deberán ponerse de acuerdo para poder vender.

Ferdinand y Úrsula Piëch

Ferdinand y Úrsula Piëch (Getty Images).

El dueño de la firma alemana falleció el pasado 25 de agosto a los 82 años y ahora será Úrsula, 'Uschi', como él la llamaba, quien tomará las riendas de Volkswagen y disfrutará de su herencia siempre que no vuelva a casarse. La fortuna queda distribuida en dos fundaciones Ferdinad Karl Alpha y Ferdinand Karl Beta, que ella controlará hasta su muerte. En ese momento, el destino de sus bienes pasará a manos de sus 12 hijos, que no podrán tomar ninguna decisión sobre ellos si 9 de los 12 no alcanzan un acuerdo.

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Ferdinand era un niño tímido y disléxico del que se burlaban en el colegio. Cuando creció, aquel pequeño se convirtió en un exitoso empresario que logró amasar una ingente fortuna en el negocio familiar de automoción. Hoy, los Piëch son una de las familias más acaudaladas de Europa. Pero Ferdinand tuvo también una convulsa vida sentimental. Se casó en primeras nupcias con Corina Piëch, con quien tuvo cinco hijos. La abandonó para vivir un apasionado romance con la mujer de su primo Gerard Porsche, Marlene Mason, con quien se acabó fugando y que le dio otros dos hijos, aunque nunca se casaron. Ya eran siete vástagos.

Ferdinand y Úrsula Piëch

La mujer de Ferdinand debe cumplir la cláusula que su difunto marido estipuló (Getty Images).

Ferdinand dejó seis años después a Marlene por Herma Hutter, con quien tuvo otros dos hijos y con la que tampoco se casó. Para encargarse de su numerosa prole, Ferdinand Piëch puso un anuncio en el periódico. Buscaba una niñera. Y así apareció en su vida Úrsula en 1982. Era educadora infantil y logró el trabajo para cuidar a sus hijos, más tarde se convirtió en su amante y, en 1984, en su mujer hasta el fin de sus días. Tuvieron juntos tres hijos más. Vivieron una vida alejada de los focos de la prensa sensacionalista alemana y no se prodigaban en fiestas o eventos públicos.

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La historia de la dinastía familiar es otro verdadero culebrón. Ferdinad Piëch es nieto de Ferdinand Porsche, que privó a su propio hijo del timón de Porsche para dárselo a su yerno, Anton Piëch, padre del recién fallecido patriarca de Vokswagen. Eso desató una guerra en la familia que llegó a las manos en una cena navideña en la que los primos se liaron literalmente a puñetazos. Para aplacar las iras, años después se estableció en los estatutos de Porsche que ningún familiar ostentase cargos directivos en la compañía, así que Ferdinand Piech se marchó y trabajó con gran éxito para Mercedes y luego para Audi hasta que recaló en Volkswagen y la rescató de una bancarrota que parecía inevitable.

Ferdinand y Úrsula Piëch

El matrimonio no solía prodigarse en eventos, por lo que su presencia despertaba gran expectación (Getty Images). (Getty Images).

En 2012, la disputa familiar quedó -no sabemos si definitivamente- cerrada con una jugada maestra por parte de Piëch: el nieto del fundador de Porsche compró un porcentaje de las acciones de la compañía de coches de lujo que permitía a Volkswagen asegurarse el control sobre Porsche. La venganza se sirve fría.